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30Abril2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015


Oscar Pimentel González*

 

La gobernabilidad es una manera de dirigir una colectividad a través de la cooperación e interacción entre el Estado y los diversos actores sociales en la toma de decisiones públicas, mixtas y privadas. La gobernabilidad es la manera en la cual el poder es ejercido para el manejo de la economía y de los recursos sociales para el desarrollo. Por esto, resulta difícil de creer que, paradójicamente, la mayor amenaza para la gobernabilidad de nuestro país en estos últimos años proviene de quien tiene la responsabilidad política y el mandato constitucional de garantizar la estabilidad y concertar las acciones para la solución de nuestros problemas: el Ejecutivo Federal.

 

No es necesario ser un observador muy acucioso para darse cuenta que no hay prácticamente ningún ámbito de la realidad nacional en el cual no se haya provocado, desde el gobierno, turbulencia y confrontación, rispidez y polarización, con las nefastas consecuencias económicas y sociales que todos conocemos. Se han cancelado en los hechos las posibilidades de lograr acuerdos a favor del país.

 

La lógica de poder ha estado presidida por un afán desmedido de legitimidad, cuyas consecuencias están destruyendo, literalmente, el tejido institucional y social de la nación. Ahí está la estrategia de guerra en contra del narcotráfico y sus contraproducentes resultados: un país sumido en el horror y calificado como uno de los lugares más peligrosos del mundo. No se han querido escuchar las propuestas para acordar una política de estado centrada en la seguridad ciudadana y la mejora a fondo del aparato de justicia.

 

El otro empeño que preside la acción de gobierno es la conservación del poder a toda costa. Por encima de los intereses de México, independientemente de los resultados que la gente percibe de los gobiernos panistas y sin ninguna reserva para hacer alianzas con cualquier fuerza política, aún con aquellas que nunca han reconocido al Ejecutivo, se trata de evitar que el PRI triunfe en el 2012. Todos los recursos institucionales y políticos, legítimos o no, están en juego para lograr este propósito.

 

 

 

 

El Ejecutivo incumple su mandato constitucional como Presidente de todos los mexicanos para ejercer el gobierno como jefe máximo de su partido.

 

Por sus conductas y su discurso, cada día pierde más la credibilidad. Utiliza los aparatos de seguridad y de justicia con fines electorales y luego pide la colaboración de los partidos políticos adversarios al suyo. Pretende la colaboración de los grupos parlamentarios mientras teje alianzas en contra de quien espera el respaldo a sus iniciativas. Arremete contra los priístas en una arenga frente a sus funcionarios y a los pocos días convoca a la unidad de esfuerzos para resolver los problemas del país.

 

En su relación con las fuerzas políticas diferentes al PAN los resultados del gobierno son verdaderamente desalentadores. Ha dinamitado una por una las posibilidades de lograr acuerdos y cooperación en los grandes problemas del país.

 

Y ahora viene la turbulencia que provoca la postulación del director del Banco de México a la presidencia del Fondo Monetario Internacional al mismo tiempo que el Secretario de Hacienda anuncia, con el evidente respaldo del Ejecutivo, sus aspiraciones a ser candidato a la presidencia de la República. En este escenario, lo menos que cabe esperar es escepticismo y cautela de los agentes económicos frente a una posible serie de decisiones orientadas más por la lógica de la sucesión presidencial que por las necesidades de la economía nacional.

 

La posible decisión del Ejecutivo de que el Secretario de Hacienda sea el candidato para el 2012, hace previsible una situación de confrontación dentro de su propio partido.

 

En otro frente, pero también resultado del ambiente de ingobernabilidad que se fomenta, el conflicto de los grandes grupos económicos que controlan las telecomunicaciones afecta las condiciones de acceso de millones de mexicanos a estos medios, indispensables en todos sentidos. El gobierno no atina a resolver las disputas y hacer valer la rectoría del Estado a favor de los usuarios.

 

 

 

 

 

 

 

A todo lo anterior habría que sumar la desorganización, ineficiencia e incompetencia del gobierno, que ya se refleja en una caída notable en muchos de los indicadores internacionales. Desde el deterioro de la competitividad, la falta de trasparencia y la corrupción, el bajo desempeño del sistema educativo, el crecimiento de la pobreza y la desigualdad, hasta el clima de violencia y violación a los derechos humanos. No en balde, para el Banco Mundial México ha quedado fuera de la clasificación de las economías emergentes.

 

Hoy, el gran reto para los mexicanos y para todas las fuerzas políticas y ciudadanas, es reconstruir las bases de la gobernabilidad democrática. El futuro del país debe estar por encima de las pugnas que se fomentan desde el gobierno.

 

El reconocimiento de la pluralidad, el diálogo y la restauración de las condiciones mínimas de credibilidad y de confianza, son indispensables para rescatar a la política como un poderoso instrumento de cambio.

 

 

 

*Vicepresidente de la Fundación Colosio, A.C.

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