Abde.jpgAbdelali Soto

Durante años se pensó que la brecha digital se resolvería con más computadoras, más conectividad y más habilidades tecnológicas. Hoy sabemos que el problema es mucho más profundo. La desigualdad digital no es solo un asunto de acceso a dispositivos o internet; también refleja desigualdades históricas entre mujeres y hombres.

Desde la política pública se reconoce que las desigualdades rara vez desaparecen por efecto de un cambio tecnológico. Lo contrario suele ocurrir casi siempre, es decir, que las innovaciones amplifican brechas ya existentes.

La transformación digital que ocurre hoy en día no se desarrolla en un vacío social, sino que surge en una realidad donde persisten desigualdades económicas, educativas y de cuidados que influyen directamente en las posibilidades de acceso a una mejor vida. En ese sentido, la brecha digital reproduce desigualdades que se intersectan con el género, el territorio, el nivel educativo y los cuidados.

Las mujeres, especialmente aquellas que viven en contextos de pobreza o en zonas rurales, enfrentan barreras simultáneas: menor autonomía económica, menor acceso a dispositivos tecnológicos y, sobre todo, menor disponibilidad de tiempo debido a la distribución desigual del trabajo doméstico y de cuidados.

En México persisten diferencias de acceso y uso de tecnologías de la información entre mujeres y hombres. Mientras que entre los primeros el 84.1% utiliza internet, en el caso de las mujeres es el 82.3% (INEGI, 2024a).

Esta brecha se vuelve más evidente con la expansión de la inteligencia artificial (IA). Diversos estudios muestran que las mujeres utilizan menos estas herramientas que los hombres (OCDE, 2022). Si pensamos que los algoritmos de estas tecnologías se alimentan a partir de la interacción con las personas, es de suponer que, entre menos mujeres las utilizan, menos aprenden estos sistemas sobre sus contextos y necesidades, reproduciendo estereotipos presentes en los datos con los que fueron entrenados.

Investigaciones sobre modelos de lenguaje han encontrado que con frecuencia se asocia a las mujeres con roles de cuidado o fragilidad, mientras que vinculan a los hombres con liderazgo, poder o acción. En 2025, una investigación realizada en doce países encontró que más de la mitad de las respuestas generadas por sistemas de IA describían a las jóvenes como “frágiles” (LLYC, 2026).

Las implicaciones no son solo simbólicas. La OCDE advierte que la automatización y la IA pueden afectar de forma desigual a las mujeres en el mercado laboral, especialmente en sectores con mayor presencia femenina, como servicios, administración y educación.

A esto se suma otro factor: las mujeres siguen estando subrepresentadas en los equipos que diseñan, desarrollan y supervisan sistemas de IA. Menos mujeres participando en estas decisiones significa menor diversidad de perspectivas en el desarrollo tecnológico.

Además, persiste la violencia digital. El acoso en línea, los discursos de odio y las agresiones en plataformas afectan la participación pública y profesional de muchas mujeres y niñas en entornos digitales. Se estima que, durante 2024, el 22% de las usuarias de internet en México sufrieron ciberacoso (INEGI, 2024b).

Cerrar la brecha digital con perspectiva de género no es solo un reto tecnológico. Es un desafío más amplio. La transformación digital ofrece oportunidades enormes para la economía y el desarrollo. Una ciudadanía digital igualitaria requiere que las mujeres no solo usen tecnología, sino que formen parte de su diseño y definan también su futuro.

Para lograrlo se requieren políticas públicas que promuevan habilidades digitales para niñas y mujeres, mayor acceso a tecnología en comunidades rurales y más mujeres participando en ciencia, innovación y toma de decisiones tecnológicas del país y de Coahuila. Solo así la transformación digital podrá ser incluyente.

Al final del día, el debate sobre la IA no se reduce a quién usa la tecnología.
La verdadera pregunta es quién la diseña, quién la regula y quién decide hacia dónde avanza.

 

Fuentes

INEGI (2024a) Encuesta Nacional sobre disponibilidad y uso de la Información en los hogares (ENDUITH,2024)

INEGI (2024b) Módulo sobre Ciberacoso (MOCIBA) 2024

LLYC. (2026, 4 de marzo). El espejismo de la IA, un reflejo incómodo con alto impacto en los jóvenes. Recuperado de https://llyc.global/espejismo-de-igualdad/

 

La autora es Comisionada de Asuntos Legislativos y Género de El Colegio de Economistas de Coahuila, A.C.