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20Octubre2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

Hace unos días recibí una inesperada invitación.

Una llamada de la escuela de mi hijo solicitándome de favor acudir a brindar una breve plática ante mi hijo y sus compañeros de grado. Hasta aquí todo excelente, no se me ocurre algo tan motivante como contribuir aunque sea un poco en la formación de mi hijo y sus amigos en el entorno escolar. Sin embargo, el reto estuvo en que mi hijo está en primer grado de preescolar y el tema era el de moda: la violencia.

 

Muy complicado resultó esbozar algunas palabras para un auditorio de cientos de pequeños que no rebasan los 7 años, cuya inocencia es cada vez más vulnerable y termina perdiendo terreno ante el entorno que hoy los rodea: menos años que los dedos de una sola mano y ya se cuestionan si lo que se escucha son cuetes o balazos, si tantas patrullas y sirenas se deben a que persiguen a los malos o a que se escapó un dinosaurio, si lanzarse al suelo es por seguridad o para jugar al  “gusanito”, les parece sin sentido que los soldados y policías estén disfrazados si hace tanto calor y no se puede jugar con ellos.

 

Fue así como me encontré frente a los niños, quienes después de cantar el himno nacional, honrar a nuestra bandera y recibir “polvos cósmicos” de un personaje que se llama “Sparky”, escucharon a este improvisado orador que trató de hablarles del respeto, de la honestidad, de la amistad y lo importante que es convivir en un ambiente sano, practicando deporte y sin promover prácticas que lleven a la violencia. ¿En qué momento construimos el complejo ambiente en el que tienen que vivir nuestros hijos ahora?

 

Pocas veces gobierno y sociedad trabajan tan coordinadamente como en esta época, desgraciadamente, no es para construir. Por un lado tenemos autoridades empecinadas en sostener una guerra demasiado costosa en todo, con el pretexto de un noble fin, no importan los medios que se requieran para obtenerlo: dinero, armamento, recursos económicos, humanos y materiales, certeza, tranquilidad, prosperidad, hasta llegar a sacrificio de vidas humanas inocentes. Uno de los principios de cualquier planeación es la Factibilidad, lo que se planee debe ser realizable, todo indica que en este caso no será así. Pero existen también los principios de Flexibilidad y Cambio de Estrategia, su nombre lo indica, replantear el camino a seguir. Señores con todo respeto…qué están esperando?

 

Cerrando la pinza estamos nosotros, la sociedad, quienes nos hemos vuelto indiferentes a tantas y tantas señales que desde que nacen nuestros hijos comienzan a ver: solo trabajar es la prioridad, el consumismo es lo habitual, los valores se dicen y de vez en cuando se practican, la televisión es el mejor aliado para calmarlos sin importar la programación (novelas fogosas, lucha libre, caricaturas sin gracia pero con sangre), videojuegos mochando cabezas, en algunos casos, incluso gritos y hasta golpes en la propia familia. Entonces no nos extrañemos, no nos preguntemos que está pasando, mejor exijamos a nuestras autoridades lo mejor para nuestros hijos, sin olvidar que debemos ser los primeros en brindarlo.

 

 

 

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