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25Septiembre2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

FECHA por 

“Marcial…Marcial…¡Oh Marcial Maciel!...”.

¿Cómo imaginar que un hombre, como Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, propuesto para vivir el camino hacia su beatificación, sea acusado de pedófilo, homosexual, toxicómano, mujeriego, con hijos de por medio, y homicida?

 

¿Por qué hoy podemos conocer estos hechos, que en tiempos pasados, aunque existían, eran vedados al común de los mortales?

 

La modernidad hijastra de la globalización ha puesto en crisis a las instituciones generadoras de valores, como lo son la familia, la religión, la economía, la educación y la política; y peor aún, ha utilizado a los medios de comunicación para desnudar sus miserias ante la sociedad.


Rota queda la crédula ingenuidad del pasado que creía a pie juntillas en la familia machista centrada en el padre, en la fe y obediencia incondicional a los sacerdotes católicos, en la decencia y buenas costumbres encarnadas en el banquero, empresario o comerciante, en la entrega mística y bien intencionada del maestro y, finalmente, en la responsabilidad del militar de ofrendar su vida por la patria.

 

Ante este hecho, los medios de comunicación han asumido el papel de “portadores de la verdad” o “jueces de la moralidad social” para desnudar, muchas veces, por exigencias del “rating comercial”, la corrupción, impunidad, hipocresía o doble moral de los padres de familia, sacerdotes, banqueros, empresarios, comerciantes, maestros, políticos y militares, quienes en algún momento se sintieron cobijados por un sistema que protegía y reforzaba dichos comportamientos.

 

Hoy, los medios de comunicación, sin escrúpulo ético, muchas veces, revelan, sin pudor alguno, las miserias que emergen de la descomposición moral de la familia, la religión, la economía, la educación y la política en nuestra sociedad, como si dichos medios existieran aparte de la misma sociedad

 

Empero, la pregunta es: ¿Nos ayuda saber de nuestras miserias que añaden incertidumbre y complejidad a nuestras vidas, o sería mejor ignorar que existen, para vivir en un estado de perpetua virginidad pleno de seguridad y simpleza? La alternativa es clara: madurar para crecer acorde a los nuevos tiempos, o aferrarnos a un pasado que nos infantiliza.

 

Hoy es preferible saber de la violencia intradoméstica y del incesto familiar. De los sacerdotes pedófilos, homosexuales, toxicómanos, mujeriegos y homicidas. De los maestros que lucran con la misión de educar a nuestros hijos y en ocasiones hasta abusan de ellos. Hoy es mejor conocer de los banqueros, empresarios y comerciantes hipócritas y explotadores. Y de los políticos y militares corruptos e impunes. Hoy es importante saber de hechos que siempre existieron, y preferimos soslayar.

 

Digerir esta información nos obliga evitar la pontificación moralista que nos evade de la realidad añorando un pasado que no regresará; y también, la de un cinismo militante que refuerza un comportamiento individualista, competitivo y depredador.

 

Conocer las entrañas de nuestra sociedad, nos compromete y responsabiliza a adoptar una postura de optimismo racional que permita reconstruir un encuentro con el hombre y sus potencialidades a partir de una aceptación radical de sus limitaciones en un contexto de incertidumbre y complejidad.

 

La tarea consiste en edificar instituciones dinámicas y flexibles, propias de una sociedad abierta, transparente, crítica y con capacidad de autoregulación ética y moral.

 

Una sociedad, en la cual, existan modelos de familias diferentes; un ecumenismo religioso que integre de manera decidida la participación de mujeres y laicos en sus estructuras, y reafirme una opción preferencial por los pobres; un sistema banquero, empresarial y comercial verdaderamente responsable del desarrollo económico, social y medioambiental; un gobierno y partidos políticos comprometidos radicalmente con la transparencia, la participación ciudadana, la seguridad pública, la erradicación de la pobreza, la economía del conocimiento y la sustentabilidad del medio ambiente. Siempre con una visión de Estado, no coyuntural, sino de largo plazo.

 

Los cimientos de esta sociedad del siglo XXI estarán basados en una búsqueda de la equidad de género entre mujeres y hombres; y una igualdad social entre pobres y ricos, jóvenes y adultos, capacitados y discapacitados, niños, jóvenes, adultos y ancianos.

 

¿Demasiado optimista y poco racional? La otra alternativa es simple: Cubrirnos con el manto de Marcial Maciel en su versión moralista o cínica para evadir o destrozar las esperanzas posibles del hombre. Nada menos. Nada más.

 



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