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24Junio2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

Urge devolver a todos los jóvenes mexicanos la esperanza en un porvenir de oportunidades y no de frustración.

No más rechazados en el IPN
Lo que resiste, apoya.

Jesús Reyes Heroles.

El activo infinitamente reproducible por excelencia es el capital humano y su expresión más valiosa es el talento creador de riqueza de los científicos, tecnólogos e innovadores de una nación. Las naciones hoy más ricas y poderosas del orbe son aquellas que oportunamente han sabido transformar sus excedentes de riqueza en capital humano de excelencia. La riqueza agrícola y minera se volvió inagotable en la medida en que se convirtió en laboratorio, universidades y en empresas tecnológicamente avanzadas. Pero nada de esto dio frutos sino por el esfuerzo consistente de varias generaciones para invertir sus ahorros en generar, difundir y avanzar los conocimientos de auténticos ejércitos de investigadores, ingenieros y empresarios innovadores, todos ellos de excelencia.

Una nación con futuro debe asegurar que los frutos de la explotación de su patrimonio no renovable se inviertan en la creación de un patrimonio perpetuamente renovable, que sustente el bienestar de la presente generación y el de las venideras. Y es sabido que el único patrimonio inagotable es la combinación de los recursos humanos altamente calificados con el conocimiento que se produce, difunde y reproduce constantemente.

Urge devolver a todos los mexicanos, sobre todo a los jóvenes, la esperanza en un porvenir de oportunidades y no de frustración. No porque asusten en sí mismas, sino que inquietan las manifestaciones de estudiantes irritados por las oscuras perspectivas que el futuro inmediato les ofrece y por la insensibilidad de gobernantes y políticos ante este predicamento. Poco daño hacen, más allá de entorpecer por unas horas el tráfico urbano. Tampoco reside el mayor riesgo en el aprovechamiento político que quieran darles quienes las ven fantasiosamente como el preludio de la gran “revolución de masas” que se han pasado la vida esperando.

Ninguna tarea debe tener mayor prioridad de aquí en adelante que la de garantizar que ni un solo joven mexicano se vea excluido de la oportunidad de recibir educación superior de calidad. No hay excusa alguna que lo justifique. Cada joven rechazado”, cada “nini”, es una vergüenza nacional y una semilla de violencia. Hoy se hace indispensable dar acceso a la educación superior a los mexicanos que aún están excluidos de ella. Y en México, por razones de sobra conocidas, sólo la universidad pública tiene las condiciones y las capacidades para acometer este reto. Con la concurrencia, quizá, de aquellas instituciones privadas de educación superior que decidan ser más que fábricas masivas de “profesionistas”, para ser verdaderas universidades. No sólo reproductoras, sino productoras de conocimiento. La UNAM hace décadas que tomó ese camino, con espléndidos resultados que son ya orgullo de México a escala global. Ahora le toca al Instituto Politécnico Nacional dar un salto cuántico en esa dirección. Más allá de las indudables glorias del Cinvestav.

He ahí la gran oportunidad y el gran reto de Enrique Fernández Fassnacht. Deberá ser capaz de convencer al presidente Enrique Peña Nieto y al secretario de Educación Pública, Emilio Chuayffet Chemor, de que tienen la irrepetible oportunidad de conquistar la base de apoyo popular que necesitan para transformar a México. La conquistarán de inmediato si deciden comprometerse públicamente con la suficiencia presupuestal a las universidades públicas, y en especial al IPN, de modo que no haya más jóvenes “rechazados”. No hay tiempo que perder.

Twitter: @alzati_phd



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