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18Noviembre2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

 

“...Cuando estás ante un momento

definitivo, o defines el momento

o el momento te define a ti...”

Roy 'Tin Cup' McAvoy

 

 

"Cuando un hombre bueno

está herido, todo el que se

considere bueno debe

sufrir con él"

Eurípides de Salamina

 

 

Parecía que ya habíamos agotado todas las manifestaciones de angustia que un ser humano es capaz de afrontar. Conocíamos 13 tipos de angustia, que  Anselm Grün (transforma tu angustia) enlista, como aquellas  que tenemos ante:

 

^lo nuevo

^lo que nos paraliza

^lo ridículo

^lo que desconocemos en nosotros

^la posibilidad de ser herido

^la posibilidad de ser abandonado

^nuestra relaciones con otros

^nuestra relaciones con uno mismo

^no tener un sostén firme

^Dios

^no estar a la altura

^el futuro

^la muerte y resurrección de Jesús

 

Con esa lista nos basta y sobra, tal vez nos dijéramos a nosotros mismos, pero ¡estábamos muy alejados de la realidad! Nos sacudió lo sucedido el pasado jueves 25 en Monterrey. Cimbró nuestras conciencias y abrió en nuestros corazones un nuevo tipo de angustia, la angustia al terrorismo.  Sólo la fortaleza de la gente de ésta pujante ciudad aunado a la solidaridad de todo el pueblo mexicano, ha hecho posible que éste lamentable, doloroso e inesperado acontecimiento fatal, éste transcurriendo dentro de los límites de la prudencia humana. La calidad de la gente regiomontana, puesta a prueba con ésta angustia al narcoterrorismo, explica el porqué de su  respuesta y comportamiento ante la crisis que transgredió el umbral de lo razonable, de lo explicable, de lo tolerable.

 

Hay hartazgo, hay manifestaciones de un ¡basta! un ¡hasta aquí! ¡No más violencia!; la gente se arremolina en las plazas públicas a desahogar su irritación, su frustración, su impotencia, pero también a reclamar a las autoridades que cumplan con su responsabilidad. Hay razón de sobra para ello; pero lo más importante, es que han sacado de su interior esa angustia al terrorismo, y por lo mismo han cedido su lugar a nuevas  fuentes de energía para vivir en paz, con certidumbre, con armonía, con tranquilidad.  En estos momentos de tribulación, me parece útil recurrir a un famoso manual (que fue recopilado por  alumno Lucio Flavio Arrio, quien escribió el Enquiridión o Manual de Epicteto).

Epicteto nos invita a no confundir y distinguir entre lo que depende de nosotros mismos, esto es,  aquello que ‘está bajo nuestro control’, y lo que depende de otras circunstancias, i.e.,  lo que está ‘fuera de nuestro control’. Así podemos modelar y hacernos responsables por nuestro destino, lo que  esté en nuestras propias manos hacer;  y de esa manera irlo construyendo con aquellas  cosas que  nosotros hacemos  suceder  y que responden a causas externas fuera de nuestro control.

 

En primera instancia, tenemos que reconocer que la violencia engendra violencia. El mal no está en los lugares de esparcimiento en si –llámese cines, teatros, cantinas, antros, casinos, estadios o parques. El meollo estriba en el cómo hemos enfrentado al narcotráfico. Nadie está en contra de que las autoridades inviertan recursos materiales, humanos y económicos a combatir esta plaga siniestra, esta fábrica de adictos, malhechores,  falsos espejismos, corrupción y riqueza ilícita. Estamos en contra de las acciones fallidas, de los caprichos de la autoridad federal, de que  los establecimientos de diversión se llenen con elementos del ejército y policías federales, de que hagamos de las ciudades campos abiertos de fuego cruzado, de que los jóvenes encuentren es esa fábrica su única salida de la pobreza y miseria.

 

La sociedad mexicana y en estos momentos la regiomontana está cumpliendo con su papel de dar cauce positivo a sus múltiples angustias; en particular a la que ahora se agrega de manera perniciosa: la angustia ante el narcoterrorismo. Está convencida de que para encontrar la paz, la contraparte del gobierno federal (y su coordinación con las autoridades estatales y municipales) debe de cumplir con su responsabilidad.  Hay que construir juntos un plan total que nos lleve por una ruta de seguridad  más efectiva, que minimice víctimas inocentes, que incluya además de la aprehensión de la delicuencia organizada, otros elementos, como lo son empleo, educación, capacitación, prevención de adicciones, cultura, deporte, y otras más que por su naturaleza son indispensables para dar al actual problema una solución integral.

 

 



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