Screen

Profile

Direction

Menu Style

Cpanel

28Febrero2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

Marcos Durán Flores

Marcos Durán Flores

URL del sitio web:

Domingo, 04 de Agosto de 2013 21:47

Fotografía 51

A lo largo de la historia existen fotografías que han cambiado su curso, otras que han inspirado a generaciones enteras y otras más que han denunciado lo trágico y mortal que pueden resultar los conflictos armados.

Ahí para la memoria colectiva, está la fotografía de Robert Capa en el momento justo de la muerte del miliciano anarquista Federico Borrell García, durante la Guerra Civil española. Otras más denuncian las atrocidades de las guerras como en Vietnam cuando Eddie Adams captó la ejecución de Bay Lop, miembro del Viet Cong. Una más fue captada por el fotógrafo vietnamita Huynh Công Út con la imagen de la niña Kim Phuc huyendo desnuda del infierno del napalm lanzado por el ejército de los Estados Unidos. Huynh Công Út obtuvo incluso el Premio Pulitzer gracias a este trabajo periodístico.

Entre las fotografías que han inspirado a miles, están las de Alberto Korda a Ernesto “Che” Guevara, una imagen que ha recorrido el mundo y ahora se le encuentra por millones tanto en murales, camisetas y libros o la del fotógrafo inglés Lain Macmillan retratando a cuatro jóvenes cruzando la avenida Abbey Road en Londres en la famosa portada de uno de los mejores álbumes de los Beatles.

Pero ninguna de ellas se compara en importancia y trascendecia como la fotografía 51 tomada por la biofísica y cristalógrafa inglesa Rosalind Franklin, una científica cuyo trabajo e investigación condujo a la comprensión de la estructura del ácido desoxirribonucléico, el ADN, que contiene el secreto de la vida

El ADN es la molécula que guarda y transmite por generaciones, la información biológica de un organismo. El ADN contiene toda la información genética de un ser vivo y una serie de características morfológicas y fisiológicas. Cada uno de nosotros contiene un ADN único y, aunque existen rasgos que nos identifican con nuestra familia o nuestra raza, ni uno solo de los más de cien mil millones de personas que han vivido en este planeta a lo largo de la historia tiene o va a tener el mismo ADN y no habrá jamás nadie igual a usted.

Ahí reside la importancia de la fotografía y el trabajo científico de Rosalind Franklin, una físico-química que obtuvo el grado de doctorado en la Universidad de Cambridge en Inglaterra, quizás el mejor centro de estudios superiores del mundo y que trabajando en el laboratorio con entonces técnicas de difracción de rayos-X, obtuvo la famosa fotografía de la doble hélice del ADN que llevó a los científicos James Watson, Francis Crick y Maurice Wilkins a obtener el Premio Nobel de Medicina en el año de 1962, un suceso considerado como el más formidable evento científico de la historia moderna.

Franklin por sí misma estuvo muy cerca de resolver la estructura del ADN e incluso ha existido por años un acalorado debate en la comunidad científica por considerarse que Maurice Wilkins, entonces su compañero en el laboratorio jamás dio a Rosalind Franklin el crédito, pues el artículo que publicaron él y Crick en la revista Nature no hacía referencia al origen de la información.

Hace unos días la companía Google honró a la científica Rosalind Franklin publicando como imagen central de su buscador, la imagen de esta mujer cuyos descubrimientos permitieron conocer la estructura del ADN. La científica ha sido conocida como “la mujer que no obtuvo el Premio Nobel” por su participación en este suceso. Lamentablemente al momento de ganar el Nobel, ella ya había muerto a causa del cáncer que adquirió con mucha seguridad por la constante exposición a la radiación y el Premio no se otorga jamás post-mortem.

La fotografía 51 es una radiografía borrosa que muestra una cadena de ADN extraído de un tejido de una pantorrilla humana y que mostraba de una vez por todas la estructura de doble hélice de ADN, algo que nos hace únicos e irrepetibles.

Así que si hoy o alguno de estos días siente que no soporta a alguno de lo seres humanos que le rodean, téngale un poco más de paciencia y recuerde la frase de otro gran científico, el astrofísico Carl Sagan: “En la perspectiva cósmica cada uno de nosotros es precioso. Si alguien está en desacuerdo contigo, déjalo vivir. No encontrarás a nadie parecido en cien mil millones de galaxias.”

Domingo, 28 de Julio de 2013 20:39

Del cielo al infierno

El pueblo tzotzil ha vivido por siglos en el sureste de México y la mayor parte de ellos lo hace en el estado de Chiapas. Viven entre valles, montañas y cerros de belleza indescriptible en poblados que llegan a superar los 2700 metros sobre el nivel del mar. Se les conoce como el Pueblo de las Nubes o del Cielo.

El tzotzil es un pueblo cuyas tradiciones van desde el parto donde las mujeres paren a sus hijos arrodilladas asistidas aún con comadronas. Los hombres tienen la responsabilidad de cuidar su milpa ayudados por los niños varones y muchas veces trabajan en fincas cafetaleras y de maíz mientras que las niñas deben ayudar en las labores del hogar y a tejer prendas de vestir.

Los tzotziles eligen a sus autoridades mediante sus usos y costumbres en donde integran funcionarios sin goce de sueldo. En cuanto a la religión, han sido expuestos a cinco siglos de colinización cristiana en cualquiera de sus expresiones llámese catolicismo, evangélicos, testigos de Jehova, mormones y un largo etcétera.

Decididos a mantener sus tradiciones ancestrales, muchos de los tzotziles aún creen en titanes que sostienen el mundo en sus cuatro puntos cardinales y afirman que cuando uno de esos llega a cansarse y se mueve de su posición, la tierra sufre un terremoto. Pero la modernidad que brama por mas y mas conquistas no descansa e insaciable ha querido alcanzar también a los tzotziles a quienes está empujando para que bajen de allá de su cielo y desciendan acá abajo a los infiernos.

Y es que tras 500 años de colonización, los pukujes (demonios) del pueblo tzotzil han casi logrado expulsarlos de las montañas para que convivan con nuestros propios dioses, santos y demonios. Así con el chulel (alma) a cuestas, los tzotziles han debido bajar de las nubes para buscar algo de comida e intentar sostener a sus familias porque allá arriba en la montaña han sido corridos por nuestros pukujes (demonios) que en este caso son los terratenientes, el crimen organizado o los grupos que los explotan para llevar a hombres, mujeres y en especial a niños a trabajar en las calles de nuestras ciudades.

Uno de esos es, Feliciano Díaz Díaz el niño que sufrió el abuso de un funcionario público la semana pasada en el estado de Tabasco. El caso cobró notoriedad luego de un video que circuló en las redes sociales donde el inspector de comercio ambulante aparece humillando al menor, despojándolo de tres cajetillas de cigarros y obligándolo a tirar los dulces al suelo. Ese día, el menor llegó a la zona peatonal donde Juan Dieglo López Jiménez empleado del área de Reglamentos del Ayuntamiento del Centro en ese estado, abusó de su autoridad y a pesar de que lo hizo el funcionario es deleznable, existe otro fondo que se oculta tras el delito del funcionario público que debe pagar un castigo ejemplar.

Detrás de este caso está la pobreza eterna de los niños indígenas de México y la explotación que sufren todos los días ya sea vendiendo chichles o cigarros, empacando bolsas en los supermercados, cosechando en los campos del norte de México o muchos de ellos en la industria de la construcción, sufriendo la suerte del padre al que acompañan en busca del sustento. Pero estos corren con suerte, porque otros han tenido que enfrentarse a las redes de prostitución o del crimen organizado que los narcoexplotan no para que vendan chicles o cigarros sino marihuana y cocaína.

Pero necesitaríamos de millones de videos en las redes sociales para descubrir lo que está a la vista de todos. En México se explota laboralmente a más de 300 mil niños indígenas y en total a 3.6 millones de niños mexicanos, aunque a nosotros solo nos indigna lo que se publique en facebook o twitter pues nos permite opinar, aunque sin llegar a la acción. Nos deja indignarnos sin llegar al compromiso, porque dar un like en facebook o ser un agudo crítico en twitter, es más fácil que dejar de comprar y explotar también por desconocimiento o comodidad.

Feliciano Díaz Díaz, es un indígena tzotzil, un niño que fue expulsado por la miseria para bajar de su pueblo en las nubes y el cielo y comprobar que acá abajo, en la civilización “moderna” está el verdadero infierno.

Domingo, 21 de Julio de 2013 23:34

¿Ciencia o creencia?

Fue durante una examen médico de rutina que a Steve Jobs, el genio creador de la empresa Apple le detectaron cáncer de páncreas. Los medicos le recomendaron operarse pues la detección temprana le daba amplias posibilidades de éxito pero la respuesta del presidente de la compañía con sede en Cupertino fue inesperada: decidió utilizar un tratamiento que consistía en medicina alternativa, dieta vegetariana y acupuntura. Un año después con el cáncer extendido por todo su cuerpo, optó por operarse pero era demasiado tarde. Steve Jobs, el hombre que había dedicado su vida al desarrollo del conocimiento científico y la tecnología, siguió creencias que impidieron quizás salvar o extender su vida.

La semana pasada se conocieron los resultados de la Encuesta sobre la Percepción Pública de la Ciencia y la Tecnología en México 2011, elaborada por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía para conocer el grado de involucramiento de los mexicanos en ciencia y tecnología, y con ello poder diseñar nuevas políticas públicas sobre esos rubros. El estudio se aplicó en 3 mil 200 viviendas distribuidas en 32 áreas urbanas de México y sus resultados revelan los graves retrasos que por siglos venimos arrastrando como nación: 7 de cada 10 mexicanos confían más en la fe, en la magia y en la suerte que en la ciencia. Pero hay más: uno de cada dos considera que los investigadores "son peligrosos" y que el desarrollo científico genera una vida "artificial y deshumanizada"; un 40 por ciento creen en los poderes síquicos y para una alarmante mayoría las limpias, la homeopatía y la acupuntura son opciones para aliviar las enfermedades y casi 30 por ciento de los encuestados cree que existen números de la suerte y que los objetos voladores no identificados (ovnis) son vehículos espaciales de otras civilizaciones.

En cuanto a los conocimientos generales sobre ciencia y tecnología, los resultados son decepcionantes: Muchos mexicanos creen que los primeros humanos vivieron en la misma época que los dinosaurios; una parte señala que la Tierra da la vuelta al Sol en un mes y uno de cada tres encuestados asegura que el sonido viaja más rápido que la luz. Y es muy preocupante darse cuenta que confundidos y siguiendo los dictados de sus creencias, millones de mexicanos pongan en riesgo su salud física y mental al escuchar y seguir a personas que dicen predecirles su futuro y en otros casos al encomendarse a figuras y santos esperando recibir los milagros que el Dios de sus creencias puede otorgar a través de la ciencia. Un ejemplo contundente, ha sido el crecimiento de la expectativa de vida en el País que no se debe a milagros o creencias, se debe simplemente a la ciencia en este caso la médica pues en 1930, los mexicanos vivíamos en promedio 33.9 años y hoy nuestra esperanza de vida es de 76.9 años.

Las tradiciones, las creencias y la vida espiritual de pueblos y personas deben conservarse y respetarse. Pero problemáticas como la salud, contaminación ambiental y otros conflictos sociales, deben ser resueltos con base en el conocimiento científico. ¡Cuanta razón tuvo el científico inglés Thomas Henry Huxley, uno de más férreos defensores de la teoría de la evolución de Darwin cuando dijo que "El nacimiento de la ciencia no fue la muerte de la superstición"!

Este desconocimiento científico, ha permitido que charlatanes disfrazados de curanderos, síquicos, supuestos brujos, santeros y hechiceros lucren con la ignorancia de millones de mexicanos que depositan su confianza en ellos para sanar enfermedades del cuerpo y del espíritu. Parece increíble que hoy en pleno año 2013 en México las creencias están aún por encima de la ciencia, un elemento que puede transformar y mejorar nuestro entorno. Es cierto que la religión y la fe pueden ayudar a muchas personas a reconfortar y dar fuerza al espíritu pero con eso no se salvan vidas ni se llega al desarrollo. Con una gran crudeza, el filósofo alemán Friedrich Nietzsche dijo que la "fe es no querer saber la verdad" y tenía razón: la luz de una veladora, no logrará jamás los efectos de la luz de un equipo de radioterapia.

Domingo, 07 de Julio de 2013 21:02

¿Estamos solos?

Nuestra soledad cósmica ha sido desde siempre, una de las grandes dudas de la humanidad. Y es que la idea, la sola interrogante nos hace pensar en nuestro enorme vacío, reafirmando que la soledad es como dijo el poeta Octavio Paz, el hecho mas profundo de la condición humana. Por eso, muchos prefieren seguir con la duda: ¿Estamos solos en el universo?.

Tan vasto, eterno e infinito es el universo, que se cree sus límites estén ubicados a 46,500 millones de años luz y que en toda su inmensidad existan cerca de 100 mil millones de galaxias cada una de ellas con millones de planetas con posibilidades de tener elementos como carbono, nitrógeno, oxígeno, azufre y fósforo e incluso aquí, a la vuelta de la esquina, Marte pudo albergar vida microbiana. Además, descubrimientos frecuentes de nuevas galaxias con planetas y sistemas solares similares al nuestro, nos animan y nos dan esperanza de encontrar vida allá arriba porque como afirmó el gran físico Stephen Hawking “La raza humana, necesita un desafío intelectual pues le resulta aburrido ser Dios y no tener nada que descubrir”.

En estos esfuerzos por encontrar algo o a alguien, la ciencia trabaja con telescopios espaciales como el Kepler que orbita alrededor del Sol y que nos ha permitido detectar sistemas solares y planetas candidatos de tener las condiciones para desarrollar vida. Además el Instituto SETI, una organización científica que se dedica desde hace décadas a la búsqueda de inteligencia extraterrestre teniendo a su disposición el uso de enormes radiotelescopios como el de Arecibo. Sume a eso, las sondas espaciales Voyager I y II que salieron de la tierra en 1977 y siguen viajando por nuestra Vía Láctea recorriendo ya más de 18 millones de kilómetros con un disco de oro conteniendo fotografías, sonidos y un mensaje grabado por el mismo Carl Sagan, dirigido a cuanto ser inteligente se les cruzara en el camino. A esta búsqueda, se unen todos los días con su trabajo astrónomos y científicos todos con el mismo resultado: Nada. No disponemos de pruebas que acrediten si existe o existió vida en algún sitio fuera de este mundo.

Por lo contrario, los reportajes, películas, blogs y libros realizados siempre por curiosos y simpáticos investigadores, han pretendido que creamos absurdas teorías y ridículas hipótesis, basados siempre en cuestionables argumentos y borrosas fotos y videos de OVNIS y extraterrestres que de acuerdo a ellos, han viajado millones de años luz con el solo propósito de observarnos pero sin contactarnos y claro sin dejar un solo rastro o prueba de su existencia.

En la década de los cuarenta, el científico y Premio Nobel de Física Enrico Fermi, planteó una paradoja basada en si existen miles de millones de planetas capaces de albergar vida, si en algún lugar del universo la vida evolucionó y existen civilizaciones avanzadas y si como se dice las probabilidades de que existan son tan grandes y tal y como suponemos el vasto cosmos en toda su inmensidad debería o tendría que existir vida inteligente, Fermi preguntaba: ¿Dónde están?, ¿por qué no tenemos ninguna prueba? O mejor dicho, ¿por qué no están aquí?.

Las respuestas que pueden ser muchas y van desde que posibles civilizaciones no se han contactado, porque al igual que nosotros no disponen de la tecnología para hacerlo; o tal vez no les interese hacerlo o porque quizas estan tan lejos que les resulta imposible vernos, escucharnos o mucho menos venir a visitarnos pues a un vehículo viajando a la velocidad de la luz le tomaría 100 mil años para apenas salir de nuestra vía láctea.

Pero tal vez, la respuesta a la “Paradoja de Fermi”, está en el “Principio de Ockham”, según el cual cuando dos teorías en igualdad de condiciones tienen las mismas consecuencias, la teoría más simple debe ser la correcta. Esto podría interpretarse en que basados en la evidencia científica disponible, si no hemos observado o encontrado nada es por una razón muy sencilla: No hay nada ni a nadie a quien encontrar. De ser así y una vez convencidos de que estamos irremediablemente solos y de que es éste el único mundo en donde ha florecido la vida, arrodillémonos ante el universo y veneremos su infinita oscuridad.

Domingo, 23 de Junio de 2013 20:27

1984

Ni aún el escritor George Orwell en su libro “1984”, imaginó que algún día se crearía la “policía del pensamiento” y que gracias a la tecnología sería posible escuchar y leer todo lo que la gente dice. Ni aún “El Gran Hermano”, el personaje central y dictador del ficticio país de Oceanía, tuvo acceso a tal cantidad de información obtenida gracias un extraordinario plan para vigilar las acciones de todos y de todas en aras de la seguridad.

Eran las postrimerías de la segunda guerra mundial en 1949, cuando Orwell publicó su  novela 1984, en donde nos presentaba un país totalitario que controlaba cada aspecto de la vida de sus habitantes, incluídos sus pensamientos. Oceanía estaba regida por un grupo que se hace llamar “El Partido”, institución que buscando una “sociedad ideal” termina afectando los derechos individuales de sus ciudadanos.

1984, es una obra en donde Orwell advierte sobre los terribles peligros que los propios humanos hemos creado y consentido en la búsqueda del orden y la seguridad. En Oceanía, los ciudadanos se habían convertido en esclavos de su gobierno. Estaban seguros, pero esclavizados pues el “Gran Hermano” todo lo ve y todo lo escucha.

Desde hace unas semanas se ha desatado uno de los más grandes escándalos en la historia de las agencias de seguridad e inteligencia de los Estados Unidos. La Agencia de Seguridad Nacional, la NSA por sus siglas ha estado monitoreando las comunicaciones entre los EE.UU. y los extranjeros a través de Internet y las llamadas telefónicas durante casi una década en un proyecto llamado Prism. Algunas de las mayores empresas de Internet y telefonía, desde Apple a Google a Yahoo, Facebook, Verizon y muchas más están involucradas. Jamás se informó a nadie ni se solicitó la autorización de alguna autridad judicial ni mucho menos a los millones de personas cuyas voces y mensajes han sido grabados y revisados por la Agencia de Seguridad Nacional.

La NSA actuando como el “Gran Hermano” del libro de Orwell, ha tenido medios para supervisar y controlar las comunicaciones y el Internet para defenderse del terrorismo internacional. Al desatarse el escándalo, los que están a favor de estas prácticas aseguran son necesarias y que gracias a ellas se han logrado desactivar muchas amenazas. Incluso afirman que de haberse realizado este espionaje a gran escala, se hubieran evitado los ataques del 11 de Septiembre de 2001. Sus argumentos han sido rematados con un “Tu no puedes tener 100% de seguridad con 100% de privacidad y tener 0% de inconvenientes”. La vigilancia a todo y a todos es necesaria para prevenir y lograr la seguridad se ha convertido en su máxima tesis.

Pero por otra parte, los defensores de las libertades civiles dicen que el secreto de las comunicaciones juega un papel crucial en una sociedad libre y democrática. No están en contra de la vigilancia a personas relacionadas o susceptibles de cometer actos terroristas pero hasta ahí. Lo demás acusan, raya en un estado totalitario que tiene por sospechosos a todos sus ciudadanos. Advierten que en las manos de gente si escrúpulos, la información obtenida de la vigilancia masiva es una poderosa arma de cualquier gobierno, empresa o institución y citan el caso Watergate con Nixon renunciando acusado de espiar a sus adversarios políticos.

Como Winston Smith, uno de los personajes principales del libro “1984”, el exagente de la NSA Edward Snowden, ha develado toda esta trama de espionaje. Él ha sido la fuente de las revelaciones de los archivos de la NSA publicados por los periódicos “The Guardian” y el Washington Post. Snowden es contundente al decir: “No quiero un mundo en donde se grabe todo lo que digo o hago”. Para el gobierno, Edward Snowden es un traidor. Para sus defensores es quién ha puesto en evidencia a un gobierno que actúa a espaldas de los ciudadanos. Hace casi 250 años, Benjamin Franklin, uno de los más grandes hombres de su tiempo dijo: “Cualquier sociedad que renuncie a un poco de libertad para ganar un poco de seguridad, no merecen ninguna de las dos cosas”. Desconozco si el inventor del pararrayos tenía razón, pero lo cierto, es que nunca imaginamos lo peligrosa que puede llegar a ser nuestra seguridad.

Domingo, 16 de Junio de 2013 20:12

La casa de atrás

Eran los días previos a la ocupación alemana cuando caminando por las calles de Amsterdam, Otto encontró el regalo perfecto de cumpleaños para su hija Ana que cumpliría años en unos días más. Pocos días después, justo en el día de su aniversario un 12 de Junio, le entrego el diario a su hija y tras recibir el regalo, Ana sintió  que por fin había encontrado el modo perfecto para expresar ahí los días y las horas de una vida que al final resulto corta. Sin perder más tiempo Ana  escribió su primera nota: “Espero poder confiártelo todo, de un modo como no he podido hacerlo hasta ahora con nadie, y espero que seas un gran apoyo para mí".

Ana era una niña judía, que vivió sus primeros años en la ciudad de Frankfurt, Alemania y cuya personalidad y carácter feliz, quizás ayudaron un poco a paliar su soledad. En su diario al que ella llamaba Kitty, se encuentran cartas, pensamiento y aparecen como con cualquier adolescente, menciones de romances, discusiones familiares así como la vida cotidiana en Amsterdam, ciudad observada a través de una pequeña ventana cubierta con una cortina que dejaba ver a esta niña de escasos 13 años los rostros de una localidad que sucumbía. Y es que cuando la amenaza nazi se cernía ya sobre la ciudad y la persecución judía alcanzó a la familia Frank, se escondieron junto a otras dos familias atrás de una sección vacía del edificio propiedad de su padre. Así vivieron dos años en una especia de autoencierro intentando escapar del holocausto. Pero a pesar de vivir una vida en reclusión, Ana se aferra a ser una niña normal que narra su su diario la vida y las penurias que sufre junto a su padre Otto, su madre Edith y su hermana Margot.

Ana Frank dejó constancia de sus experiencias vividas en ese desván y tras la guerra su diario fue publicado por su padre, el único sobreviviente de los campos de concentración. El libro primero llevo el nombre de “La casa de atrás” pero muy rápido la voz popular le conoció como “El diario de Ana Frank”. Se trata de uno de los relatos más conmovedores de alguien, una niña que como testigo principal da testimonio del delirio a que llegó el mundo por los nazis.

En su diario, Ana describir pasajes de la guerra y revela opiniones incluso de carácter político intentando comprender como era posible que la humanidad viviera uno de los pasajes más oscuros en la historia, solo porque el mundo adulto no tuvo la valentía para detener a tiempo Hitler, a quién muchos se siguen preguntando porque no se le detuvo en 1933, cuando se dibujaban ya sus políticas de odio y destrucción. Las señales se presentaron y nadie hizo caso y los resultados son de sobra conocidos, eso debió y deberá ser siempre una alerta para todos. ¿Usted ha visto esas señales?.

Pero a pesar de su corta edad, en el “Diario de Ana” se observa a una niña que acepta y reconoce sus defectos e intenta aprovechar sus virtudes. Con una madurez notable, en uno de sus últimos relatos, cercana ya la hora en que fueron traicionados y entregados a la Gestapo, un 15 de julio de 1944 Ana Frank escribe: “Asombra que yo no haya abandonado aún todas mis esperanzas, puesto que parecen absurdas e irrealizables. Sin embargo, me aferro a ellas, a pesar de todo, porque sigo creyendo en la bondad innata del hombre. Me es absolutamente imposible construirlo todo sobre una base de muerte, miseria y confusión”.

Finalmente, en lo ultimo que alcanzó a escribir Ana Frank en su diario, denotaba ya la desesperación del encierro así las contradicciones de una adolescente que observaba pasar la vida entre cuatro paredes mientras el mundo entero se derrumbaba: “Querida Kitty: Ya no puedo soportarlo: sigo buscando la manera de llegar a ser la que tanto querría ser, lo que yo sería capaz de ser, si... no hubiera otras personas en el mundo. Tuya, Ana. Al final de todo, y tras ser trasladados a los campos de concentración, Ana, su madre y su Hermana Margot murieron en los campos de concentración nazi. Su padre que alcanzó a sobrevivir, vivió el resto de su vida honrando la vida de su familia y en especial de Ana Frank cuya vida se puede resumir en una de sus frases: “Podrán callarnos, pero no pueden impedir que tengamos nuestras propias opiniones.”

Lunes, 03 de Junio de 2013 08:56

Nunca más

En plenitud de sus 99 años de edad murió Ernesto Sábato, extraordinario Físico-Matemático pero aún mejor escritor. Hace un tiempo, mi entrañable amigo Federico Garza Ramos, tenaz defensor de la Laguna y de los derechos humanos me obsequió el libro “Diálogos Borges-Sábato” con las conversaciones entre dos argentinos universales que separados por un tiempo a causa de la política se reencontaron años después para hablar de la literatura, las matemáticas, los sueños, la realidad, Dios y por supuesto del tango.

Fue Ernesto Sábato, quien hace 30 años presidió la Comisión Nacional de Desaparecidos, creada tras la dictadura criminal de Jorge Rafael Videla. El resultado fue el “Informe Sábato” de donde surgió el libro “Nunca Más” que documentó la desaparición de 8 mil 960 argentinos que de un día a otro pasaron a formar parte de una categoría aterradora: los “desaparecidos”, condición tétrica y fantasmal dice Sábato pues no estaban muertos o encarcelados: Estaban simplemente desaparecidos.

El prólogo del “Informe Sábato”, es conmovedor: “Durante la década del 70 la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda. Este fenómeno que ha ocurrido en muchos otros países. Así aconteció en Italia, que debió sufrir la despiadada acción de las formaciones fascistas y de las Brigadas Rojas. Pero esa nación no abandonó los principios del derecho para combatirlo, y lo hizo con absoluta eficacia, mediante los tribunales ordinarios, ofreciendo a los acusados todas las garantías de la defensa en juicio”.

Al respecto, Sábato relata que en ocasión del secuestro y asesinato del primer ministro italiano Aldo Moro, un miembro de los servicios de seguridad sugirió al general Carlo Dalla Chiesa, Jefe de la fuerza antiterrorista, torturar a un detenido que disponía de  información del caso, a lo que éste respondió con palabras memorables: “Italia puede permitirse perder a Aldo Moro. No, en cambio, implantar la tortura”.

No fue así en la Argentina, a los delitos de los terroristas, las Fuerzas Armadas respondieron con un terrorismo infinitamente peor que el combatido, porque contaron con el poderío y la impunidad del Estado absoluto, secuestrando, torturando y asesinando a miles de seres humanos.

En México, hasta hace poco tiempo desconocíamos las proporciones de esta catástrofe humana atribuida en su mayor parte a las guerras intestinas entre grupos del crimen organizado que en su locura arrasan con todo a su paso. Y es que tras analizar muchos de los perfiles de los desaparecidos, se vuelve irresponsable decir que todos estaban coludidos con criminales y a pesar de que lo estuvieran, el estado mexicano y la sociedad nos hemos dado instrumentos legales para castigar a la delincuencia.

En este reconocimiento del problema, como primer paso para enfrentarlo y establecer mecanismos de búsqueda, la autoridad nacional dio a conocer en febrero pasado que entre 2006 y 2012 los desaparecidos llegaron a la escalofriante cifra de 26 mil 121 personas. A estos agregue los 11 jóvenes del bar Heavens After de la ciudad de México.

En Coahuila donde esta semana se llevará a cabo el “Foro Internacional sobre Desapariciones Forzadas e Involuntarias en México” evento donde se abordaran las experiencias internacionales sobre el tema, se ha reconocido con responsabilidad la desaparición de 1,088 personas. Conozco a muchas de sus familias y he podido observar sus rostros anochecidos por el dolor y el duelo permanente. Se de sus desvelos y de sus días eternos, se de sus suplicas por no ser condenados al olvido. Ellos buscan el sosiego para sus almas haciendo todos los días la misma pregunta: ¿Dónde están?. No les demos la espalda, mucho menos los olvidemos.

 

Mario Benedetti les dedicó a los desaparecidos de Argentina un bello poema del cual transcribo algunos de sus versos: “Están en algún sitio concertados, desconcertados, sordos, buscándose, buscándonos, bloqueados por los signos y las dudas, contemplando las verjas de las plazas, los timbres de las puertas, las viejas azoteas ordenando sus sueños, sus olvidos quizá convalecientes de su muerte privada”.

Domingo, 02 de Junio de 2013 22:20

El adiós a un militante

Él también soñó con la utopía socialista que en 1516 describió Tomás Moro en su libro “Del estado ideal de una República en la nueva isla de Utopía” y que siglos después retomaron Marx y Engels en su “Manifiesto del Partido Comunista”. Era el mismo sueño que empezó a propagarse por el mundo tras la Revolución bolchevique de Octubre de 1917 y que intentaron llevar a la práctica Lenin y Trotsky.

Ellos consideraban al socialismo como una necesidad ineludible, como la opción humanista de combatir al capitalismo exacerbado y propusieron que la socialización de los medios de producción podría asegurar el máximo bienestar posible para el mayor número de personas posibles. La igualdad en la propiedad y la distribución equitativa del ingreso se volvía necesaria ante las condiciones de desigualdad imperantes y que creían que con este modelo se alcanzaría lograr la liberación del hombre por el mismo hombre.

Ese fue el sueño que persiguió toda su vida Don Arnoldo Martínez Verdugo, dirigente histórico del Partico Comunista Mexicano que falleció la semana pasada. Gran parte de su vida la dedicó a edificar la izquierda en México en los años de la prohibición, en los tiempos en que se perseguía, encarcelaba, asesinaba y desaparecía a sus militantes. La época en que si el Presidente visitaba Coahuila, la policía los recluía ilegalmente hasta que pasara la visita como tantas veces hicieron con mi Abuelo José Guadalupe Durán.

Desorganizada, la izquierda en México lograba pocos espacios de expresión e incluso en la elección presidencial de 1976, no se reconoció a Valentín Campa, ni uno solo del millón de votos obtenidos pues el PCM no contaba con registro. Tras esto, Don Arnoldo se dedicó con paciencia de relojero a reconstruir el partido uniendo a las diversas corrientes de izquierda, muchas de ellas radicalizadas en movimientos como el Partido de los Pobres en Guerrero, o la Liga 23 de Septiembre en el norte de México.

Alejado del culto a la personalidad que gusta tanto a figuras políticas no solo de izquierda, fue gracias a él, que hoy algo que todos damos por sentado como es la aceptación oficial de las expresiones políticas de izquierda, por muchos años no lo fueron y se requirió su talento político para lograrlo al ser pieza clave de la reforma política de 1979 que supuso la aceptación oficial del PCM y que en las elecciones legislativas de ese año alcanzó 18 escaños.

Tres años después y con el propio Martínez Verdugo como candidato presidencial en las elecciones de 1982, hubo aún que luchar con las inercias de la prohibición. Sin publicidad, equipo de campaña y los recursos económicos que hoy maneja los partidos políticos, recorrió México en una campaña en condiciones adversas. La policía seguía encarcelando a los militantes comunistas por causas tan graves como las “faltas ortográficas” como fue el caso del encarcelamiento de un grupo de seguidores que escribieron mal su apellido al pintar una barda publicitaria en su natal Mocorito en Sinaloa. A pesar de eso, Martínez Verdugo obtuvo 820 mil votos pavimentando el camino para el avance significativo de la izquierda en las siguientes elecciones.

Arnoldo Martínez Verdugo vive ya en la eternidad como el militante que abrió un nuevo camino para la izquierda mexicana. Se une a Diego Rivera, José Revueltas, David Alfaro Siqueiros, Heberto Castillo, Demetrio Vallejo, Vicente Lombardo Toledano, Valentín Campa, Cuauhtémoc Cárdenas, Rosario Ibarra y tantos más que construyeron con sus sueños lo que muchos se han empeñado en destruir en la realidad.

 

Le decimos adiós a Don Arnoldo Martínez Verdugo, un hombre que alcanzó a ver a casi el 30 por ciento del mundo con regímenes socialistas y a casi todos los vio caer, solo para atestiguar que las condiciones económicas que les siguieron fueron recrudecidas pues la pobreza jamás cedió terreno como tampoco lo hizo la codicia humana. Al final, la igualdad de oportunidades y la satisfacción de las necesidades como condición básica de la justicia social a favor del hombre, se han enfrentado tanto en los regímenes socialistas como capitalistas con un solo enemigo: el propio hombre.

Lunes, 20 de Mayo de 2013 10:47

Odisea del Espacio

 

Ubicada a 370 kilómetros sobre nosotros, la Estación Espacial Internacional (EEI) orbita la tierra 16 veces al día a una velocidad de 28,000 kilómetros por hora. La EEI es una maravilla de la tecnología y fue lanzada al espacio en el año de 1998 requiriendo para lograrlo de los esfuerzos conjuntos de Estados Unidos, Rusia, Europa, Japón y Canadá. Del tamaño de un campo de fútbol americano, la EEI es además de una nave espacial, un laboratorio científico donde se llevan a cabo investigaciones sobre biotecnología, medicina, la vida en gravedad cero y el comportamiento de distintos elementos y materiales en el espacio. Pero la más importante tarea de la Estación Espacial Internacional es entender como podría ser la vida en el espacio, para que en un futuro no tan lejano podamos enviar seres humanos a explorar nuevos mundos; porque está claro que más temprano que tarde tendremos que buscar otros planetas hacia donde emigrar.

La semana pasada tras cinco meses de habitar la Estación Espacial Internacional, el astronauta canadiense Chris Hadfield terminó su misión y regresó a casa. Lo hizo a bordo de la cápsula Soyuz que aterrizó en la estepa de Kazajistán. Ese mismo día, Hadfield publicó en Youtube un video grabado en la EEI que ha recibido 14 millones de visitas en solo una semana. Se trata de un cover de la canción “Space Oddity” que el gran David Bowie grabó en el año 1969. El tema cuenta la historia del Mayor Tom, un astronauta cuya nave falla y su vida corre peligro perdiendo comunicación con su centro de comando. Pero es ahí cuando su vida pende de un hilo alejado a 160 mil kilómetros de la locura de tierra y ante el azul intenso de la luna y el brillo de las estrellas que logra descubrir que allá arriba se siente mucho mejor.

La canción de Bowie, es una referencia a “2001: Odisea del Espacio”, la obra emblemática del maestro de la ciencia ficción Stanley Kubrick. El filme que ha sido poco comprendido, es una adaptación de “El Centinela”, un relato del escritor inglés Arthur C. Clarke, y hace 45 años cuando fue proyectada por primera vez supuso una sacudida a nuestras conciencias provocando un debate acerca de si un Dios omnipotente estimulaba la inteligencia humana para contestarnos la pregunta eterna: ¿De dónde venimos y hacia dónde vamos?.

La película inicia en los orígenes del hombre; es el amanecer de la humanidad y un grupo de primates encuentra un monolito negro. Se trata, de una especie de transmisor de inteligencia que les despierta la conciencia y ayuda a sobrevivir, pero que revela también su lado violento y destructivo. De ahí y tras un salto de  cientos de miles de años en la evolución, se llega a bordo de una nave hasta una estación espacial en órbita donde se discute la aparición del monolito ahora enterrado en un cráter lunar y que tiene claros indicios de ser producto de una civilización extraterrestre. Tras ser desenterrado, el monolito emite una señal de radio con origen en el planeta más grande del sistema solar: Júpiter. Esto los lleva en viaje de mil millones de kilómetros a bordo del Discovery, nave comandada por el astronauta David Bowman al frente de la misión y la supercomputadora HAL 9000 con quién entabla una lucha hombre-máquina. Pero tras llegar hasta las lunas de Júpiter, el Comandante Bowman descubre el verdadero motivo del viaje: Se trata del inicio un proceso evolutivo, uno en donde habrá que renacer para ir más allá de nuestra conciencia y conocimientos hasta convertirnos en una mejor especie, una sin violencia, odio ni dolor. Renacer para alcanzar la en paz y la igualdad, la creación al fin, de una nueva especie humana que esta vez no se autodestruye.

Además de “Space Oddity”, el astronauta Chris Hadfield grabó a bordo de la EEI otros videos. Destaca entre ellos un experimento que llamó “La prueba de que no puedes llorar en el espacio”.  Ahí, logra demostrar que gracias al ambiente de gravedad cero, las lágrimas no logran caer de los ojos. Nada mal para el futuro del ser humano en el espacio inconquistado, uno en donde como modernos Ulises al emprender esta “Odisea del Espacio”, nos lleve a encontrar fuera de este mundo un lugar en donde no se derramen más lágrimas.

 

Domingo, 19 de Mayo de 2013 21:07

Primero fueron los libros

 

En los primeros días de mayo de 1933, a escasos tres meses del ascenso de Hitler al poder, un decreto de la Alemania nazi anunciaba a la letra: “Cualquier libro, que actúe de forma subversiva en nuestro futuro o que afecte la raíz del pensamiento alemán y las fuerzas motrices de nuestro pueblo va a ser quemado”. Se desataba así, una cacería intelectual y física para acabar con todo y todos aquellos que atentaran contra lo que llamaron “el nuevo espíritu” del nacionalsocialismo alemán.

Pocos días después, más de 25,000 libros fueron saqueados de las librerías y bibliotecas de Berlín para ser llevados hasta la Opernplatz. Ahí, apilados unos encima de otros, en pleno corazón de la capital alemana se encontraban las obras de filósofos, poetas, novelistas y científicos como Albert Einstein, Sigmund Freud, Hellen Keller, André Gide, Franz Kafka, H.G. Wells, Karl Marx, Marcel Proust y Emile Zola, grandes hombres y mujeres con un elemento en común a los ojos del nazismo: eran inmorales y decadentes y había que borrar cualquier vestigio de ellos.

Así la noche del diez de mayo de 1933, cerca de 70,000 jóvenes de las juventudes hitlerianas, armados con antorchas y gasolina prendieron fuego a esa montaña de libros,  parte del "espíritu de descomposición judío". De forma trágica ardieron hasta convertirse en cenizas el conocimiento científico de Einstein y Freud, el impresionismo de Proust, la ficción de H.G. Wells y la ciencia política de Marx entre otras obras. Ahí mismo, alumbrado por la luz de las llamas, observaba a corta distancia el genio de la comunicación del Tercer Reich, Joseph Goebbels, el mismo que afirmaba que “Una mentira repetida mil veces se convierte en una realidad”, se refirió al acto como una firme "Acción contra el espíritu anti alemán".

Este hecho fue también el inicio de la censura y el control de las ideas; el tiempo en que el régimen decía y decidía que podías leer y que no. Las lecturas “nocivas” fueron proscritas al igual que aquellos que las escribieron como Thomas Mann y Elias Canetti, ganadores del Premio Nobel de Literatura, que se sumaron a escritores y hombres de ciencia víctimas del odio. Otros más, murieron fusilados, quemados o víctimas de la hambruna y las enfermedades en los campos de concentración.

Pero tras quemar los libros y lograr el control intelectual desapareciendo “las ideas nocivas”, el Tercer Reich dio el siguiente paso: el del control social. Se decidió entonces decidir cómo debías vestir, comer, beber, las relaciones familiares y de amistad para al final eliminar a esos considerados no aptos o dignos en el nuevo orden social previsto por la raza aria.

La “Quema de libros” en la hoguera, iguales a las donde siglos antes habían sido quemados vivos miles de seres humanos por pensar o por profesar una fe distinta, fue el comienzo de la barbarie que exterminó a más de seis millones de judíos y que desató la Segunda Guerra Mundial causando la muerte a 60 millones más.

Han transcurrido 80 años del hecho y aún muchos intelectuales y estudiosos del tema no logran entender cómo Hitler, un hombre de letras y amante de la lectura, pudo alcanzar tales niveles de acoso en contra de aquellos que enarbolaron ideas contrarias. Tres siglos habían pasado de la advertencia de Santo Tomás de Aquino cuando dijo “Homo unius libri” que en latín significa “Cuídate del hombre que solo ha leído un libro”, frase que hace referencia a esos que intentan imponer sobre todas las cosas su visión retorcida del mundo en base a sus creencias personales.

Para que jamás olvidemos esta barbarie, en el centro de la hoy llamada Bebelplatz, en el mismo sitio en donde hace 80 años un diez de mayo de 1933 sucedió “la quema de libros”, el arquitecto judío-alemán Micha Ullmann, diseñó una escultura subterránea cubierta de cristal que asemeja a una biblioteca con libreros vacíos. Ahí en una placa de bronce se puede leer el extracto de un libro del escritor alemán Heinrich Heine que en 1820, más de 100 años antes del surgimiento del nazismo, a manera de sentencia premonitoria escribió: “Eso sólo fue el preludio. Allí donde se queman los libros, se terminan quemando también personas”.

 

Página 9 de 19

¡Síguenos también en las Redes Sociales!

TwitterFacefooter

twitter Facebook