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17Octubre2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

Un valor compartido…

Nuestros pueblos han estado siempre unidos por el valor y la visión de numerosos hombres y mujeres que al perseguir sus sueños, han impulsado y nutrido nuestros intercambios

y con ello la historia de la humanidad. En ambos lados del océano que nos une la voluntad y el esfuerzo de europeos, latinoamericanos y caribeños, impulsa y fortalece la relación entre nuestras naciones.

 

En el ámbito económico, científico o artístico, en el mundo de las ideas o en la acción, en cada campo de la actividad humana, día con día constatamos la importancia y la riqueza de los lazos entre naciones México es una Nación que cree firmemente en los principios, los valores y las instituciones de la democracia; que está convencida que el diálogo y el respeto al derecho son la esencia de todo régimen democrático.

 

De la misma manera, el diálogo y la cooperación solidaria entre las naciones son la base de un régimen internacional de paz, de armonía, de justicia y desarrollo compartido, de respeto a los derechos humanos, de respeto a la naturaleza, de un régimen que basado en los principios y las normas de convivencia y  Derecho internacional, permita que nuestro esfuerzo conjunto fructifique.

 

Son muchos los retos que enfrentamos el principal es, sin duda, la superación de la pobreza, la promoción humana, superar la marginación que en mayor o menor grado afecta a millones de personas en nuestras regiones.

 

La democracia funciona. Un régimen que respeta y fomenta las libertades individuales, que impulsa la participación social y el desarrollo colectivo a través del talento y la contribución de sus integrantes, se traduce en una sociedad no sólo más rica y con más valores, sino también más justa.

 

La democracia funciona, funciona como lo muestra bien el doble proceso de integración y desarrollo que han seguido las naciones de la Europa Comunitaria.

 

La experiencia europea, es decir, la conjunción de democracia y Estado de Derecho, respeta las libertades y derechos esenciales de las personas, así como un modelo económico que fomenta el desarrollo humano y la integración de la cooperación regional, constituye un ejemplo digno de emulación. No hay desarrollo sin democracia, ni democracia que sobreviva a la falta de desarrollo.

 

Al recibir el Premio Nobel de Literatura, Octavio Paz se preguntaba: ¿Qué nacerá del derrumbe de las ideologías? ¿Amanece una era de concordia universal y de libertad para todos o regresarán las idolatrías tribales, los fanatismos religiosos con su caudal de discordia y tiranías?

 

 

 

Al referirse a América Latina, y por supuesto a México, Octavio Paz se preguntaba si nuestras naciones alcanzarían la verdadera modernidad que, según apuntaba, no es únicamente democracia política, prosperidad económica y justicia social, sino es reconciliación con nuestra tradición y con nosotros mismos.

 

Imposible saberlo --se respondía el poeta-- pues el pasado reciente nos enseña que nadie tiene las llaves de la historia. Y en efecto, nadie tiene las llaves de la historia pues ésta se escribe día con día con nuestras acciones, con nuestras decisiones.

 

Y aunque en el panorama actual existen elementos que parecerían apoyar los temores formulados por el poeta, creo también que son muchos más los elementos que hoy le permitirán albergar fundadas esperanzas de un futuro mejor para toda la humanidad. La consolidación de una Europa unida por la paz, la cooperación unida por el desarrollo a través de la reciente ampliación de la Unión Europea, es uno de esos ejemplos.

 

América Latina y el Caribe que consolidan sus instituciones democráticas, que luchan por situarse en el lugar que les corresponde en el mundo contemporáneo en virtud de su hondura histórica, de su cultura, de su densidad económica y demográfica, es otro de estos elementos para el optimismo.

 

Hoy aquí estamos escribiendo la historia que queremos, la que deseamos forjar. En lo personal siempre he creído, junto con el filósofo Ortega y Gasset, que el pasado compartido nos une tanto a los hombres y a los pueblos como la esperanza de un futuro en común.

 

En nuestro país compartimos con orgullo una identidad histórica, un presente de amistad, armonía y cooperación, solidaridad, no sólo política y económica, sino también científica, tecnológica y cultural.

 

Sin embargo, lo más importante es que también compartimos una visión de largo plazo, un esfuerzo conjunto y cotidiano, orientado a construir un mundo libre y democrático, pacífico, próspero y justo. El trabajo todo lo vence.

 

Estoy convencido de que América Latina, El Caribe y la Unión Europea deben de tener un papel preponderante en la conformación de un nuevo orden internacional, en donde el multilateralismo y la cohesión social se traduzcan en un mundo más seguro, más equilibrado, próspero y justo.

 

Tenemos la voluntad, tenemos los medios, tenemos los valores para lograrlo; con las velas desplegadas, con toda la fuerza de nuestro ánimo inflamándolas, podemos zarpar juntos hacia un futuro de libertad, justicia y desarrollo compartido.

 



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