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26Septiembre2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

 

Formador de dos gobernadores del Estado de Puebla.

 

Lucas Martínez Sánchez

 

La acuciosa investigación que desde hace años ha venido realizando el maestro en historia Francisco Rodríguez Gutiérrez, relativa a la personalidad y vida pública del antiguo diputado a las Cortes de Cádiz, José Miguel Ramos de Arizpe, en la que, con base en abundante información le ha permitido acercarse al personaje en una manera puntual y dar forma a una interesante construcción histórica; entre otras cosas, rescata un pasaje poco conocido de la vida del deán de la catedral de Puebla, Dr. Ramos Arizpe. Sucedido durante sus últimos años de vida, ya retirado de la actividad política nacional y ejerciendo su alto cargo de deán. En ese tranquilo retiro, el oriundo de Coahuila, llamó a doña Josefa Ramos Valdés, sobrina suya que residía en el Saltillo y que había quedado viuda, del empresario español de origen vaso don Domingo Ibarra, a fin de que se trasladara a la ciudad angelopolitana y, según la tradición, le acompañaran en las actividades y servicio durante sus finales años. Con ella viajaron desde la capital del entonces Departamento de Coahuila sus cuatro hijos Domingo, Francisco, Manuel y Concepción Ibarra Ramos, quienes entrarán no solo a ser testigos de la etapa final del deán Ramos Arizpe que señalamos, sino que llegan a formar parte de un proyecto educativo que en la hasta la fecha famosa “casa del deán”, frontera a la catedral impulsara Ramos Arizpe. Ahí dentro de un ambiente liberal se formaron, además de los citados sobrinos, José María Lafragua e Ignacio Comonfort, el primero quien desde muy tierna edad se desempeñó como escribiente en la misma catedral y con el paso del tiempo, y la formación privilegiada, llegó a ser un reconocido político y ministro de gabinete, quien nos legó además de su trayectoria en las instituciones, una importante colección de documentos e impresos, que actualmente se dividen la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y la Universidad Nacional de México, en la así llamada Colección LaFragua; y el otro llegó a alcanzar la presidencia de la República al triunfo del Plan de Ayutla. Los sobrinos de Ramos Arizpe, Domingo y Francisco incursionaron también en la vida política de la capital poblana; el ejemplo de su tío, tutor y formador, sin duda fue de primera importancia y determinante en aquellos jóvenes que huérfanos de padre, dejaron la ciudad de Saltillo para ir a la compañía y amparo de su ilustre tío, conocido y respetado tanto en aquellas tierras como en su solar nativo. Ocuparon ambos andando el tiempo la gubernatura de Estado de Puebla, don Domingo Ibarra en 1846 a 1847, durante los difíciles momentos de la intervención angloamericana y Francisco Ibarra Ramos ocupó la gubernatura de Puebla en tres ocasiones en 1854, 1856 y 1862. Además, don Francisco Ibarra, quien murió en la ciudad de México en 1893, muy pronto fue declarado Benemérito del Estado en reconocimiento a los servicios que durante tantos años prestara al Estado. Su recuerdo, lejano por la distancia, no nos es familiar, porque median tierra y tiempo, pero nos transporta esta noticia descubierta por Rodríguez Gutiérrez hacia la ciudad en que expiró el gran coahuilense Miguel Ramos Arizpe y donde dejando su estela de experiencia política, sus dos sobrinos destacaron ampliamente en el foro político poblano. A la muerte del deán, tocó a ellos organizar sus honras fúnebres y elaborar una primigenia biografía que fue base de posteriores estudios del personaje. Al realizar la oración fúnebre a su benefactor, daban forma a un pasaje que debe ser orgullo de los coahuilenses; en fin un viejo capítulo de la historia del Chantre que no debemos olvidar, antes al conocerlo lo debemos recordar.



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