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29Mayo2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

Pasará mucho tiempo para olvidar el momento exacto en que recibí la llamada de mi “vecino”.

La hora presagiaba que algo no andaba bien, apenas lo escuché y me sentí en un cuento surrealista, tal vez me quedé dormido y todo era parte de una extraña pesadilla, o tal vez, parte de una inesperada y muy lamentable realidad. Seguro una confusión o un mal entendido, pero no, Enrique confirmó lo que no queríamos comprender, nuestro amigo Carlos Escamilla había fallecido en un paraíso, mientras practicaba una de sus múltiples pasiones, el buceo, mientras recordaba a su más grande amor, su hija.

 

Después en un abrazo de dolor y fortaleza, mi esposa y yo lloramos como un par de chiquillos, y es que Carlos no era exclusivo en cuanto a amistad se refiere, muy por el contrario, igual lo queríamos mi esposa y yo que mis padres o mis hijos, siempre detallista, siempre con la palabra exacta, siempre haciéndote ver lo importante que eras para él, siempre celebrando la vida, recordándonos a todos que la tristeza es menos y el éxito es más, si lo compartes con los tuyos.

 

Traté de recordar la última frase, la última foto, el último consejo, el último chiste, el último plan, la última receta. Ahora he decidido no recordar lo último sino tratar de honrarlo todo. Tu paso por nuestras vidas tuvo muchos significados y habrá que irlos descubriendo uno a uno. Ahora me doy cuenta que al compartirnos de tu vida muchos salimos ganando, desde lo más trivial hasta lo más trascendental. Presentaste a muchos desconocidos que ahora somos grandes amigos, con quienes seguirás presente en cada reunión o convivio, con un recuerdo, con una enseñanza, con una anécdota o con una pregunta ¿Qué haría el Escamas?

 

Siempre conciliador y excelente negociador, seguro te valió para argumentar con Dios y con la muerte la forma en que dejarías este mundo, en un lugar recóndito y poco conocido, en libertad y comunión con la naturaleza, en los brazos de tu hermano con quien escribiste tantas páginas, sin separarte de lo que simbolizaba a tu pequeña hijita, quien crecerá orgullosa de su padre. Hasta tu regreso a casa estuvo orquestado. Un pequeño grupo de amigos que representábamos a muchos que te estaban esperando en tu querido Saltillo, lo que pudo llevar días, tu inspiración logró que se hiciera en horas, para que tu familia lograra decirte “hasta luego”.

 

Un último viaje juntos que nos hacía llorar y reír al mencionarte, también nos recordó lo frágiles que somos, lo importante que es “volver a las bases” y valorar lo que al final de la vida tiene peso, lo que trasciende, lo que mueve corazones e inspira voluntades, lo que es sincero, lo que no se adquiere con tarjeta sino que se gana con la confianza, lo demás es lo de menos. Como siempre te nos adelantas para ver cómo está todo en el destino al que habremos de llegar tarde o temprano.

 

“¿Cómo andas mi Jimmy?”…extrañándote mi Charly.

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