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17Octubre2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

Fausto Alzati Araiza

La riesgosa coyuntura que atraviesa la economía mexicana exige que el secretario de Hacienda, doctor Luis Videgaray, tome el liderazgo del gabinete económico del presidente Enrique Peña Nieto para poner en práctica un paquete de políticas públicas que no sólo revivan el crecimiento económico de México, sino que lo hagan con la mayor creación de ocupación productiva posible. Sobre todo, para los jóvenes. Ésa puede ser su mejor plataforma hacia el futuro.

Y no se trata de abrir las compuertas del gasto corriente recurriendo al endeudamiento público para financiar un presupuesto deficitario. Eso no haría sino desplazar de los mercados financieros a la inversión productiva privada. Por el contrario, lo que se necesita es desplegar una estrategia integral y agresiva para llevar a las regiones y localidades deprimidas del país la inversión extranjera directa con innovación, junto con la educación media superior, en especial la técnica, que detonen el crecimiento de la producción de manufacturas y, con ella, la creación de ocupación productiva y remunerada para los jóvenes.

Urge que la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, que encabeza Gerardo Ruiz Esparza, concentre esfuerzos y recursos en las zonas y municipios con abundancia de jóvenes desocupados o subocupados, de manera que puedan instalarse ahí sin desventaja las plantas industriales, en especial las automotrices, de electrodomésticos, aparatos electrónicos, farmacéuticas, etc., que ofrezcan a los jóvenes oportunidades para “aprender haciendo” y obtener una remuneración adecuada y acorde con su creciente productividad. Muy de cerca, tan sólo un paso atrás, deben ir ProMéxico, de Francisco N. González Díaz, y Conalep, que con gran talento dirige Candita Gil. El reto de transformar la desesperanza en entusiasmo y la atonía en crecimiento no puede esperar más. Debemos aplaudir la baja inflación alcanzada. Pero su contraparte no debe ser el crecimiento insuficiente. La pradera social está seca y la violencia sigue presente.

Un estudio publicado por el Banco Mundial informa que en América Latina se gasta menos del 2% del PIB en infraestructura. Esta cifra es notoriamente menor a la invertida entre los años 1980 y 1985 (3.7% del PIB). De acuerdo al Banco Mundial, para lograr un crecimiento adecuado y poder crecer en infraestructura (tal como lo hicieron Corea y China) se debería invertir del 4 al 6% del PIB. En esta investigación se destaca que un incremento en la calidad de la infraestructura puede ocasionar que el ingreso per cápita anual suba de 1.4 a 1.8% del PIB. También, gracias a estas mejoras, se podría reducir la desigualdad entre la población.

Sería desastroso eludir los ajustes de fondo mediante salidas falsas de endeudamiento insostenible, como ocurrió en el fatídico 1982. Esta coyuntura crítica debe aprovecharse, sin perder un solo día, para acelerar y amplificar la capacidad exportadora no petrolera de México. Hay capacidad ociosa y es posible incrementar rápidamente la producción en sectores como el automotriz y el de la electrónica, entre otros. También el turismo puede contribuir de manera considerable. Ayudará para lograrlo el crecimiento de la economía de Estados Unidos, que la reducción en los precios del petróleo está ayudando a consolidar. Pero todo esto ha de hacerse sin perder de vista la prioridad que debe tener la creación de ocupación productiva y bien remunerada para los jóvenes.



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