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24Junio2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

Marcos Durán Flores


Dogma de Fe

Recuerdo con claridad que a la primera que llego a la casa materna le dimos el nombre de “Splash”, por la película que en los años 80 protagonizó Tom Hanks. Luego siguió “Arnold”, a quién nombramos así, por la serie de televisión del actor Gary Coleman. Llegamos a tener tantos, que nuestra imaginación se agotaba e incluso les dimos nombres de canciones de los Beatles: “Penny Lane” y “Michelle”; pero fue la “Monina”, hija de “Splash”, quien acaparo el corazón de toda la familia. Hubo un momento en que tuvimos 12 en casa.

Mi hermano y yo aun nos reímos, recordando que doña María, la nana que cuidaba de nosotros, les ponía los mismos nombres a los de su casa. Eran y son perros que nos hicieron divertirnos, enojarnos y preocuparnos, pero sobre todo quererlos. Amigos que provocaban las mismas preocupaciones que los humanos, pero que a diferencia de nosotros, comparten su amor y lealtad a toda prueba. Eso sí, cada 30 días, al llegar la luna llena, recordaba la frase del escritor rumano Valeriu Butulescu que dijo que “El perro que ladra a la luna está convencido de que la luna lo oye”. Y es que los aullidos son un recordatorio de su pasado. Una investigación publicada en la revista “Current Biology”, reveló que la domesticación del perro inició hace 27 mil años, esto de acuerdo al análisis genético de un fragmento de mandíbula de un lobo siberiano de 35 mil años de antigüedad.

El análisis del genoma asegura que el perro lobo de Taimyr, representa el más reciente ancestro común entre lobos y perros modernos. Los análisis de ADN mostraron que los perros husky de Siberia y Groenlandia, tiene un número elevado de genes comunes a los del antiguo perro lobo de Taimyr. Esta especie vivió solo algunos millares de años después de la desaparición del hombre Neandertal de Europa y la aparición de los humanos modernos en Europa y Asia.

Y aunque los investigadores no han logrado demostrar como fue que el lobo se hizo perro y se domesticó, Pontus Skoglund, científico del departamento de genética de la Universidad de Harvard, dice que la separación de especies significó precisamente la domesticación y que sucedió mucho antes de lo que pensábamos, que hasta ahora se creía pasó hace 16 mil años.

¿Pero por qué estos parientes cercanos de los lobos son tan amados por muchos de nosotros y porque son tan leales? Y es que si los perros evolucionaron de los lobos, entonces algunos lobos tuvieron haber tenido la capacidad de adaptarse rápido a la brutal selección natural, lo que incluyo alteraciones y diferencias que dieron pie a su mansedumbre y su rasgo único: Su capacidad de entender a los humanos.

La ciencia, ha investigado estas habilidades sociales llegando a la conclusión de que su domesticación, se ha producido gracias a la “hormona del amor” -la oxitocina-. Esa hormona que lleva a la vinculación emocional entre padres e hijos, se libera también con nuestras mascotas.

Los estudios demostraron que acariciar o hacer contacto visual con un perro, desencadena la liberación de oxitocina en el cerebro de un ser humano, e incluso, científicos japoneses han descubierto que la “mirada mutua” entre los perros y sus dueños, pueden conducir a sentimientos similares de afecto como entre los propios humanos.

“Se puede decir que los perros conviven con éxito con los seres humanos, ya que han tenido éxito en la adaptación del mecanismo de unión con los humanos”, dice el doctor Miho Nagasawa, de la Universidad Azabu, Japón.

Los perros tenían originalmente este mecanismo pero fueron los humanos, quienes pasamos por algún tipo de evolución que nos permitió enlazar con otras especies, principalmente los perros.

Hoy, mi historia familiar se ha repitido con mis hijos, quienes también aman a los perros. Ahora y en diferentes épocas, a mi casa ha llegado a alégrarnos la vida “Camila”, “Maggie”, “Chabela”, “Tomasa” y el recién llegado “Aquiles”, a quien de cariño llamamos “Pánfilo”. Es ésa la herencia que hemos decidido dejar a nuestros hijos: viajes, libros y perros, y lo que se puede encontrar en ellos: vonocimiento, amor y lealtad.

Cuánta razón tuvo el gran filosofo alemán Arthur Schopenhauer cuando dijo que “El que no ha tenido un perro no sabe qué es querer y ser querido”.

@marcosduranf



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