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21Enero2018

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

Una mañana del mes de febrero de 1468, a orillas de la margen opuesta del río Rin, en la ciudad alemana de Maguncia fue encontrado muerto un personaje al que por varios días nadie reconoció. Poco tiempo después se supo de quien se trataba: era Johannes Gutenberg, padre de la imprenta moderna. Johannes Gensfleisch zur Laden zum Gutenberg siempre persiguió un sueño: imprimir los manuscritos medievales elaborados a mano por monjes.  Después de veinte años de intentos, en 1455 logró construir una prensa en donde produjo 200 ejemplares del primer libro impreso de la historia: La Biblia.

Pero el éxito de Gutenberg fue efímero. Persiguiendo su sueño se endeudó y ante la imposibilidad de pagar fue llevado a los tribunales y despojado de su equipo impresor incluyendo los originales de la primera Biblia. Pero a pesar de su ruina económica, en el año 1500, infinidad de ciudades en Europa contaban ya con una imprenta. El genio de Gutenberg había cambiado para siempre la historia, naciendo así la primera revolución de la información.

Pero ni el mismo Gutenberg llegó a imaginar como su invención transformaría el mundo y nuestra forma de comunicarnos. Y es que a la imprenta le siguieron las comunicaciones electrónicas y años después llegó el internet, la conexión de banda ancha y  las redes sociales que revolucionaron para siempre y en tiempo real lo que sucedió, sucede y sucederá en nuestras vidas, tarea que hasta hace pocos años estaba restringida a lectores de tarot u otras artes ocultas.

Somos la generación del facebook, twitter y del blackberry messenger. Esta nueva revolución de la información y de las redes sociales se ha impuesto y rebasan cualquier intento de censura, sustituyendo a veces la falta de información de los medios tradicionales.

Indeseables para algunos, veneradas por muchos, subvaluadas por otros y  sobrevaloradas por mas, las redes sociales son hoy causantes de insomnio y adicción. Para algunos medios es el complemento, para muchos más es competencia directa. Lo cierto es que hoy son herramientas utilizadas para la movilización social (real o del ciber espacio).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Twitter y las redes sociales son el arma de las nuevas generaciones para combatir la censura o la opacidad. Ahí está el caso de Carmen Aristegui, despedida por preguntar lo que mucha gente se pregunta, o los “milagros” que un mexicano puede hacer con solo 6 mil pesos mensuales, eventos que fueron denunciados y combatidos a través del Twitter y las redes sociales como un modo de ensanchar la transparencia en los sucesos de la vida pública. Pero no sobreestimemos su influencia. En un país de 112 millones de personas, solo 24 millones cuentan con acceso a internet, por lo que 88 millones de mexicanos están en el atraso tecnológico. Por eso seamos realistas y admitamos que con esas cifras las redes sociales se han vuelto muy importantes, pero siguen siendo un elemento menor en la vida de millones de personas, que aun tienen en la televisión su principal fuente de información.

 

Por eso seamos realistas y no pongamos en ellas todas nuestras esperanzas de que la difusión de las ideas a través de las e las redes sociales llegue a todas partes o que sirvan para cambiar las cosas. Creo que hasta ahora su mérito es que ha abierto nuevos espacios de información de forma innovadora.

 

El impacto de estas redes en nuestra vida diaria y en el fortalecimiento de nuestra democracia aún está en desarrollo. El reto será entonces pasar del tweet y los retweets, hacia construir en el mundo real un país con menor desigualdad, mejor informado y con más oportunidades. Al momento, las redes son tan versátiles y libres que muchas veces son utilizadas para denostar, incitar al odio y a la violencia y en otros casos francamente a desinformar con razones deleznables.







 

Años antes de morir, Gutenberg aseguraba que la imprenta era un ejército de 26 soldados de plomo con el que se podía conquistar el mundo. El día de hoy, Twitter es una red social cuya característica nos permite comunicar lo que uno desee, pero sin exceder jamás 140 caracteres. Exactamente los que ocupé para describirla.



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