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29Abril2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

FECHA por 

El potencial democrático del sistema federal

A contrapelo

Xavier Díez de Urdanivia

En el permanente “estira y afloja” de los juegos de poder, los tiempos que corren se han caracterizado por una grave tendencia a la concentración, lo que pone en riesgo los equilibrios básicos de la democracia, especialmente cuando ésta se pretende en entes complejos, extensos y de variaciones culturales notables.

En México, se ha expresado esa tensión en el debut de organismos y leyes "nacionales" y en el abuso, grotesco y desenfadado, de "leyes generales", categoría normativa de no muy clara definición y dudosa tradición democrática en México.

Es esa, a no dudarlo, una manifestación de hedonismo político que ignora la historia y las realidades de nuestro país, no mira más allá de un inmediato plazo, y apuesta por un hedonismo de gestión que pretende, a todas luces fallidamente, superar las crisis crónicas que se han arraigado hace casi cinco décadas en nuestro país.

¿Falta de imaginación creativa? Sin duda, pero además, vacío de sentido común, razonamiento y saber, porque existe una técnica que ya ha demostrado eficacia, en el terreno de los hechos, para la solución de cuestiones que plantean problemas de integración y articulación similares a los que se enfrentan en los terrenos político y jurídico de la actualidad, en Mexico y otras partes del mundo.

Se trata de un conjunto de instituciones, reglas, prácticas y procedimientos políticos y jurídicos integradores de una estructura legítima de poder, en la que equilibradamente concurren niveles de participación social efectivos para contrarrestar lo mismo las desigualdades entre los seres humanos, que los excesos de aquél, así como para encontrar esquemas de articulación sistémica de diversos ordenamientos jurídico-políticos autónomos, de modo tal que la armonía del sistema deja espacio para distribuir entre ellos complementariamente, conforme sea más adecuado, las competencias jurídicas.

El principio que anima a tal metodo ofrece soluciones factibles a través de fórmulas que permiten la coexistencia de poderes autónomos en los asuntos y matices que a cada unidad autónoma correspondan, con órganos y materias comunes a todas, con ámbitos regulados de cooperación y coordinación entre todos los componentes en las tareas que así lo demanden.

Ese método es el federalismo, apto para instaurar mecanismos dinámicos de integración política y social, basados en la idea de una cooperación pactada para establecer reglas de operación en una comunidad compleja.

Dentro de un marco común, diferentes entidades autónomas, se unen en un sistema que las engloba para asegurar los fines comunes, entre los que debe contarse precisamente la conservación y perfeccionamiento de las identidades de cada una, sin menoscabo de la fortaleza adquirida por la unión de todas y la factibilidad en la solución de las materias comunes.

El principio federativo permite un diseño concéntrico de integración que, partiendo de los núcleos más reducidos de la organización del poder, avance en el sentido de la agregación hasta abarcar, incluso, el orden global, en el que podrán expresarse bien los principios de una composición integrada del poder político en torno de los demás elementos del sistema social, y todo ello sin la ridícula pretensión de resolver los desafíos de la integración operativa anulando a la porción -más abundante y rica, por cierto- de los componentes.

La integración armónica que la técnica federativa propicia es una solución que incluso podrá siempre ofrecer los espacios y medios que las sinergías sociopolíticas demandan, proveyendo los medios jurídicos para que, ordenadamente, se expresen las fuerzas lícitas, se neutralicen las que no lo sean, y el poder se constituya y ejerza con el soporte de una plena legitimidad democrática.

Si la riqueza está en la diversidad, la mejor opción para consolidarla y propiciar su acrecentamiento esta en integrar dinámicamente sus elementos dispares, no en anularlos mediante recursos inusitados, que lejos de abonar a la causa común, operan en contra del interés general y abonan a una nueva hegemonía, peor incluso que toda otra anterior de las que ha padecido México.

“Unir sin unificar” es la consigna.



Xavier Díez de Urdanivia

Xavier Díez de Urdanivia es abogado (por la Escuela Libre de Derecho) Maestro en Administración Pública (por la Universidad Iberoamericana) y Doctor en Derecho (por la Universidad Complutense, Madrid). Ha ejercido diversas funciones públicas, entre las que destacan la de Magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Coahuila, del que fue Presidente entre 1996 y 1999, y Abogado General de Pemex. Ha publicado varios libros y muy diversos artículos en las materias que constituyen su línea de investigación, e impartido conferencias, seminarios y cursos sobre las mismas. Actualmente es profesor de tiempo completo en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, donde imparte cátedra e investiga en materia de Derecho Constitucional, Teoría y Filosofía del Derecho y Teoría Política. También es colaborador de la página editorial de Zócalo y de Cuatro Columnas (de la Ciudad de Puebla), y lo ha sido del Sol del Norte y El Diario de Coahuila, así como de los noticieros del Canal 7 de televisión de Saltillo, Coah.

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