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19Noviembre2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

Salvador Hernández Velez

Fractalidades

Hace unas semanas escribí un artículo sobre el café descafeinado. Recibí diferentes opiniones sobre el placer de degustar una taza de café, ahora se las comparto.

Pepe del Río Lima me comentó: “Gracias por participarme de tu suculenta columna editorial. Al leer la forma de preparar el café de tu abuelita, se me antojó repetirlo pero ¡oh sorpresa!, ya no tenemos estufa de leña ni utensilios de peltre que agregan especial sabor a las bebidas y alimentos. Ya no existe el café Colón con su sabor y aroma de tradición. Ya no utilizamos leche de cabra entera. Al final de la lectura, me conformé con un café instantáneo con crema en polvo, qué diferencia. Gracias, porque viví el momento y mentalmente degusté contigo el exquisito café de tu infancia”.

Germán Darwich dice que él lo toma siempre negro. Recordó que lo acompañaba con un taco de tortilla, recién salida del comal, con chile de molcajete y sal. Por su parte, Rodolfo Esparza, escribió: “Cotidiano tema, y ciertamente entretenido, por diversas cosas que suceden en torno al café y su disfrute; en lo particular me sorprende escuchar los efectos que tiene el café en sus organismos, según lo refieren las personas, dudando si son ciertos o no, ya que a mi nada me sucede salvo el placer de disfrutarlo”.

Y ahora, va éste de Ana Luz Celayo: “Perdón, pero en ningún restaurante hacen el proceso de descafeinado, además nunca preguntamos qué marca es el café o qué especificaciones tiene. Por otra parte, yo he observado en varios lugares que sirven el mismo café a las cafeteras, nada más usan diferente color de asa en las jarras. Pero la observación más importante, no hay café más delicioso que el que se hierve en una jarra de peltre y se sirve en un jarrito de barro. Ya me antojaste y me tomaré uno a tu salud”.

A la vez, Nidda Rocío Micher, externó lo siguiente: “Creo, independientemente, de lo que pudiesen arrojar ciertas pruebas de laboratorio, que está relacionado con varios factores, entre ellos: 1. La mente, misma que lee e imprime inconsciente y subconscientemente cualquier cantidad de información directa e indirecta. En esta categoría entran también los productos ‘light’ y toda la serie de productos que se venden por televisión para adelgazar, hacer ejercicio sentado y demás. 2. La mercadotecnia y la publicidad que se sustenta en la primera disciplina, ambas directamente concatenadas al primer punto y 3. El que hubiese, como dices, diversos niveles de concentración de cafeína, según la variedad del grano”.

Ramón García de la Cruz me mandó lo siguiente: “Me encantó tu artículo sobre el café descafeinado. Y muy similar a tus vivencias, las mías me hicieron retrotraer y zambullirme en los ya lejanos y felices momentos de mi infancia, cuando en casa de mi cariñosa abuela, observaba la jarra del café ya sin su tonificante líquido, pero que en el fondo conservaba sus ‘asientos’. Haz de cuenta que vi una película completa en blanco y negro. A mí el café siempre me lo daban negro, porque si lo ingería con leche; me caía mal y causaba estragos. En relación a los consumidores del recientemente denominado ‘café descafeinado’, igual que a ti, me ha tocado participar en diálogos semejantes con amigos y familiares, con el mismo desconocimiento y las mismas dudas sobre el tema tratado en tu escrito”.

Finalmente, este comentario de Enrique Herrera, quien trabaja en una empresa relacionada con la cafeína, creo que es de especial interés y nos comparte una visión diferente: “El costo que tu mencionas en el cual no hay diferencias entre un café normal y el descafeinado se debe en gran parte a que la cafeína extraída al café se vende a un precio muy elevado (principalmente para adicionar a bebidas o medicamentos), debido al alto costo que deriva del proceso de descafeinización. Normalmente en un café o en restaurante no afecta el costo de entre los dos tipos de cafés, por eso es el mismo precio, no así cuando pides un café con leche deslactosada, ya que ahí sí la deslactosada cuesta un poco más que la normal y ese costo va con cargo al consumidor”.

Este tema del café no deja de ser apasionante, sobre todo entre los amantes de beber diariamente esta deliciosa bebida. Ya sea para iniciar el día, para acompañar el desayuno, para mantenerse alerta en una sesión de estudio, para aderezar una sesión de trabajo o simplemente de charla, en donde antes de tomarlo disfrutamos de su olor y de su sabor en nuestro paladar, a la vez que lo compartimos.

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