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20Octubre2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015


Hace unos días vi un documental que trata de las corporaciones en nuestras vidas y el papel que juegan en la sociedad actual.

Un relato en particular llamó mi atención: hoy estamos como aquellos que hicieron los primeros intentos por volar, aparatos ingeniosos, grandes alas algunas hasta con plumas de ave, pedales y engranes, un gran impulso y la prueba final rumbo al precipicio, mientras caían, ilusoriamente pensaban que estaban volando, sin embargo, iban directo a su destino final, el suelo.

 

Me sorprende ver como hay quienes insisten en que volamos decididamente hacia la calidad de vida integral, hacia el desarrollo y la prosperidad, dicen que la violencia es necesaria y pasajera, que nuestras reservas son históricas y que los empleos aumentan sin parar. Pareciera que los modelos económicos y sociales son inmejorables y que solo nos restan unos pequeños ajustes para vivir en la satisfacción total.

 

Sin embargo, las personas en el trabajo, en las escuelas, al interior de las familias, reflejan algo muy diferente. Al verlas a los ojos puedo observar lo mismo que yo siento, una gran interrogante, incertidumbre, preocupación por lo que será de nosotros y de nuestros hijos. En realidad nos cuesta aceptarlo pero en el fondo sabemos que vamos en caída libre y aún no sabemos cómo ni cuándo lograremos frenarla.

 

Sé que suena a poesía pero cada uno de nosotros debe encontrar la forma de levantar el vuelo que lleve a las futuras generaciones a un terreno más fértil y seguro, no queremos que vivan lo que hoy vivimos y para eso es necesario actuar de inmediato. Nuestras diarias acciones tienen que ir orientadas a la construcción de un país mejor, el impulso a la educación debe ser determinante y nuestra madurez como mexicanos y dueños del presente ha de estar por encima de los pequeños intereses personales o de los frívolos caprichos con tinte de dinero o poder.

 

No es tarea fácil ni de corto plazo con resultados claros e inmediatos, pero si no hacemos nada, si no rescatamos nuestra identidad y nuestros valores más sublimes, si no nos preocupamos y ocupamos en la estafeta que dejaremos a nuestros pequeños, nos estamparemos contra el suelo pensando que algún día pudimos volar pero no nos decidimos a hacerlo.

 

 

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