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20Octubre2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

La tolerancia, del latín tolerare (sostener, soportar), define el grado de aceptación frente a un elemento contrario a una regla moral.


La tolerancia social es la capacidad de aceptación de una persona a otra persona o grupo cuyos valores o normas establecidas por su sociedad, son diferentes a las suyas. Es el respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias. Es la actitud que una persona tiene respecto a aquello que es diferente de sus valores. Es la capacidad de escuchar y aceptar a los demás, comprendiendo el valor de las distintas formas de entender la vida.

Lo dicho anteriormente que fue extraido de wikipedia, es la definición oficial del término, más no me atrevería a decir que sea la definición general y exclusiva del mismo, porque cada quien hace lo que quiere o lo que se le acomode con ello, y es que ¿en realidad sabremos ser tolerantes los humanos?

Y mi interrogante viene de una pregunta que inesperadamente me hicieron al aire en un programa de radio en vivo, la cuestión fue la siguiente: ¿tú cómo pondrías en marcha la tolerancia? A lo que sin titubear respondí que para poder ser tolerante primero tendría que empezar por tolerarme y aceptarme a mí misma. Será que yo creo que aún no me acabo de aceptar tal y como soy, es entonces ilógico que trate de aceptar o tolerar a los que están a mi alrededor.

Aceptación de una persona a otra o grupo cuyos valores o normas establecidas sean diferentes. Qué difícil es aceptar a alguien o algo diferente a lo propio, puesto que no se siente ni se cree de la misma manera, tolerar, aguantar, respetar, sobrellevar modos de ser, religiones, políticas, color de piel, costumbres, comidas, hábitos, etc. Eso definitivamente es muy difícil de lograr, más no imposible. Pero a lo que sí no encuentro una lógica explicación es al porqué, muchas veces por intereses personales, aprendemos a tolerar las injusticias, la violencia, el descaro, la maldad, el odio, el desprecio a los semejantes, y no podemos tolerar a una persona discapacitada ya sea física o intelectualmente, a un animalito desvalido, a un pobre indigente que ande solitario en las calles. ¿Por qué a pesar de los valores inculcados ya sea en casa o en la escuela, o en ambas partes, a pesar de eso y de la difusión de los mismos no nos es suficiente para acabar con el racismo social en el que aún nos vemos envueltos?

Sería bueno echar un vistazo al fondo de nosotros mismos y ponernos a reflexionar sobre si festejar este día o simplemente dejarlo pasar de largo, porque en realidad no tenemos ni la más remota idea de lo que significa al renegar de nosotros mismos, de nuestro cuerpo, de nuestra actitud, de nuestras costumbres, de nuestro carácter, de todo lo que no nos tiene a gusto con la persona que somos. Quizá al poder aceptarnos y amarnos a nosotros mismos, sea que podremos ir empezando por aceptar y tolerar a los demás. Todos somos diferentes de adentro y de afuera, todos merecemos respeto simplemente por ser únicos, individuales cada quien a su modo y manera. Ya que haya llegado esa aceptación todo será más fácil, se verán las cosas de otra forma y la tolerancia se hará efectiva naturalmente.

Las diferencias de sexo, raza, ideologías o costumbres no determinan la calidad humana de las personas, y sin embargo la aceptación a éstas sí determina en cada uno de nosotros la propia calidad humana.

A partir de 1996, el 16 de noviembre ha quedado constituido como el Día Internacional para la Tolerancia y, aunque pocos lo saben, son más pocos los que lo saben llevar a cabo.

 



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