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23Junio2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015


Los jueces de los EEUU han construido el discurso de la preferencia racial para resolver el racismo. Se trata del debate constitucional de las políticas de trato diferente a las minorías raciales para evitar, corregir o erradicar su situación de desventaja.

 

Durante más de treinta años, las mejores Universidades de Norteamérica favorecen a un mayor número de estudiantes negros para que accedan a la educación. La cuestión es más o menos así. Hay 50 lugares para estudiar leyes, por ejemplo. Pues, en principio, el trato de igualdad implicaría que los primeros 50 lugares del examen de admisión tienen derecho a estudiar leyes. Da la casualidad que son 50 blancos y ningún negro. Supongamos entonces que esa raza, por su situación de desventaja, no tiene la oportunidad de acceder a este tipo de educación, luego la Universidad formula una política de preferencia racial para aumentar el número de estudiantes. Unos dirían: este plan de acceso viola el trato de igualdad ante la ley, pues la regla de acceso en razón de los méritos es igual para todos y si una minoría no esta representada, es por que no tiene méritos. Otros dirían: para que esa minoría tenga méritos es necesario que tenga la oportunidad de acceder a la educación superior y, por tanto, en nombre de la igualdad de recursos, se debe dar un trato preferencial.

 

En 1996, el caso Hopwood dio origen a la inconstitucionalidad del plan de discriminación positiva de la Texas Law School. Los resultados fueron inmediatos y desastrosos. Mientras que en 1996 se habían admitido 31 estudiantes negros, en 1997 se admitieron sólo 4.

 

Para algunos la preferencia racial para aumentar el número de estudiantes negros sólo genera una mayor hostilidad. El que se privilegie a un negro, para quitarle el lugar a un blanco, parece que molesta a muchos. Para otros, por el contrario, la discriminación a favor de los negros genera una mayor diversidad racial que permite el empoderamiento del negro en una sociedad blanca: más negros en los cargos de poder. Es, por tanto, un problema moral: ¿qué es mejor? Incluir a los negros o excluirlos.

 

Es así como un asunto constitucional como lo es la cuestión de la violación de la igualdad, se traduce en un problema filosófico. La lectura moral de la Constitución que propone Ronald Dworkin, es un buen método para examinar este problema a partir de las fórmulas que los jueces norteamericanos han desarrollado. En efecto, es aceptable o no discriminar a unos que son iguales (blancos) para beneficiar a otros que son desiguales (negros), todo en nombre del trato equitativo. No se trata, por supuesto, que todos seamos iguales, se busca más bien que todos tengamos la misma oportunidad de ejercer nuestros derechos, aunque seamos desiguales entre sí.

 

Una primera línea del discurso es la prohibición del racismo. La segregación racial fue declarada inconstitucional por el Tribunal Supremo de EEUU desde 1954. Esto significa que ninguna escuela puede prohibir el acceso por ser negro. Un segundo camino de esta argumentación se encuentra en la protección antidiscriminatoria: ¿si se prohíbe discriminar, se permite antidiscriminar? Es el problema actual.

 

En el caso BakKe el tribunal se pronuncio a favor de la preferencia racial y luego los jueces han examinado el criterio a partir de sus efectos en la realidad. Una fórmula de los jueces norteamericanos dice: es válida la preferencia racial, si es el único medio para prevenir un riesgo a la vida o la salud del grupo discriminado. Otros afirman: es justificada la discriminación, si resulta justificable proteger los estereotipos, odios o tratos discriminatorios de esas minorías. Entre una y otra escala para medir el problema, hay un punto en común: revisar los motivos propios o impropios de la discriminación.

 

La finalidad del trato preferencial es la clave en Norteamérica. Si la finalidad no se justifica bajo los parámetros anteriores, la discriminación es inconstitucional. Según Ronald Dworkin, la estratificación racial excluye a los negros de los puestos más altos del poder, la riqueza y el prestigio, situación de suyo suficiente para dar preferencias en un plan educativo a fin de tutelar la diversidad racial que genera que los negros tengan un rol de poder en esa sociedad.

 



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