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21Febrero2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

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La única salida para México es el crecimiento

Urge depurar los tres niveles de gobierno de la influencia criminal y poner en marcha la dinámica del crecimiento acelerado.

La única salida para México, hoy, es el crecimiento. La austeridad es la mejor receta para la violencia. Caerán sin remedio los gobernantes que persistan en esa falacia. Ya lo entendieron en Grecia. Pronto lo entenderá todo el mundo. México sufre violencia y deterioro institucional a causa de un crecimiento económico insuficiente para eliminar la subocupación y la pobreza extrema. En particular, de regiones severamente deprimidas desde hace siglos, como las que han cobrado notoriedad en Guerrero, Michoacán, etc. Por eso, tan urgente como reestructurar a fondo el aparato nacional de seguridad y depurar a los tres niveles de gobierno de la influencia criminal corruptora, es poner en marcha la dinámica del crecimiento acelerado.

Un análisis estadístico de 100 años del crecimiento económico de México, de 1895 a 1995, y la evidencia, hasta ahora disponible, muestran que los Presidentes de la República, cuyas políticas más contribuyeron al crecimiento económico de México fueron, en ese orden, Porfirio Díaz Mori y Carlos Salinas de Gortari. Por desgracia, Díaz murió exiliado en París. Sin embargo, Salinas de Gortari, mexicano de excepcional inteligencia y fino tacto político, bien podría encabezar un pequeño, pero selecto, consejo de estadistas y hombres y mujeres de negocios, ciencias, artes y letras que ayuden al gobierno y a México a recobrar y mantener el rumbo hacia la prosperidad democrática.

Es tiempo de dar un verdadero golpe de timón, que convenza y no deje lugar a dudas. Una estrategia eficaz para recobrar el crecimiento sostenido y rápido habrá de ser, necesariamente, el resultado de un vasto proceso político de construcción de consensos. Sólo la restauración de la concordia nacional y gobiernos legítimos, con amplio sustento democrático, permitirán a México recuperar el crecimiento y la esperanza. Sobre todo en las regiones y municipios más afectados por la presencia del crimen organizado, con todas sus secuelas de corrupción y violencia. De ahí que, una vez más, se insista en que urge reestructurar a fondo el aparato nacional de seguridad, así como depurar los tres niveles de gobierno de la influencia corruptora del crimen organizado y, adicionalmente, se ponga en marcha la dinámica del crecimiento acelerado.

El exorcismo más eficaz y duradero para los demonios que despertó Ayotzinapa, y demás, es atraer flujos masivos de inversión extranjera directa, que traigan consigo innovaciones capaces de generar nuevos sectores e industrias con potencial para incrementar la productividad y el dinamismo de cadenas productivas y regiones enteras. O bien de reactivar industrias y regiones estancadas por haberse aislado de la dinámica competitiva global, como las de Guerrero, Oaxaca, Tamaulipas, Michoacán, etc., que hoy han cobrado notoriedad.

El 2015 debe pasar a nuestra historia como el inicio de una nueva era de crecimiento. Las condiciones están dadas para que la inversión llegue a las zonas donde impera la marginación. Los flujos deben venir de fuera o carecerán del componente innovador indispensable para modificar el “equilibrio estancado” de una economía que, sistemáticamente, condena década tras década a una parte de la fuerza laboral a la subocupación. El crecimiento económico de México se ha mantenido por debajo de su potencial. Esto ha sido un factor decisivo en la acumulación de rezagos sociales que contribuyen a la inseguridad y la violencia. Es indispensable una agresiva estrategia de atracción de inversión extranjera directa innovadora. Austeridad o crecimiento.



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