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28Abril2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

Oscar Pimentel

Oscar Pimentel

Domingo, 23 de Diciembre de 2012 20:20

Más que buenos deseos...

A fuerza de la inercia que se repite cada año y de los mensajes de los medios de comunicación, rigurosamente programados con la suficiente y oportuna anticipación, el espíritu navideño termina por establecerse en nuestra vida cotidiana. De pronto todo es solo navidad y año nuevo; todo se mueve en torno a la idealización de los momentos clímax de la cena navideña y del crucial instante de las doce horas del último día de  este año y las cero horas del próximo. Y después lo mismo: el regreso al trabajo, a la escuela y a la misma rutina. Cambia algo? Nada... o casi nada.

Para la mayoría de la gente la navidad y el año nuevo son  fechas que se asocian con  posibilidades  de cambio. Aunque poco se hace por asegurar que así sea; más bien se confía mágicamente en que después de ese quiebre temporal todo será mejor. Y la verdad es que no; muy pronto todo vuelve a su lugar y las cosas no solamente no cambian sino que pueden, en muchos casos, incluso empeorar. Así visto, el sentimiento que trae consigo la navidad en muchas personas se devela como una actitud más bien superficial y rutinaria, adoptada para sumarse a lo socialmente correcto. No hay una conciencia autentica de la espiritualidad que significa la navidad, y menos aún, de la capacidad que puede tener o la oportunidad que puede significar, para impulsar una transformación interior.

La actitud hipócrita de compartir y falsamente religiosa que tanto prolifera en estas fechas es, finalmente, una postura cómoda ante la vida. Ni siquiera se quiere saber, ni cuestionarse por ello,  si deveras se cree en algo: solo se actúa para no aparecer diferente, para no quedar mal con los demás.

Bien haríamos en reflexionar. Nadie salva a nadie. Se puede ayudar por supuesto, pero finalmente el único responsable de nosotros mismos, somos nosotros mismos. Nacemos en la soledad y morimos en la soledad. Compartir y amar con la mayor sinceridad y profundidad no cambia las cosas. Saber qué hacer con uno mismo es, tal vez, el principal problema que estamos obligados a resolver. Por eso, la empatía, la capacidad de identificarnos con los demás, implica primero ser capaces de tener una identidad y, por supuesto, tener algo que aportar como personas a los demás. La comprensión hacia los demás  y la generosidad, para ser autenticas, nacen de la fortaleza y de las convicciones  que hemos sido capaces de forjar en nuestro interior; sin eso, no hay nada, solo conductas socialmente aceptables.

Yo creo que nuestro mayor reto es  como gestionar, administrar,  el desarrollo de nosotros mismos. Es la primera responsabilidad personal que nos viene con nuestra vida consciente. Si el estilo de gestión es relajado o desorganizado pocos resultados se pueden esperar. Si no hay una exigencia cotidiana de superación y de mejoramiento, uno se instalará en el confort, en la tibieza y en la mediocridad. Y desde ahí poco podemos contribuir al bienestar de los demás, a la transformación social, al desarrollo de nuestro país. Si desde la negligencia muy poco se puede aportar para mejorar el reino de este mundo, mucho menos para la salvación eterna.

Subestimarse o tener piedad de uno mismo no pueden ser actitudes para enfrentar la vida. Nuestra inteligencia, es un instrumento poderosísimo para  definir el rumbo, y la voluntad, la herramienta más efectiva para edificar nuestro proyecto.

Más allá de las ideologías y de las ideas preestablecidas, siempre estamos obligados a pensar todo, a cuestionar todo, a preguntar por todo... como los niños que cada día descubren el mundo. Solo la inteligencia critica, libre, y la voluntad para contribuir a construirnos como mejores seres humanos, y edificar una sociedad prospera, nos pueden salvar del fatalismo en que nos hunden la mezquindad y la estupidez.

En esta navidad propongamos más que buenos deseos. Definamos propósitos de transformación de nosotros mismos. Comencemos por el principio. ¡Feliz navidad!

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                                                        @oscarpime

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Domingo, 09 de Diciembre de 2012 22:19

¿Competitividad sin Equidad?

El Centro para la Investigación y la Docencia Económicas (CIDE) publicó recientemente su estudio Retos de la Competitividad Urbana en México, en el cual aporta resultados muy interesantes y reflexiones que, quienes nos interesamos en el desempeño del gobierno, debiéramos incorporar de inmediato al debate público.

Independientemente de las calificaciones que obtienen las 74 zonas metropolitanas analizadas en términos de su capacidad de ser competitivas, o sea su poder para atraer inversiones y talento a sus respectivas comunidades, son más aleccionadores los razonamientos que se desprenden del estudio de estas experiencias.

Dos cuestiones que pueden ser relevantes. Una, la evolución del concepto de competitividad, o cómo han cambiado las condiciones que se requieren para que una región o ciudad pueda concentrar mayores recursos de inversión privada y recursos humanos de alta calificación. Y dos, la evaluación que se puede hacer del desempeño de los gobiernos locales, especialmente los municipios, en términos de su contribución a la competitividad.  

En la primera cuestión, el estudio es contundente. Lo que hace unos años se consideraba que eran muy buenas condiciones para atraer nuevas inversiones, tales como los salarios bajos, una población pobre y necesitada de empleo, bajos niveles de educación entre los trabajadores, laxitud en la procuración de la justicia laboral y la ausencia de sindicatos, leyes y normas  ambientales ambiguas y negociables, y un marco institucional débil, que hiciera factible los acuerdos en la discrecionalidad y la opacidad, hoy son exactamente factores negativos en la calificación de lo que puede ser una ciudad competitiva.

Hoy, la competitividad implica certidumbre. Significa seguridad pública, confianza en las instituciones de la justicia, salarios justos y regulados bajo criterios adecuados, un alto nivel de educación de la población, ciudades ordenadas en su desarrollo urbano, transporte público moderno, servicios sustentables de agua y energía, cobertura y calidad en los servicios de salud, y esquemas adecuados para la protección del medio ambiente.

Cambió ya, o está cambiando, la idea de que una ciudad puede ser competitiva si permite que se explote a sus trabajadores, que no haya sindicatos o mecanismos de protección laboral, que se arrase con su medio ambiente para que las empresas puedan reducir sus costos. Debe cambiar la idea de que se es competitivo cuando se pueden aprovechar las "ventajas" de la pobreza y la desigualdad para que las empresas puedan maximizar sus utilidades, y los cacicazgos regionales sus ventajas políticas y económicas.

En el segundo tema, el estudio del CIDE coincide plenamente con el reporte, también  reciente, del Instituto Mexicano para la Competitividad ( IMCO): la organización actual de los gobiernos municipales es obsoleta. No puede ya garantizar ni calidad ni eficiencia en los servicios públicos. Menos aun puede garantizar el desarrollo de una agenda para la competitividad. El municipio está atrapado en las redes de los intereses políticos de los partidos y difícilmente puede procesar proyectos de reformas de fondo que representen algún tipo de costo político.

La competitividad, como conjunción de factores que permiten impulsar el crecimiento económico, requiere una agenda de transformaciones en el ámbito institucional y en los diversos campos del quehacer productivo, cultural, educativo, del desarrollo social y del cuidado del medio ambiente. Sin equidad, sin Estado de Derecho y sin gobiernos de calidad, sin una participación activa de la ciudadanía en el fortalecimiento de la democracia, no  hay competitividad.

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@oscarpime

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Domingo, 02 de Diciembre de 2012 19:41

El Otro PRI

Después de una larga travesía, finalmente el PRI regresa a Los Pinos. Algo para celebrarse en el ánimo de quienes militamos en este Partido, aunque el júbilo por el fin del sexenio de Felipe Calderón no se compara con nada.

El compromiso del nuevo Presidente y su gobierno es impulsar la transformación de México, lo cual exigirá una ruptura con el pasado. Con el pasado del PRI que gobernó durante décadas en un régimen político  de partido único,  y con el pasado inmediato de los gobiernos panistas, en el cual no solamente fue imposible avanzar en la transición democrática, sino que hubo lamentables retrocesos, sobre todo en la vida política de la mayoría de las entidades federativas.

Por esta ruptura y por las innovadoras propuestas del gobierno que inicia, seguramente muchos de los militantes del PRI sentirán que quienes hoy gobiernan son parte  de otro PRI, muy distinto de la organización  en la que han militado por muchos años. Y sí, tienen razón. Sin importar edades, la verdad es que quienes hoy tienen una participación destacada en  el nuevo gobierno y en el propio poder legislativo, son políticos que han entendido, por la fuerza de las circunstancias, las condiciones que vive el país y las exigencias que plantean las  nuevas realidades del mundo.

El desarrollo del país no se puede ya guiar por las viejas ideas que en algún tiempo tuvieron una justificación histórica. Muchas ideas y principios, hoy todavía plasmadas en los documentos básicos del PRI, han quedado obsoletas. El país y el planeta entero han cambiado.

Pemex, por ejemplo, debe ser una empresa estatal moderna y rentable, con participación de inversión privada, prácticas corporativas y  tecnología de punta. Solo así le puede servir a los mexicanos.

Superar la pobreza y la desigualdad, las grandes heridas de nuestra sociedad, hace necesario una reforma seria de las finanzas públicas y de las contribuciones fiscales para  hacer posible los programas sociales de carácter productivo que dejen atrás el viejo asistencialismo, elemento corrosivo de  nuestra productividad. Es también, la única manera de   crear un sistema de seguridad social universal.

La eficacia del régimen político y la fortaleza de la democracia, exigen por su parte, una nueva manera de gobernar y reformas en la arquitectura del sistema político que reconozcan la creciente pluralidad de la sociedad mexicana, la diversidad de actores políticos y la importancia de los consensos y acuerdos para sustentar las políticas públicas. La firma del Pacto por México, a tan solo unas cuantas horas después de que el Presidente tomara posesión de su cargo, es una muestra de esta nueva voluntad política del PRI para asumir acuerdos con todas las fuerzas políticas en aras del interés general.

La ciudadanía exige transparencia, honradez de los servidores públicos, administraciones gubernamentales ordenadas y apegadas a la legalidad, rendición de cuentas y sobriedad. Basta de payasadas para ganar popularidad, de manipular a la opinión pública y de malversar los recursos públicos con fines electorales.

El PRI está obligado a cambiar; solo así puede encabezar la  transformación  de México sin dividirse. Se tendrá que desplegar todo un esfuerzo de renovación y actualización política  e ideológica, incluido el debate para mejorar nuestros documentos básicos, de promover la inclusión de los jóvenes en  nuestras filas, de renovación de los liderazgos, de impulso a una gran participación de las mujeres y de articulación permanente con las causas de la ciudadanía.

Los priistas tenemos una gran responsabilidad. Todos debemos aspirar a ser parte del otro PRI. El otro PRI  que sí apoya e impulsa la modernización de México. El otro PRI que puede ganar, por sus nuevas ideas y por sus hechos, la confianza de los mexicanos.

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                                            @oscarpime

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Domingo, 02 de Diciembre de 2012 19:41

El Otro PRI

Después de una larga travesía, finalmente el PRI regresa a Los Pinos. Algo para celebrarse en el ánimo de quienes militamos en este Partido, aunque el júbilo por el fin del sexenio de Felipe Calderón no se compara con nada.

El compromiso del nuevo Presidente y su gobierno es impulsar la transformación de México, lo cual exigirá una ruptura con el pasado. Con el pasado del PRI que gobernó durante décadas en un régimen político  de partido único,  y con el pasado inmediato de los gobiernos panistas, en el cual no solamente fue imposible avanzar en la transición democrática, sino que hubo lamentables retrocesos, sobre todo en la vida política de la mayoría de las entidades federativas.

Por esta ruptura y por las innovadoras propuestas del gobierno que inicia, seguramente muchos de los militantes del PRI sentirán que quienes hoy gobiernan son parte  de otro PRI, muy distinto de la organización  en la que han militado por muchos años. Y sí, tienen razón. Sin importar edades, la verdad es que quienes hoy tienen una participación destacada en  el nuevo gobierno y en el propio poder legislativo, son políticos que han entendido, por la fuerza de las circunstancias, las condiciones que vive el país y las exigencias que plantean las  nuevas realidades del mundo.

El desarrollo del país no se puede ya guiar por las viejas ideas que en algún tiempo tuvieron una justificación histórica. Muchas ideas y principios, hoy todavía plasmadas en los documentos básicos del PRI, han quedado obsoletas. El país y el planeta entero han cambiado.

Pemex, por ejemplo, debe ser una empresa estatal moderna y rentable, con participación de inversión privada, prácticas corporativas y  tecnología de punta. Solo así le puede servir a los mexicanos.

Superar la pobreza y la desigualdad, las grandes heridas de nuestra sociedad, hace necesario una reforma seria de las finanzas públicas y de las contribuciones fiscales para  hacer posible los programas sociales de carácter productivo que dejen atrás el viejo asistencialismo, elemento corrosivo de  nuestra productividad. Es también, la única manera de   crear un sistema de seguridad social universal.

La eficacia del régimen político y la fortaleza de la democracia, exigen por su parte, una nueva manera de gobernar y reformas en la arquitectura del sistema político que reconozcan la creciente pluralidad de la sociedad mexicana, la diversidad de actores políticos y la importancia de los consensos y acuerdos para sustentar las políticas públicas. La firma del Pacto por México, a tan solo unas cuantas horas después de que el Presidente tomara posesión de su cargo, es una muestra de esta nueva voluntad política del PRI para asumir acuerdos con todas las fuerzas políticas en aras del interés general.

La ciudadanía exige transparencia, honradez de los servidores públicos, administraciones gubernamentales ordenadas y apegadas a la legalidad, rendición de cuentas y sobriedad. Basta de payasadas para ganar popularidad, de manipular a la opinión pública y de malversar los recursos públicos con fines electorales.

El PRI está obligado a cambiar; solo así puede encabezar la  transformación  de México sin dividirse. Se tendrá que desplegar todo un esfuerzo de renovación y actualización política  e ideológica, incluido el debate para mejorar nuestros documentos básicos, de promover la inclusión de los jóvenes en  nuestras filas, de renovación de los liderazgos, de impulso a una gran participación de las mujeres y de articulación permanente con las causas de la ciudadanía.

Los priistas tenemos una gran responsabilidad. Todos debemos aspirar a ser parte del otro PRI. El otro PRI  que sí apoya e impulsa la modernización de México. El otro PRI que puede ganar, por sus nuevas ideas y por sus hechos, la confianza de los mexicanos.

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Domingo, 25 de Noviembre de 2012 21:38

Cuestión de Instituciones

Transformar el país para convertirlo en una nación moderna, competitiva y prospera, sin las enormes desigualdades sociales que hoy prevalecen, es el gran reto que tenemos los mexicanos de hoy y, particularmente, quienes pronto habrán de asumir la conducción del próximo gobierno. 

Domingo, 18 de Noviembre de 2012 22:41

Fin de Ciclo

Estamos a unos cuantos días de que termine el gobierno panista encabezado por Felipe Calderón, con lo cual concluye el ciclo de gobierno más ominoso de la historia moderna de México. El legado que deja su estilo visceral de gobernar constituye un verdadero desastre.

Domingo, 11 de Noviembre de 2012 22:05

¿Privatizar el Agua?

Por supuesto que no. Privatizar significa que el gobierno venda o entregue a particulares la propiedad de algo, enajenar activos y recursos, perder todo derecho sobre su uso y destino.

Domingo, 04 de Noviembre de 2012 22:42

La Reforma del Agua: Cambio de Régimen (III)

La reforma de la política pública en materia de agua es indispensable para garantizar una mejor calidad de vida de la población y   un desarrollo sustentable del país.

Domingo, 28 de Octubre de 2012 20:53

La Reforma del Agua: Cambio de Régimen (II)

De acuerdo con las cifras de las Naciones Unidas, México tiene un grave problema de escasez de agua potable. Cada año el país consume el 17 % de sus reservas, mientras que Argentina, el país más similar en consumo, usa sólo el 3.5 %. Esto nos conduce de manera inexorable hacia una situación de colapso en la disponibilidad natural de agua potable por la imposibilidad de que se recupere el ecosistema. [1]

Domingo, 21 de Octubre de 2012 19:48

La Reforma del Agua: Cambio de Régimen (I)

El  mal manejo del agua es uno de los aspectos de nuestra vida comunitaria que más ilustra el atraso cultural, político e institucional que caracteriza a nuestro desarrollo.

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