Screen

Profile

Direction

Menu Style

Cpanel

29Abril2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

Es necesario reestructurar a fondo la composición del gasto público.

El Presupuesto de Egresos de la Federación no puede seguir siendo el resultado de ejercicios meramente inerciales e incrementales. Su estructura responde a las condiciones de una economía de bajo crecimiento y alta desocupación, así como a prioridades cortoplacistas. Ahora se hace necesaria una visión de largo plazo para un México exitoso, en crecimiento, con plena ocupación y bienestar social generalizado y en aumento. Necesariamente se requiere una estructura presupuestal radicalmente diferente. Por el lado del ingreso, la primera prioridad debe ser reducir la dependencia de los ingresos del fisco federal con respecto de los ingresos por exportación de hidrocarburos.

Mantener una política fiscal orientada al crecimiento, implica tener finanzas públicas en equilibrio (déficit cero) y minimizar los requerimientos financieros del sector público, evitando desplazar a la inversión privada de los mercados de crédito. Esta es la premisa fundamental de cualquier propuesta de política hacendaria que aspire a ser congruente con los objetivos de alto crecimiento y plena ocupación. Más aún, hacer de ese equilibrio una condición estructural, y no meramente coyuntural, de las finanzas públicas debe ser el principal e irrenunciable objetivo de dicha política.

El secretario de Hacienda del presidente Enrique Peña Nieto, el doctor Luis Videgaray Caso, está poniendo en práctica una política hacendaria orientada a detonar y sostener una alta tasa de crecimiento y a que éste sea lo más incluyente que resulte posible en vista de la difícil coyuntura económica global a que México se enfrenta. Su objetivo ha de ser el diseño y aplicación de una política macroeconómica capaz de lograr el máximo crecimiento en medio de la compleja coyuntura global que se avizora en el horizonte de los próximos años.

Pero, para apuntalar un crecimiento acelerado y sostenido en el largo plazo, es también necesario e impostergable rediseñar los sistemas públicos y privados de pensiones, seguridad social, prevención y atención sanitaria, para que integren un sistema nacional de atención universal integral. Pero esto ha de hacerse sin elevar la carga tributaria sobre las actividades de alta productividad y su contribución al crecimiento. A este esfuerzo deberá sumarse un conjunto de políticas encaminadas a expandir aceleradamente la oferta de servicios educativos, tanto pública como privada y social, elevando su calidad y su relevancia productiva así como su contribución a la expansión del acervo nacional de habilidades y conocimientos.

Para conseguirlo, será necesario reestructurar a fondo la composición del gasto público, privilegiando la inversión pública en capital humano (educación, salud, ciencia, innovación y combate a la pobreza) y en infraestructura que directamente facilite y potencie a la inversión productiva privada, en especial la extranjera que incorpore innovación de vanguardia. Ni las peores políticas públicas pueden descarrilar por mucho tiempo a una economía real saludable. Tampoco las mejores políticas públicas y todo el gasto presupuestal juntos pueden reanimar el crecimiento de una economía obsoleta cuyas fuentes de productividad están agotadas. Y una economía saludable es aquélla en la que existen muchas fuentes de innovación, productividad y crecimiento interactuando dinámicamente. Es cierto que no hay soluciones mágicas a los problemas de México, salvo una que casi lo sería: un alto crecimiento económico que en pocas décadas elimine la subocupación.

Twitter: @alzati_phd



DEJA TU COMENTARIO

Ingresa datos requeridos(*) Código Básico HTML Habilitado

¡Síguenos también en las Redes Sociales!

TwitterFacefooter

twitter Facebook