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23Junio2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

A David, por el desayuno y más.

Luis García Abusaíd

¿Qué enseñan las universidades a los jóvenes de hoy? Les enseñan a sobrevivir en un mercado que agudiza el instinto asesino para destacar entre las hordas de profesionales que inundan el ámbito laboral. Hoy el estudiante universitario compite en un mundo regido por la supervivencia del más apto que “desprecia la honestidad, castiga el trabajo, recompensa la falta de escrúpulos y alimenta el canibalismo”.

El contexto es terrible: Los medios masivos de comunicación obligan a los universitarios a mirarse en “un solo espejo que refleja los valores de la cultura del consumo”. En éste la publicidad, más que estimular la compra de productos, estimula la violencia en una sociedad injusta y desigual como la nuestra.

La publicidad no ataca sóla: La televisión adoctrina a los universitarios desde temprana edad bajo tres premisas; “golpea antes de que te golpeen”, “estás solo, sólo cuentas contigo”, y “tu también puedes matar”. Ese es el dictado de noticieros, programas y videojuegos violentos. Fuera quedan los lazos comunitarios y la solidaridad con los demás.

El mundo que vivimos, nos dice Eduardo Galeano, “nos entrena para ver al prójimo como una amenaza y no como una promesa, nos reduce a la soledad y nos consuela con drogas químicas y con amigos cibernéticos”.

¿Podrían nuestras universidades, públicas y privadas, formar estudiantes capaces de sobrevivir a partir de una perspectiva humanista? Las universidades en México no se preguntan eso. Están más preocupadas por subirse al tren de la globalización; sin saber a ciencia cierta a donde las puede llevar.

Sin reflexión de por medio, las universidades se suben al tren de la globalización para no quedarse fuera de competencia. Mientras persiguen “la ‘zanahoria’ para sentirse internacionalizados y pertenecientes a la sociedad del conocimiento”, ellas ocultan sus limitaciones entre palabras tales como ‘tercer milenio’, `tecnologías informáticas’, ‘sociedad del conocimiento’, ‘mercados globales emergentes’, ‘sustentabilidad’, ‘nuevos valores’, o ‘transversalidad curricular’ que semejan una torre de babel incomprensible (Edgar Morin).

Ellas están obsesionadas por “la hiperactualización en el uso intensivo de tecnologías informáticas; la incorporación de la ‘virtualidad’ en la enseñanza; mayor apertura al entorno, sobre todo a los sectores productivos modernos y al ámbito internacional; carreras cortas y curriculas flexibles para ajustarse a los mercados emergentes; énfasis en el desarrollo tecnológico; venta de servicios como nueva vía de financiamiento; adopción de conceptos de excelencia y competitividad del mundo empresarial (Edgar Morin)”. Ellas están preocupadas por la supervivencia económica del estudiante, nada más.

Su humanización provendría de identificar, más allá de la lógica globalizante y modernizadora, ”cuáles son nuestros retos y pasar de la adopción irreflexiva de las novedades del momento, a la construcción de un modelo de universidad propio, desde abajo, desde la diversidad de lo local, desde la visión de personas reales, no virtuales, que viven en las regiones, en sus espacios vitales, sin descuidar los vínculos con el mundo global (Arturo Guillaumín Tostado)”.

 

Esta alternativa exige un compromiso curricular que fortalecería, entre otras, las siguientes características del estudiante universitario: ”Las curiosidades y las aperturas hacia más allá de lo ya dicho, conocido, enseñado, y recibido; la capacidad de aprender por sí mismo; la aptitud problematizadora; la práctica de estrategias cognitivas para tomar decisiones en contextos inciertos y complejos; la invención y la creación; la posibilidad de verificar y de eliminar el error; la consciencia reflexiva y la consciencia moral (Arturo Guillaumín Tostado)”.

El reto es complejo: O mantenemos universidades que nos enseñen a padecer la realidad, olvidar el pasado y aceptar el futuro “tal cual”. O construimos universidades que nos muestren como cambiar la realidad, escuchar el pasado e imaginar un mejor futuro para todos nosotros.

La alternativa está entre reproducir un estudiante armado de instinto asesino para sobrevivir sólo en un mundo globalizado; o generar uno, capaz de salir adelante sin perder su dignidad e inteligencia ligadas solidaria y fraternalmente a cualquier mundo.

 

 

 

 



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