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18Noviembre2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015


En junio de 2011 se cumplirá un año desde que José Saramago dejó este mundo.

Hay quienes afirman que lo han visto pasear por las playas de Lanzarote, su voluntario exilio canario, pero al intentar acercársele no encuentran de él ni la huella en la arena. ¿Un fantasma? ¿Gente que lo extraña y desea devolverlo a la vida?

Lejos de querer emular al Dr. Frankenstein, me permito invitarlos a revivir al ilustre escritor portugués de una manera más sana y menos escabrosa: leamos su obra. Y es que José Saramago escribe para ser leído, para provocar una revolución interna. En El cuento de la isla desconocida nos adentra, paradójicamente, en una salida: la que debemos hacer de nuestro interior para saber quiénes somos realmente, y cito:

“[...] pero quiero encontrar la isla desconocida, quiero saber quién soy cuando esté en ella, No lo sabes, Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres”.(pp. 47)

Para ello, valiéndose de muchos de los elementos del cuento tradicional, recrea una ficción en un reino como mandan los cánones, con rey, castillo y señora de la limpieza, y no en esos actuales de galas benéficas de la Cruz Roja y princesas acartonadas.

Nos presenta la lucha de un hombre y su sueño, encontrar la isla desconocida, en un mosaico atemporal pero fácilmente reconocible como propio de nuestros días, a pesar de que el texto está basado en un hecho real ocurrido en Portugal siglos atrás. La historia es contada por un narrador omniciente que nos presenta a un extraño personaje que todo lo que desea es hablar con el rey y hacerle él mismo una petición. Desde ese momento está transgrediendo las leyes, que obligaban a quienes querían algo de éste, pasar por una burocracia de ida y vuelta, en forma de pirámide invertida, hasta llegar a la señora de la limpieza, encargada de abrir la puerta de las peticiones, y quien finalmente daba las respuestas del rey.

Por presión popular consigue el barco, y no sólo eso, sino también a su primer y único tripulante: la mujer de la limpieza, que abandona el palacio para seguirlo. Esa disposición nace más de la voluntad inquebrantable que ha observado en el hombre, que de la suya propia. Todos los marineros del puerto, lo tomarán por loco, inmersos en su vida de certezas incuestionables, donde la posibilidad de una isla desconocida, no entra en sus planes.

Pero todo el cuento no es más que una inmensa alegoría, donde la isla desconocida es el yo profundo de cada uno de nosotros, hacia donde nos invita Saramago a dirigirnos para, cambiando poco a poco nuestro entorno más cercano, un entorno donde tengan cabida los sueños y las ilusiones, lograr cambiar el mundo que tenemos, lleno de injusticias, que nosotros mismo hemos construido.

En sus poco más de setenta páginas, podemos encontrar referencias intertextuales, que van desde pasajes bíblicos, con la clara referencia del Arca de Noé, los cuentos de tradición oriental de Las mil y una noches, o a El Quijote, como si la mujer de la limpieza se convirtiera por arte y gracia de la intertextualidad, en el Sancho de Cervantes a la búsqueda de la Ínsula de Barataria. Y lo hace Saramago con una prosa dinámica, ágil, saltándose a la torera las reglas de redacción de las escuelas de letras.

Dos clases de valentía se unen en el cuento: la de quien bajo el amparo de un sueño persigue éste sin importarle nada, representado por quien pide un barco al rey, y el valor de quien se embarca en los sueños ajenos sabiendo que nada puede ser peor que la triste realidad que vive. Dos sueños distintos pero una misma determinación.

 

Y qué isla desconocida es esa que tú buscas, Si te lo pudiese decir, entonces no sería desconocida, A quién has oído hablar de ella, preguntó el rey, A nadie, En ese caso, porqué te empeñas en decir que ella existe, Simplemente porque es imposible que no exista una isla desconocida.

 

Si encuentra El cuento de la isla desconocida, cómprelo, léalo, reléalo y saque conclusiones, si puede o quiere. Si lo de usted es flojera mental, por lo menos le aseguro que se habrá divertido un buen rato con un cuento que en menos de una hora, pasará al acervo de su memoria como un libro más leído, con su correspondiente muesca en el cinturón de su conocimiento.

Además el final del cuento es inesperado, que no insospechado: empiezan a encontrarse en sí mismos y el amor en el otro; encuentran la isla desconocida. Pero no se preocupe, posible lector, que no le he contado más que la mitad  a medias, lo que suele ser una gran mentira. Lea el cuento y sabrá de lo que le estoy hablando.

 

José Saramago, El cuento de la isla desconocida. Santillana Ediciones Generales, S.L. Mayo 2002, 75 pp.

 

JOSÉ ANTONIO SANTOS FERNÁNDEZ

 



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