Rubén Aguilar Valenzuela
La visita apostólica del papa León XIV a Francia inició el 25 de septiembre y terminó el 28 de septiembre de 2026. El domingo 27 de septiembre se reunió con los obispos de la Conferencia Episcopal de Francia, en el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes. Aquí destaco nueve temas del texto que el papa leyó durante la reunión con los obispos:
– «La historia de la Iglesia en Francia es rica, inmensamente rica. Es hermosa y fecunda; y es importante recurrir a ella para construir el futuro de sus comunidades, así como el de su país. La Iglesia ha sido testigo, e incluso ha contribuido a la progresiva edificación de esta nación; hoy en día sigue, en gran medida, formando parte de su cultura, de su identidad y de su vocación en favor del mundo. Por eso, la palabra de la Iglesia tiene su lugar en el debate público en Francia; posee, por naturaleza, una autoridad profética».
– (…) ustedes viven bajo un régimen de laicidad muy particular, fruto de una historia agitada, hoy apaciguada, pero que debe permitir a la Iglesia cumplir su misión (…) Los invito a mantenerse vigilantes para defender la libertad y los derechos de la Iglesia a evangelizar, a educar en la verdadera libertad y a practicar públicamente el culto, para que, de manera visible, se pueda ejercer la caridad en nombre de Jesucristo.
– Lo que el Señor les ha concedido a ustedes, católicos de Francia, Hija primogénita de la Iglesia, es, en efecto, motivo de acción de gracias: una sucesión ininterrumpida de santidad que llega hasta nuestros días; el florecimiento de las artes, las letras y las ciencias bajo el impulso de la fe y la acción del Espíritu Santo; una maduración irreversible de la conciencia del valor inalienable de la persona humana, de su dignidad y de la necesidad de proteger sus derechos y libertades; sin olvidar ese formidable impulso misionero que ha dado fruto hasta los confines del mundo.
– Ayer, en París, mencionamos el signo alentador del catecumenado, que incumbe mayoritariamente a los jóvenes adultos. Es una gracia y una alegría para todo el Pueblo de Dios. Es importante que se preocupen por acompañar esta gracia, en especial a través de la acogida en comunidades vivas que practiquen la caridad y vivan la solidaridad; y mediante una sólida enseñanza doctrinal arraigada en la Palabra de Dios que les permita hacer frente a las objeciones y las dudas.
– En el contexto actual, ustedes se enfrentan a algunos retos importantes. El de la educación, que reviste una importancia primordial (…) La educación es una misión especialmente amplia que abarca múltiples ámbitos de la vida. Me gustaría mencionar simplemente el de la enseñanza católica, cuyo «carácter propio» se ve cuestionado en estos tiempos. Es motivo de alegría que los centros de enseñanza católica estén ampliamente abiertos a quienes no comparten nuestra fe.
– En los últimos años, ustedes han afrontado con determinación la dolorosa lacra de los abusos a menores cometidos por miembros del clero o en el contexto eclesial. Han adoptado medidas valientes para hacerle frente, a través de la escucha, la búsqueda de la verdad, la justicia, el perdón, la reparación y un compromiso firme a favor de una cultura de la prevención y protección frente a estos delitos (…) Es necesario continuar por el camino emprendido, manteniendo la máxima vigilancia.
– Me parece importante mencionar también el lamentable descenso de las vocaciones a la vida consagrada, en particular a la vida contemplativa. He recibido con dolor la noticia del cierre, reciente o inminente, de antiguas y prestigiosas comunidades monásticas que han tenido una gran influencia a lo largo de la historia.
– Sin duda, la profundización y consolidación de la vida de fe en el seno de las familias es una clave que permitirá resolver muchas de las crisis que atraviesan la Iglesia y nuestras sociedades. En efecto, es en el seno de las familias donde se aprende a convivir, a respetar al otro, a aceptar la diversidad, a apoyarse mutuamente, a ser generosos, a entregarse desinteresadamente y a tener espíritu de sacrificio. Quizá este sea el principal reto al que debemos enfrentarnos: ¡Que Jesús viva plenamente en las familias católicas de Francia y las ilumine con su presencia!.
– A estos retos se agrega otro que puede provocar cierta inquietud de cara al futuro: el de la unidad (…) La Iglesia en Francia es un pequeño rebaño que debe unir sus fuerzas para la misión. Las divisiones ideológicas harían vano su testimonio. Siempre ha habido tensiones en la historia de la Iglesia, pero cuando se manifiestan, es entonces cuando podemos apreciar aún mejor el don de la unidad (…) Se trata de una unidad dinámica que se nutre de la Tradición de la Iglesia —desde los Padres hasta el Concilio Vaticano II— y del Magisterio posconciliar. Además, se enriquece en el diálogo recíproco, partiendo de la fe, según un estilo sinodal que intentamos profundizar en los últimos tiempos».