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18Noviembre2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

En las actividades diarias y cotidianas de las personas, el ser se encuentra altamente receptivo a estímulos positivos y negativos del exterior. No es una excepción, es más bien, una generalidad.

El tipo de estímulos depende en gran parte de nuestras actividades, salud, propensidades, de la gente que nos rodea, así como de la mentalidad y disposición con que recibamos dichos estímulos.

A todos en algún momento nos han caído noticias agradables, como que haremos un viaje, que nos convertiremos en padres, que algún familiar nuestro se recuperó de alguna enfermedad, que hemos conseguido un empleo deseado o que hemos conseguido una calificación perfecta… la lista de ejemplos de este tipo de sucesos o noticias puede ser interminable. También están los momentos o noticias negativas: la pérdida de un ser querido, un fracaso laboral, una decepción sentimental y muchísimas otras más.

El reflejo o respuesta del ser ante estos estímulos del exterior puede ser muy variable, dependiendo el tipo de estímulo que se trate, el momento en que suceda y la percepción de cada persona. Lo que sí es un hecho, es que cada pequeño detalle o situación que nos suceda en esta vida, va dejando huellas, recuerdos, pensamientos, modificaciones a la manera de pensar o actuar. Y eso va formando y acumulando en nosotros una carga energética que no tenemos porqué cargar.

En ocasiones esas cargas se materializan a través de enfermedades físicas que no son más que energía negativa acumulada que el cuerpo no supo o pudo canalizar y se manifiesta en un daño físico que nos aqueja. Desafortunadamente en muchas ocasiones recurrimos a medicinas que disfrazan el malestar, pero el problema sigue ahí.

Existen muchos remedios milagro, como dicen los comerciales. Los seres humanos somos expertos en promocionar a través de la mercadotecnia cuanta cosa se le ocurra a nuestra creatividad para evitar malestares. Me gustaría hablar sobre un remedio milagro, pero este si es remedio en serio: la meditación.

La meditación tiene muchas definiciones. Y por lo mismo, lo importante no es la definición en sí, más bien son los elementos que componen a la misma. La mayoría contempla los siguientes elementos como esenciales:

∞      Es una práctica que se trabaja desde el campo espiritual del ser humano.

∞      Procura aquietar y calmar la mente (la loca de la casa).

∞      Busca equilibrar nuestra reacción ante estímulos del exterior (positivos o negativos).

∞      Su beneficio se refleja en el funcionamiento de nuestros distintos cuerpos: el físico (órganos y sistemas biológicos), el etéreo (receptor de energía vital del exterior), el emocional (el que recibe y distribuye emociones y sentimientos), el mental (la casa de los pensamientos) y el espiritual (la parte divina de cada persona).

El origen de la meditación podría ser tan antiguo como la presencia del hombre en la Tierra. Sin embargo, la historia nos dice que los primeros registros que se conocen sobre esta práctica, se remontan a la India unos 3 mil años antes de Cristo, iniciándose como una herramienta de la medicina[1] y, posteriormente difundida a través de la práctica de yoga.

La meditación trabaja con la parte espiritual del ser humano, razón por la cual ha sido introducida y aplicada en diversas religiones y sectas, como un medio de adentrarse en la profundidad del ser y buscar tranquilidad, armonía y paz integral. Sin embargo, no por ello la meditación está ligada forzosamente a una religión.

Existen muchos tipos de meditación. Algunas aplican ciertas herramientas para facilitar la concentración del practicante. Otras son largas y complejas, otras muy sencillas y cortas de tiempo. La elección entre un tipo de meditación o camino, depende de cada persona, de acuerdo a su interés, a su estilo de vida, a su espiritualidad o, incluso al maestro o guía que ha elegido.

Como quiera que sea, una persona que inicia en su práctica de meditación con voluntad e interés por conseguir bienestar, encontrará cambios y transformación en su persona. Desde sus actividades cotidianas, ya que al estar la mente en orden, las actividades se pueden realizar de una manera más simple y eficaz. En el desempeño físico, ya que al estar la mente tranquila, envía órdenes adecuadas al funcionamiento óptimo del cuerpo físico. En el sueño, ya que al estar la mente en paz, te permite lograr estados profundos de sueño y descanso reparador. En las relaciones con los demás, ya que al estar la mente en armonía, te permitirá mejorar tu conducta y los estímulos propios que diriges a los demás, y de manera recíproca, tu mente estará más fuerte para hacer frente a la energía del exterior.

Entonces, si logramos orden, tranquilidad, paz y armonía en nuestro interior a través de la práctica de meditación que elijamos, estaremos creando una especie de protección ante las situaciones que provengan del exterior y que, aunque no podemos controlarlas, si podemos evitar el impacto negativo o afectación que pudieran causarnos. Te invito a meditar.

 

mayte cepeda

 

 



[1] De ahí que algunos textos lo refieren a la palabra en latín mederi que significa curar; aunque también se considera su origen en la palabra meditari que significa ejercitarse, reflexionar.



Mayté Cepeda Valdés

Licenciada en Derecho, con Título de Suficiencia Investigadora en Derecho Ambiental y candidata a Doctora en Derecho por la Universidad de Alicante. Directora de Asuntos Legislativos de la Secretaría de Gobierno del Estado. Enfoque en los temas de medio ambiente y derechos humanos. Instructora de Yoga.

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