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12Diciembre2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015


Cuando le demos mayor importancia a las necesidades educativas de nuestro país, seguramente la economía y el desarrollo nos enseñarán su cara positiva de manera permanente.

Cuando seamos una sociedad que prefiera leer libros y textos serios, de investigación y de cultura, en vez de lectura chatarra contenida en diarios morbosos, tendremos derecho a ser reconocidos internacionalmente por nuestro grado de cultura e intelectualidad y no sólo por los tacos, el tequila y el mariachi.

Cuando dejemos de ver en los adultos mayores, personas con capacidades especiales, niños y demás sectores vulnerables de la población una carga educativa, formativa, alimentaria y de desarrollo, sabremos que estaremos apostando las mejores cualidades de nuestra sociedad a un futuro mejor.

Cuando estemos conscientes de que por mucho que critiquemos o insultemos al que piensa distinto que nosotros, no vamos a lograr que éste cambie su manera de pensar, lograremos el respeto y la tolerancia entre desiguales.

Cuando optemos por actuar de manera coordinada sociedad y gobierno, cada uno desde la esfera de responsabilidades que le correspondan, veremos cambios reales y benéficos para satisfacer las necesidades comunes.

Cuando evitemos la doble moral en nuestras conductas dentro de la sociedad en que vivimos, seremos acreedores a que se nos trate de manera justa y se observen y protejan íntegramente nuestros derechos.

Cuando busquemos beneficios colectivos y no sólo los de carácter individual, nos caerá el veinte que todos somos Uno y, por lo tanto, como es arriba, es abajo.

Cuando valoremos, por un lado, el trabajo de quienes día con día nos proporcionan servicios básicos, lugares donde estudiar y aprender, plazas para esparcimiento, hospitales para nuestra salud y centros de trabajo donde explotar nuestros conocimientos y, por el otro, el esfuerzo de quienes a través de la iniciativa privada generan empleos y promueven la economía, entenderemos que las cosas no son gratis, que todo lleva una entrega, un sacrificio y un esfuerzo digno de ser reconocido.

Cuando las propuestas para mejorar las cosas que nos afectan, sean más en cantidad que las críticas a la función de nuestros gobernantes, le daremos una herramienta más a la democracia para fortalecerse.

Cuando asumamos la responsabilidad con nuestro entorno y dejemos de ser únicamente un agente explotador de recursos naturales, podremos disminuir los efectos negativos en los ecosistemas y en nuestra propia salud.

Cuando la libertad de expresión se ejerza dentro de un marco de respeto a los derechos de terceros, otros derechos y libertades se fortalecerán.

Cuando se acaben los pequeños actos de corrupción, por muy simples que sean, como pedirle al oficial de tránsito que nos deje ir a cambio de “mordida” con tal de no recibir el castigo por pasarnos un “alto”, o pedir trato preferencial en un trámite burocrático porque nos da flojera seguir todos los pasos como lo hace el resto de la gente, podremos obligar a los gobernantes a erradicar en su totalidad las conductas corruptas dentro de la función pública.

Cuando no nos sintamos ajenos a las necesidades de la población marginada y, al contrario, participemos en diversas acciones para ayudarles, podremos sentirnos merecedores de lo que tenemos.

Cuando dejemos de agobiarnos y quejarnos por la monotonía de nuestras actividades y seamos creativos en cambiar pequeños detalles de las mismas, veremos el lado amable y afortunado de realizarlas.

Cuando tengamos un espíritu fortalecido por la ética y los valores, independientemente del método o religión que sigamos, habremos comprobado lo bien que se siente practicar la compasión hacia los demás.

Cuando veamos en el servicio a los demás una manera de servirnos a nosotros mismos, se irán apagando los lados negativos del poder, la ambición y el egoísmo.

Cuando tengamos la capacidad de sonreír y agradecer por las cosas que tenemos y podemos hacer, adquirirá mayor valor nuestra vida y nuestras capacidades.

Cuando dejemos de juzgarnos unos a otros por nuestras preferencias políticas, ideológicas, sexuales, de edad, condición económica y social, realmente pondremos en práctica el respeto: base fundamental para fortalecer la democracia que tanto necesitamos.

Cuando los pies no se nos despeguen de la tierra y pongamos nuestro granito de arena en cualquier acción de las descritas arriba, o de otra que se te ocurra, ya habremos mejorado en algo.

 

mayte cepeda

@mayteeeee



Mayté Cepeda Valdés

Licenciada en Derecho, con Título de Suficiencia Investigadora en Derecho Ambiental y candidata a Doctora en Derecho por la Universidad de Alicante. Directora de Asuntos Legislativos de la Secretaría de Gobierno del Estado. Enfoque en los temas de medio ambiente y derechos humanos. Instructora de Yoga.

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