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25Junio2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

A contrapelo

Xavier Díez de Urdanivia

Se fue uno que ya quedó inscrito entre los grandes. Su nombre y el de ese estilo que dio en llamarse "realismo mágico" son ya inseparables.

Tuve mi primer contacto con él en el ya lejano 1967 -¿1968 quizá?- cuando un tío mío -escritor, periodista y profesor de literatura- me recomendó, entusiastamente, leer “Cien Años de Soledad”.

No tardé mucho en clavar la nariz en el libro, que se metió en la imaginación, echando a volar en ella los aromas y colores, sonidos emociones, complejísimos, barrocos, de lo que dio después en llamarse “realismo mágico”.

Después siguieron otras novelas y narraciones, pero ninguna como “Cien Años de Soledad” me hizo evocar, inconscientemente al principio y cada vez con mayor lucidez y convicción, algo que no he visto dicho en ninguna parte, aunque si poco se profundiza en la búsqueda, no tarda mucho en aparecer: el peculiar ambiente fantasmagórico que, sin la feracidad de Macondo, se puede encontrar también en la Comala de “Pedro Páramo”, y no sólo eso, sino también un esencial paralelismo entre la magia explícita que se confunde con una realidad implícita en ambas imaginarias crónicas creativas.

Un primer atisbo puede encontrarse en la combinación que tiene lugar, en la obra de ambos autores, con un trasfondo costumbrista -que bien retrata el "alma" de un pueblo, con trazos reveladores y descarnados de su elemental cultura- y el surrealismo que lo envuelve en una fantasía que, en el fondo, no es sino una proyección mágica de esa realidad cultural que caracteriza, como una constante etérea, a las culturas del sur del Río Bravo y que, simbólicamente, hermana a Macondo con Comala y muchos otros pueblos y dimensiones de nuestra América mestiza.

Esta percepción encuentra correspondencia con indicios externos que permiten inferir que no está tan lejana de los hechos.

En “Pedro Páramo”, Juan Preciado promete a su madre, en el lecho de muerte, ir en busca de su padre, a quien no conoce, y para ello parte hacia Comala, un pueblo mítico como Macondo, que en el fondo es el principal protagonista de la novela, donde –en el seno de un territorio que arde como un comal, como “en la mera boca del infierno”- va a encontrar el rumor de las voces de personajes de fantasmagóricos, que tejen una trama de ilusiones, fantasías y deseos, pasado y futuro que se mezclan en la urdimbre, de muertos que siguen vivos y visiones tan fantásticas como las de García Márquez, quebrando la dirección de la “flecha del tiempo” y fundiendo una realidad fantástica con el lirismo de las conversaciones de sus personajes.

Según llegó a comentar ese otro señor de las letras universales que fue Álvaro Mutis, en los años sesenta México era “el país soñado”, “el punto de referencia en América Latina al que todos mirábamos desde el sur como el sitio asombroso y bello", y no tuvo empacho en decir que para él y García Márquez, nuestro país fue un "refugio creador, un país cuya gente y cultura son una fuente de inspiración".

En ese contexto, destaca el hecho de que el propio Mutis recomendó a su paisano, como él transterrado en México, la lectura de “Pedro Páramo”, publicada 12 años ante de que “Cien Años de Soledad” viera la luz y aun de que el gran Gabo resolviera la clave que le permitió prohijar esa su obra cumbre.

Es bien conocido el hecho de que el propio García Márquez contó repetidamente que fue en 1965 cuando, en México, sintió de golpe, casi abrumadoramente, la inspiración para escribir la novela que lo catapultó a la fama ¿Qué tanta influencia tuvo en ello la obra de Juan Rulfo?

No lo sé y es un hecho que nadie podrá disputar a Gabo el papel que se ganó a pulso en la historia de la literatura, pero he creído conveniente destacar que su obra pudo tener raíces más mexicanas que las que suelen atribuírsele.



Xavier Díez de Urdanivia

Xavier Díez de Urdanivia es abogado (por la Escuela Libre de Derecho) Maestro en Administración Pública (por la Universidad Iberoamericana) y Doctor en Derecho (por la Universidad Complutense, Madrid). Ha ejercido diversas funciones públicas, entre las que destacan la de Magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Coahuila, del que fue Presidente entre 1996 y 1999, y Abogado General de Pemex. Ha publicado varios libros y muy diversos artículos en las materias que constituyen su línea de investigación, e impartido conferencias, seminarios y cursos sobre las mismas. Actualmente es profesor de tiempo completo en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, donde imparte cátedra e investiga en materia de Derecho Constitucional, Teoría y Filosofía del Derecho y Teoría Política. También es colaborador de la página editorial de Zócalo y de Cuatro Columnas (de la Ciudad de Puebla), y lo ha sido del Sol del Norte y El Diario de Coahuila, así como de los noticieros del Canal 7 de televisión de Saltillo, Coah.

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