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30Marzo2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

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La guerra sucia: apuesta de los perdedores

Las últimas semanas, los coahuilenses hemos sido testigos de una intensa campaña negra o guerra sucia electoral en contra del candidato del PRI a la gubernatura Rubén Moreira Valdez.

 

De esta campaña negra se habían desligado Guillermo Anaya Llamas, candidato del PAN al gobierno del Estado y el dirigente estatal de este partido Carlos Orta Canales, argumentando una verdad de Perogrullo: que era anónima, cosa que después quedo desmentida, cuando montaron el supuesto secuestro de dos de sus militantes que repartían panfletos, al declarar que sí estaban relacionados con esas personas y sus actividades, a las que calificaron de “ejercicio democrático y libre expresión”. Entonces, para los dirigentes panistas los chismes son “una guerra sucia democrática”. En esa campaña negra se han dicho muchas cosas, hay acusaciones sin ningún sustento, que son graves difamaciones.

 

En este contexto se advierte que Guillermo Anaya, la dirigencia panista y sus asesores, apostaron a revertir su desventaja abismal haciendo una guerra sucia electoral. Para ello contrataron a un experto en confundir al electorado y dividir a la ciudadanía.

 

Guillermo Anaya, en lugar de acercarse a gente que pudiera ayudarlo en la elaboración de su plataforma de campaña y de propuestas electorales, se inclinó por la asesoría de Antonio Solá,  publicista español nacionalizado mexicano cuyo único éxito ha sido asesorar la campaña del ahora Presidente Calderón en la elección presidencial de 2006, en donde acusaron a Andrés Manuel López Obrador de ser un peligro para México.

El mismo Solá declaró en el registro de Anaya como precandidato que participaría con su amigo (cliente) en la campaña de Coahuila.

 

Desde entonces, mucho se ha hablado de Antonio Solá, incluso se ha querido crear un mito alrededor de este personaje, pero lo cierto es que todas las campañas en América Latina que ha asesorado (salvo México en 2006) han sido un rotundo fracaso.

 

En Guatemala, en 2007, asesoró la campaña de Otto Pérez Molina, y éste perdió contra el actual presidente Álvaro Colom. En 2009, en El Salvador, fue uno de los estrategas principales de la campaña del ex paramilitar Rodrigo Ávila, y también fue derrotado de manera contundente por Mauricio Funes, ahora presidente, quien no desestimó la campaña en su contra y les respondió, logrando el convencimiento de los electores.

 

En nuestro país, Solá ha participado en el diseño de estrategias de guerra sucia en las elecciones a gobernador de Chihuahua, Durango y Tlaxcala, asesorando a los candidatos panistas que perdieron las elecciones.

 

Todas estas elecciones tuvieron un denominador común: la difusión de todo tipo de acusaciones infundadas, chismes mentirosos y agresiones personales en contra de sus adversarios mejor posicionados en las preferencias electorales utilizando panfletos, algunos medios de comunicación y principalmente el Internet.

 

En Coahuila, Guillermo Anaya y sus asesores tenían la peregrina idea de que en sólo 6 meses (de enero a junio) podría remontar su adversa situación en las encuestas en base a generar escándalos, pero para desgracia de Anaya, el resultado fue insustancial: algunas encuestas lo sitúan en la misma posición, y otras más señalan que está a la baja, lo que demuestra que sin trabajo político no funciona ninguna estrategia electoral, pues en política no hay milagros.

 

Las graves acusaciones de la campaña negra se basan en rumores mentirosos, que de tanto repetirlos pretenden hacerlos verdaderos. A estas alturas del proceso electoral, Anaya debería darse cuenta que la estrategia que implementaron él y sus asesores, y a la cual le ha dedicado todo su esfuerzo, no ha permeado en la sociedad coahuilense, porque carece de datos que la sustente y pruebas que la respalde. Estas ocurrencias sólo son acusaciones superficiales, con el agravante que son anónimas, es decir, incubadas en la cobardía.

 

Otra falta de respeto al electorado coahuilense es el discurso maniqueo del PAN y de sus “asociaciones civiles”, que para tratar de polarizar las fuerzas electorales dividen a la sociedad en “buenos y libres” (que supuestamente son ellos), y los “acarreados, ignorantes y hambrientos” como califican a los simpatizantes de Rubén Moreira. En esta apolítica visión no consideran que los que menosprecian y ofenden con esos calificativos son la mayoría, y ellos, los “libres de pecado y buenos”, son unos cuantos.

 

Guillermo Anaya debería replantearse cómo hacer que su campaña sea civilizada, para que la elección  sea un verdadero ejercicio democrático que invite a los ciudadanos a creer en los procesos electorales, aún cuando el PAN pierda la elección. Finalmente así es la democracia… lo demás es cizaña que contamina y divide a la sociedad en momentos en que los mexicanos requerimos estar unidos.

 

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twitter: @alexrobledof



Alejandro Robledo

Licenciado en Derecho con Maestría en Gestión Pública. Enfocado en temas de Participación Ciudadana, Derechos Humanos y Análisis de la Pobreza. Columnista de varios períodicos y de revistas online.

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