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20Octubre2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

FECHA por 

EPN y la transformación del sistema jurídico mexicano

A contrapelo

Xavier Díez de Urdanivia

"Estamos preparando otra gran transformación, a fin de revisar el andamiaje jurídico, que incluye reformas a la Constitución y a leyes secundarias”, dijo el presidente Peña Nieto en una ceremonia hace un par de semanas.

Señaló que dichas reformas habrán de inscribirse en lo que ha dado en llamar "justicia cotidiana" y no dejó entrever siquiera de que podría tratarse la tal transformación jurídica del país.

Alguna pista existe, porque sobre ese tema existe ya una propuesta que le formulara el CIDE, que satisface los requisitos que parecen necesitar aquellas que son adoptadas, sin mucho reparo, por la oficina del Ejecutivo, y acaban convirtiéndose en leyes tras recorrer el peculiar proceso de contrapesos que vive México, fincado en una no muy efectiva "división de poderes".

Lo más cercano a una definición que se tiene del concepto –elemento indispensable para promover e instrumentar reformas que aspiren a ser eficaces- son las palabras del presidente en el mensaje que se llamó “Por un México en paz con justicia y desarrollo”, el 27 de noviembre de 2014.

Dijo entonces que la justicia no se agota –lo que es obvio- en el ámbito penal, porque hay “una justicia olvidada, la justicia cotidiana, aquella que demanda la mujer, a quien le niegan el divorcio, el trabajador al que no le pagan su salario, o quien no puede cobrar una deuda”; es decir: el aparato estatal de impartición de justicia tiene tantas facetas como actividades normadas existen, porque en todas ellas caben desviaciones de la norma que requiere ser enmendadas jurisdiccionalmente.

Es cierto, como reconoció el presidente, en esos ámbitos la justicia “suele ser lenta, compleja y costosa”, lo que limita y aun anula el fundamental derecho de acceso a la justicia, pero hay que tener cuidado, no sea que, primero, se siga la práctica de adoptar –si siquiera adaptar- modelos ajenos, so pretexto de estar “a la altura de los estándares internacionales” –sea lo que sea que tal cosa signifique- y, después, se tome tal cosa como pretexto para “simplificar” las cosas por el camino de la ya excesiva concentración de poder en el centro y, más propiamente, en el Poder Ejecutivo de la Unión, que se deposita –no hay que olvidarlo- en una sola persona.

El tema central, si de justicia se trata, estriba en procedimientos engorrosos, innecesariamente complejos, y en la lejanía entre los ciudadanos y los órganos jurisdiccionales, no más.

Hay en ello un gran vacío, evidente por obvio, que sin embargo no parece ser atendido: la justicia llamada “de barandilla”, que es por definición ágil, efectiva, llana, porque sus procedimientos suelen no ser rigurosamente formales, se litiga oralmente y las partes litigantes se plantan directamente ante el o la juez y de manera directa plantean sus pretensiones y agravios.

Hacen falta, también, más jueces y juzgados, el desarrollo de un sistema alterno de solución de controversias –no uno que sea apéndice de los poderes judiciales- y descongestionar los procedimientos para, por ejemplo, ejecutar los laudos arbitrales y ejecutar los convenios, pero también las sentencias, que no es poca cosa el problema que ello representa hoy en día.

En fin, que no es necesario bordar mucho ni quemar muchas neuronas para desenredar lo enredado, aunque pudieran existir muchos nudos gordianos. Lo que se necesita es una revisión acuciosa de los procedimientos, para simplificarlos sin detrimento de la función de garantizar los derechos puestos en lisa, y cuidar bien la capacidad y honorabilidad de los jueces y funcionarios judiciales. Sin ello, nada se andará, por más que se busquen etiquetas novedosas y modelos por copiar.

La justicia que falta no es la que imparten los jueces; es la de cada día, producto natural de una virtud cívica y política también ausentes, que se necesitan cultivar, y para eso no es requisito reformar ningún marco jurídico, sino respetarlo y ver que se cumpla.

Mientras esto no ocurra, el cangrejo seguirá caminando hacia atrás.



Xavier Díez de Urdanivia

Xavier Díez de Urdanivia es abogado (por la Escuela Libre de Derecho) Maestro en Administración Pública (por la Universidad Iberoamericana) y Doctor en Derecho (por la Universidad Complutense, Madrid). Ha ejercido diversas funciones públicas, entre las que destacan la de Magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Coahuila, del que fue Presidente entre 1996 y 1999, y Abogado General de Pemex. Ha publicado varios libros y muy diversos artículos en las materias que constituyen su línea de investigación, e impartido conferencias, seminarios y cursos sobre las mismas. Actualmente es profesor de tiempo completo en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, donde imparte cátedra e investiga en materia de Derecho Constitucional, Teoría y Filosofía del Derecho y Teoría Política. También es colaborador de la página editorial de Zócalo y de Cuatro Columnas (de la Ciudad de Puebla), y lo ha sido del Sol del Norte y El Diario de Coahuila, así como de los noticieros del Canal 7 de televisión de Saltillo, Coah.

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