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22Marzo2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

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San Pedro de las Colonias, un relato prestado.

Esta semana se cumplen cien años de la toma de San Pedro de las Colonias Coahuila, hechos fundamentales en el proceso de construcción del México moderno. Acompáñenme lectores a transitar en el relato que Luis Adrián Aguirre Benavides nos brinda en "Las Grandes Batallas de la División del Norte" (Ed. Diana 1965)

Una vez restablecido el orden y nombradas las autoridades civiles y militares correspondientes, en Torreón, Villa pensó en acabar con las tropas enemigas que se habían concentrado en San Pedro de las Colonias, a cuyo mando estaban los generales Javier De Maure, Arnaldo Casso López y otros, que días antes vinieran en auxilio de Torreón, pero que tras sangriento combate con las fuerzas de los valerosos generales revolucionarios Rosalio Hernández y Toribio Ortega, habían tenido que desistir de su intento y refugiarse en aquella plaza, quedando sitiados. En virtud de que De Maure y los otros generales comprendieron que no podían continuar su marcha, ni atacar a los villistas que perseguían a Velasco, consideraron necesario pedir ayuda a Monterrey y Saltillo, y pronto recibieron los refuerzos solicitados, con los que aumentaron su fuerza tanto en hombres como en recursos.Villa consideró que Velasco era un hombre derrotado y que sus deseos por alcanzarlo y aniquilarlo podrían tener resultados desfavorables, y se decidió por atacar la plaza de San Pedro. El 3 de abril ordenó Villa que salieran hacia San Pedro de las Colonias las siguientes tropas: la brigada del general Robles, la brigada del coronel Raúl Madero y parte de las fuerzas de los generales Maclovio y Luis Herrera. Días mas tarde salió la brigada Zaragoza con parte de la artillería, que transportaron por tierra, así como los famosos cañones El Niño y El Chavalillo, que marcharon sobre la vía férrea en sus plataformas. Todo este contingente iba a las órdenes de Tomas Urbina, a quien Villa otorgó el mando de las operaciones. Mientras Villa organizaba el resto de su gente, las fuerzas federales en San Pedro seguían recibiendo refuerzos, y ya en aquella plaza se encontraban, además de las fuerzas del general De Maure, las tropas de los generales Romero y Paliza, la llamada División del Norte federal, al mando del general García Hidalgo y la División del Bravo que Comandaba el general Maass, a quien se consideraba como uno de los mejores y más valientes generales que integraban las filas del usurpador Victoriano Huerta.De acuerdo con los informes de los correos que Villa tenia destacados, las fuerzas enemigas estaban integradas de la siguiente manera: el general De Maure tenia unos 1,700 hombres y 4 cañones; el general García Hidalgo, también con aproximadamente 1,700 hombres y 2 cañones; el general Maass con 1,300 hombres y 4 cañones; El general Romero con unos 500 hombres, y aproximadamente unos 800 al mando de otros generales y jefes de menor graduación, lo que sumaba no menos de 6,000 hombres y 10 piezas de artillería, así como algunas secciones de ametralladoras muy bien abastecidas.Conforme iban llegando a San Pedro las brigadas que el general en jefe despachaba de Torreón, estas se unían con entusiasmo a las que ya estaban en la contienda. Formaban el centro de la línea de combate las brigadas de Tomas Urbina, Resalió Hernández, José Rodríguez y Maclovio Herrera; integrando el ala derecha, que sé extendía por el sur, marchaban las fuerzas de Calixto Contreras, José Isabel Robles, Eugenio Aguirre Benavides y Raúl Madero, y cubriendo él a la izquierda, rodeando por el norte, avanzaban las tropas de Toribio Ortega, Miguel González y Toribio de los Santos.El 5 de abril, concentradas en el sitio la mayor parte de las tropas constitucionalistas, se ordenó que el centro avanzara, y tras de fragorosa lucha que duro hasta las primeras horas del día 6, los revolucionarios se colocaron en su avance a unos 500 metros de la estación del ferrocarril, así como de las casas inmediatas, donde al amparo de gran cantidad de pacas de algodón se atrincheraban las tropas federales.Mientras esto sucedía en San Pedro de las Colonias, el general Velasco, que se organizaba en Viesca, ordenó que la caballería de Argumedo marchara al norte, en tanto que el trataría de mover sus tropas en un intento por re unirse con De Maure, García Hidalgo y los demás jefes federales. Villa se enteró de la marcha de la caballería de Benjamín Argumedo, y luego tuvo conocimiento de que esta fuerza había entrado en San Pedro de las Colonias, tras breves tiroteos con las avanzadas de las tropas constitucionalistas.El día 7 se intentó mandar a Velasco un convoy que transportaba municiones y bastimentos, escoltado por la caballería de Argumedo, pero como este movimiento fue advertido por las fuerzas constitucionalistas que sé encontraban entre Santa Elena y la Candelaria, éstas se lanzaron contra la gente de Argumedo, causándole grandes bajas en sus filas y obligando al convoy a retroceder en busca del refugio de la ciudad. El día 8, sin embargo, volvieron a insistir los federales en la salida del convoy, pero esta vez escoltados por una columna de 2,000 hombres, y con el apoyo de una batería con la que se atacaron las posiciones de Santa Elena. Trabándose en reñidísimo combate, la artillería revolucionaria causó grandes estragos en la columna federal, en tanto que la infantería rechazaba al enemigo, haciéndolo huir en desordenada fuga y a no ser por el auxilio de una nueva columna, de 2,000 hombres también, los federales hubieran perdido su artillería. Esta temeraria acción costó al ejército federal la pérdida de más de 200 hombres.
Viendo que era imposible la salida del convoy que llevaba bastimento y municiones a Velasco, el general Joaquín Maass realizó un valeroso ataque sobre el ala derecha de los villistas, movimiento que aprovechó Argumedo para salir con el multicitado convoy. En esta ocasión los federales vieron coronados sus esfuerzos, pero a costa de la pérdida de más de 300 hombres entre muertos, heridos y prisioneros, sin contar que sus soldados comenzaron a des moralizarse pues comprendían que sólo podrían resistir el empuje revolucionario al amparo de poderosas fortificaciones.En Soledad, hacienda de ese nombre, Velasco recibió medio millón de cartuchos y el bastimento que venía en el convoy escoltado por Argumedo, y se unió a los generales De Maure y Paliza, cuyas tropas integraban el refuerzo de la columna de Argumedo. Luego de municionar a su gente, Velasco, De Maure, Paliza y Argumedo salieron rumbo al norte.
El 9 de abril llegó el general Villa frente a San Pedro de las Colonias, trayendo el resto de sus fuerzas y de su artillería. Enterado por el general Urbina de la situación, se hizo acompañar del general Felipe Ángeles en el recorrido de la línea de combate para hacer el reconocimiento y planear el dispositivo de combate, y ambos estuvieron de acuerdo en que había de reconcentrarse hasta el último soldado de la División del Norte, puesto que su intento era el de tomar la plaza en un término que no excediera de 24 horas.Pero para darle mayor sabor a estas narraciones, consideramos indicado poner en la propia y pintoresca voz del insigne guerrillero, admirablemente captada por la pluma del famoso historiador y escritor Martín Luis Guzmán, el fiel retrato de las batallas de San Pedro de las Colonias y Paredón ».
"Supe luego cómo había habido confusión en la Soledad, pueblo de ese nombre, entre la caballería de Juan Andreu Almazán, jefe de la vanguardia del general Velasco, y las tropas De Maure, de Argumedo y de Paliza, que ya estaban allí aguardando a que el dicho general se les uniera.Aquel suceso, conforme a noticias que a nosotros nos llegaron, pasó de este modo. Dicen que venía al frente de las avanzadas de Alemán un oficial que había peleado en Torreón a las órdenes de Ocaranza, hasta que Ocaranza cayó herido, y que según empezó a enfilar con su gente, ya de noche las calles del pueblo, gritó por fuerza de su costumbre: "¡Viva Ocaranza!", Y que entonces los soldados de De Maure, creyendo oír vivas al señor Carranza, se sintieron frente al enemigo y trabaron el combate, hasta que poco después, y al paso que recrecía la lucha, Almazán se dio cuenta de cómo aquellas fuerzas no eran del enemigo, sino de los federales que les traían auxilio, por lo que detuvo el ataque y retrajo sus hombres mientras también los otros aclaraban su yerro.Cuando así no fuera, es la verdad que las tropas de De Maure y Paliza no sólo no levantaron con su auxilio el ánimo de los hombres que Velasco había sacado de Torreón, sino que se vio en la Soledad, al juntarse las dos fuerzas, cómo las de Velasco eran las que venían más cabales y cómo la conveniencia con las otras empezó a contaminarlas del quebranto que traían las de San Pedro de las Colonias. Nos amaneció el 10 de abril. Viernes Santo de aquel año, en ejecución de las órdenes que yo había dictado para el aniquilamiento total de los 5,000 ó 5,500 federales que quedaban en San Pedro.
Aquella fue pelea muy dura, dirigida desde dentro por Joaquín Maass, que afrontó con sus tropas nuestro ataque del poniente y del norte, hasta la parte de las Carolinas, y por García Hidalgo que defendía al lado del panteón. Se generalizó pronto el combate, y luego recreció con tanta furia que a media mañana los habíamos levantado nosotros de casi toda su primera línea de posiciones, a pesar de serles de muy grande defensa las trincheras con que se abrigaban. Por el lado del panteón, que era el punto que más los amparaba, nuestro avance se hacía con lentitud, porque allí eran mayores los obstáculos que se nos oponían. Por el lado de la estación mi ala izquierda iba empujándolos hasta reducirlos al abrigo de las casas, quiero decir, hasta quedar dueños nosotros de dominarlos en sus movimientos.A las tres de la tarde no bajaban de mil, dentro del cálculo de mi conocimiento de la guerra, las bajas que les habíamos hecho, las más de ellas en las posiciones del panteón. Porque los fuegos de mi ala derecha eran allí de tanta pericia, que a García Hidalgo, según declaraciones de los prisioneros, estábamos dejándolo sin estado mayor y sin oficiales. Y así progresaba nuestro ataque, y así íbamos reduciendo a aquel enemigo, y cercándolo, y dominándolo. Pero sucedió entonces, que nuestra artillería, muy bien emplazada sobre el panteón por Felipe Ángeles, agotó sus proyectiles, seguro de que habían de llegarle pronto otros que esperaba, y aquel contratiempo vino a demorar la parte final de nuestra acción. Digo, que poco después se sintió en Buenavista la presencia de José Refugio Ve lasco, que aquella mañana había salido de la Soledad con todas sus tropas, y como eso significaría peligro para mi ala derecha y la artillería que con ella estaba, tuvimos que abandonar nuestra línea del panteón con todas las grandes ventajas que habíamos logrado en diez horas de combate victorioso.Llegó la vanguardia de Velasco a San Pedro de las Colonias como a las seis de aquella tarde. Emplearon sus fuerzas en entrar a la población desde aquella hora hasta las nueve o diez de la noche, hostilizadas siempre por mis hombres, aunque no con ánimo de comprometer, estorbando aquel movimiento, el seguro desarrollo de la acción, que ya teníamos en obra. Se retiró Raúl Madero con las fuerzas por él tendidas en aquella parte de la línea, más la artillería que le había dejado Ángeles, y lo hizo a campo traviesa, para no trabar encuentro serio con Ve lasco, lo que logró sin grandes dificultades. Porque es lo cierto que aquellas tropas enemigas venían tan limitadas en su impulso, que Raulito pudo apartarse con las suyas bajando y subiendo los cañones al atravesar los tajos que le estorbaban su marcha.
Creo yo que fue buen acto militar no impedir a Ve lasco su reunión con las tropas enemigas que ya teníamos dominadas en San Pedro de las Colonias. Porque no es ley de la guerra que dos ejércitos juntos valgan siempre más que dos ejércitos separados, y eso fue lo que entonces sucedió. Se juntaban en San Pedro un ejército que no había podido resistirme en Torreón, cuando muy buenas fueran sus posiciones, y mucho su material, y muy larga la preparación de su ánimo, y otro ejército que no había conseguido llevar su auxilio a dicha plaza porque se le atravesaron 2,000 de mis hombres. Mirándolo, reflexionaba yo entre mí:«¿Cómo han de poder oponerse al impulso mío estos 10,000 ó 12,000 federales, si su ánimo ha de quebrantarse más en cuanto se vean juntos dentro de la población que han escogido para defenderse?».Y así era. Entraban las tropas de Velasco a una ciudad donde los defensores ya estaban provocando incendios para protegerse de los habitantes, que consideraban gente muy revolucionaria, y llegó él, según se dijo luego, afeando los actos de conducta de los generales que allí tenían mando, sin saber yo ahora si Velasco tuvo en eso razón o no, ni si todos aquellos hombres militares merecían los reproches. Porque siendo cierto que los federales de San Pedro no habían sabido sobreponerse a mis fuerzas, también lo era que para mandar a Velasco un convoy, aquellos generales habían tenido que hacer movimientos que les costaban cerca de 500 bajas, y que la lucha con que me estaban resistiendo ellos en San Pedro al llegar Velasco a unírseles significaba ya pérdidas de más de 1,000 hombres entre heridos, muertos y prisioneros. Delante de lo cual pienso yo: «¡Señor!». ¿En verdad aquellos generales eran de poca pericia y de poco ánimo, o era que toda la pericia suya, y todo el sacrificio de sus hombres, no valían nada para contener en San Pedro de las Colonias, como no lo habían contenido en Torreón, el progreso de la causa del pueblo?».El día 12 de abril, es decir, dos días después de la reunión de aquellas fuerzas usurpadoras, me vi con todos los elementos necesarios para intentar el ataque que proyectaba.
Di orden de echarnos sobre las posiciones enemigas a la madrugada de otro día siguiente, y de tomarlas a sangre y fuego.
Así lo hicimos. Serían las tres y media de esa madrugada cuando ya estábamos encima de ellos en ataque tan poderoso, que del primer empuje algunos hombres míos llegaron a menos de 100 metros del cuartel general enemigo. Se produjo entonces en la cercanía de aquel cuartel una lucha encarnizada, que se prolongó varias horas, y en la cual vino a resultar herido el general Velasco, lo que lo obligó a dejar el mando de todas las tropas. Al principio lo depositó en el general Romero, de quien dicen que no aceptó, y después en el general Maass, que, según ya he indicado, daba muestras de ser, entre todos aquellos hombres de profesión militar, el de más conocimientos tocante a la guerra.
Desde la primera hora de nuestro ataque, los defensores de varias posiciones enemigas del lado del panteón se desbandaron ante el incontenible impulso de mis hombres. Luego supe cómo hubo allí un coronel, jefe de un regimiento irregular, que se suicidó bajo el agobio de que así lo desbaratáramos, y cómo en las peripecias de aquellos primeros momentos de la lucha le causamos a García Hidalgo, junto con otros generales, un total de más de seiscientas bajas.
En la parte de la estación llegamos pronto a meternos entre la infantería y la artillería del enemigo, por lo que ellos entonces, queriendo librarse de tan grave riesgo, y tratando de protegerse con fuego que llaman de bote de metralla, se movieron en forma que les permitió salvar sus cañones, pero que también ayudó a la mortandad que nosotros les estábamos haciendo en la línea que había quedado rota.A las diez de la mañana ya casi teníamos al enemigo sin acción, aunque algo repuesto del desbarate obrado por nuestra primera embestida, y a esa hora era tan grande el número de sus muertos, que todo aquel campo se veía sembrado de cadáveres. Ellos iban retrayéndose al abrigo de los edificios de la ciudad y nosotros empujándolos más y más, y cada vez para su mayor daño; porque atentos ellos al grande peligro de sucumbir allí todos, se acogían a sus trincheras y sus otras defensas en forma que aumentaba el número de las bajas que les hacíamos.
Así lograron sostenerse, aunque cada vez peor, hasta las horas de la tarde, en que volvimos a ver las humaredas de los incendios. Intentó entonces hacer movimiento por el sur la caballería de Argumedo, y por el norte la caballería de Almazán, y como al mismo tiempo recrecieron los fuegos de todos los cañones enemigos, comprendí que aquellos eran preparativos de evacuación, por lo que dicté mis providencias para recoger el mayor fruto posible de la victoria. Es decir, que desbaratamos el avance de la caballería de Argumedo, que tuvo que retroceder en desorden, y a la de Juan Andreu Almazán le cerramos el paso, aunque él se movió con mucha maña, y acrecimos de tal modo la pelea en toda la línea, que en las primeras horas de la noche, y a la luz de los incendios, el enemigo empezó a evacuar la plaza en desorden. Luego supe que algunas de sus fuerzas iban por tren, pero la mayor parte de ellas por tierra, y que casi todas se alejaban ya sin el amparo de sus generales.Hicimos nosotros nuestra entrada a San Pedro de las Colonias en medio de montones de heridos y entre casas que empezaban a arder y otras que ya estaban ardiendo. Nos dejaba el enemigo mucha de su artillería, impedimenta, granadas, carros de municiones, trenes y las más de sus locomotoras. Los heridos eran tantos, que sólo en una bodega de las usadas para guardar semilla de algodón había cerca de seiscientos, todo aquel piso anegado en sangre. Y declaro yo, Pancho Villa, que el enemigo se había visto en tales apuros para efectuar su retirada, que aparecían por cientos los hombres suyos rezagados, o los dispersos que no sabían huir, al grado que muchos de nuestros hombres se presentaban a sus jefes trayendo, cada uno, cuatro o cinco prisioneros.
Esa noche, tras de dar mis disposiciones para que se acabaran los incendios, rendí por telégrafo al señor Carranza, que ya estaba en Chihuahua, el parte de aquel nuevo triunfo ganado por mis fuerzas. Le decía yo:
"Señor, en horas de esta noche, las fuerzas a mi mando, después de derrotar al enemigo, hicieron su entrada a San Pedro de las Colonias, cerrando así un día de combates victoriosos y de gran de fruto para la causa del pueblo. El enemigo, en número de 12,000 hombres, estaba al mando de los generales Velasco, Valdés, Maass, Casso López, De Maure, García Hidalgo, Paliza, Romero, Ruiz, Álvarez, Monasterio, Bátiz, Aguirre, Cárdenas, Corrales, Campa, Argumedo, Almazán y otros menos famosos. Es mucho el material rodante que nos abandonan ellos en su fuga, más once cañones, casi todos sin cierre y algunos quemados de las ruedas, y varios cientos de granadas útiles, y carros de municiones, y servicio de ambulancia con cerca de 1,000 heridos. Propuestas ya a huir, las fuerzas enemigas incendiaron el mercado y el hotel México, la tienda nombrada de "Las Amazonas" y todas las propiedades de la familia del señor Madero. Son muchas, señor, las pérdidas que sufre la población por este acto reprobable, hecho con miras a no sé yo qué beneficio. Si no lograron ellos quemar las más de las casas, donde aparecen toda vía las huellas del fuego, es por obra de los morado res pacíficos de aquí, y de mis tropas, que impidieron que las llamas se propagaran. Según informes dignos de mi confianza, los restos de las divisiones enemigas que aquí estaban reunidas se alejan ahora en des orden rumbo a Hipólito. Creo yo que van en muy malas condiciones, pues es muy grande el estrago que les hemos inferido. De bajas entre muertos, heridos, prisioneros y dispersos, les hemos causado no menos de 3,500. Viva usted seguro que hay brigadas o divisiones que van reducidas a la mitad, o a la tercera parte, y todas, sin descontar una, con el ánimo quebrantado por su grande derrota, nosotros tenemos que lamentar 650 hombres muertos o heridos, ninguno de grado superior a coronel. Como el campo de batalla fue muy extenso, no acabaremos de levantarlo hasta dentro de dos días. Señor, todos los pobladores de San Pedro, ricos y pobres, han pasado diez días de grandes privaciones, por la crueldad de la guerra, pero ya me ocupo de remediarlo en su necesidad. Me manda por eso el cumplimiento de mí deber pedirle a usted el pronto envío de dinero que alivie y levante esta comarca, y encarecerle me surta para satisfacer las necesidades de los 16,000 hombres que están bajo mi mando. Lo saludo, señor, con el gusto de poder decirle que todos los generales y jefes de mis fuerzas han estado al cumplimiento de su deber. También le expreso mi respeto y mi cariño.
-Francisco Villa.-
Otro día siguiente confirmé al señor Carranza, con los nuevos datos que me llegaban, la importancia de aquella victoria nuestra, sabedores nosotros de cómo la retirada del enemigo iba haciéndose cada vez en forma más desastrosa, aunque yo dispusiese, por la mucha fatiga de mis soldados, que estaban sobre sus armas desde el día 22 de marzo, que no se hiciera persecución. Mas en verdad que me quedaba yo seguro de que aquel ejército no resistiría ni el solo anuncio de mi avance.Le decía yo a Felipe Ángeles:
-Esas tropas federales van con ánimo de no encontrar nunca otras fuerzas revolucionarias.
Y como lo considerara él también así, puso al señor Carranza un telegrama para expresarle cuánto tenía que ayudar a nuestro triunfo las fuerzas revolucionarias del Noreste. Éste era el contenido de sus palabras:
"Ciudadano Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, Chihuahua. Señor: Si no fuera por la mucha fama que la toma de Torreón ha levantado por el mundo, esta batalla de San Pedro de las Colonias parecería más importante, pues en verdad que sus resultados superan a los de la otra, tocante a lo político y a lo guerrero. Estaban reunidos aquí, en San Pedro, todos los generales a quienes Victoriano Huerta había dado su confianza, y sabemos, por los telegramas que él les dirigía, y que nosotros hemos recogido en el cuartel general que nos abandonaron, cómo de la protección de ellos esperaba Huerta el sostenimiento de su causa. Y es el caso que ahora esos generales van con el ánimo caído, y sus tropas en condiciones que sólo una peripecia milagrosa conseguiría levantar. Creo yo que si las tropas del general Pablo González se abalanzaran por Hipólito sobre las divisiones que de aquí van a la desbandada, y si también vinieran a encontrarlas las fuerzas del general Cepeda, se lograría el total aniquilamiento de ellas, y quizás eso acabara de una vez con toda la campaña. Le ruego, señor, encarezca al general Pablo González la necesidad de salir al cumplimiento de su deber.-
Felipe Ángeles.
Enseguida transcribimos el parte rendido por el general Carlos García Hidalgo, correspondiente a la batalla de San Pedro de las Colonias.
"Saltillo 21 de abril de 1914. -"C. Gral. Secretario de Guerra.
Muy urgente.—
"Ayer llegué a esta con fuerza mi división que quedaron a quinientos hombres de mil seiscientos que eran. El objeto de mi venida a esta por orden Velasco es evitar congestión de tropas en Hipólito donde no hay recursos comida (mi marcha fue por tierra) así como enviar a las tropas que quedan en Hipólito la mayor cantidad de provisiones. Traje conmigo los heridos mas graves de mi División. Sin perjuicio del parte detallado de los combates habidos en San Pedro y sus inmediaciones, doy a Ud. un breve informe general de las operaciones: día 7 Gral. Velasco en Viesca nosotros en San Pedro se les envió medio millón de cartuchos escoltados por fuerza Argumedo las que fueron tiroteadas y obligadas a re plegarse a la Plaza. Día 8 reforzadas las fuerzas de Argumedo por los Grales Maure, Paliza y protegidas por el flanco derecho por las fuerzas de la División del Bravo (teniendo estas ultimas la misión de atraer al enemigo y batirlo mientras el convoy pasaba acompañándolo hasta dejarlo en salvo) partió el susodicho convoy a las fuerzas citadas lográndose que el convoy llegara a su destino mediante el combate que se pro dujo entre las fuerzas del general Maass y parte de las mías que salieron a auxiliar cuando se recibió aviso de que el enemigo envolvía y traba de cortar su línea de retirada a esta Plaza donde se incorporó después de rechazar al enemigo continuando su marcha el con voy escoltado por fuerzas Argumedo, Paliza y De Maure. El día 10 fue atacada la Plaza de San Pedro por siete u ocho mil hombres y defendida por 3500 hombres al mando de los Generales Joaquín Maass y el que habla; el combate duró 14 horas siendo rechaza dos el enemigo con muy grandes pérdidas. Las fuerzas de mi mando capturaron una bandera. La División del Norte fue la que más sufrió por haber sido los sectores que ocupaban, los atacados con mas encarnizamiento y defendidos con mas tenacidad. A las tres de la tarde mis pérdidas en jefes y oficiales de cuarenta y tres entre muertos y heridos entre los que se contaban un Jefe y cuatro Oficiales de mi Estado Mayor. Este Cuartel dirigió el combate que se des arrolló en perfecto orden y con las alternativas de perder y recobrar varias veces las posiciones ocupadas por mis tropas a costa de grandes pérdidas por ambas partes. El servicio de aprovisionamiento de municiones, distribución de agua, levantamiento del campo durante el combate fue notable como lo prueba el hecho de que él numero de heridos que pasaba de 500 al levantar el campo, después del combate solo hubo necesidad de recoger 43, habiendo sido recogido los demás durante el combate.
Resumen: el enemigo fue rechazado con pérdidas que estimo en mas de 3,000 hombres siendo por nuestra parte también muy grandes al derredor de un poco mas de mil. Como a las cinco de la tarde llegó un correo del Gral. Velasco anunciando la aproximación de la columna y exitandonos para que nos sostuviéramos. Contesté que estábamos bien, que nos sostendríamos siempre y que los esperábamos, a las 6-30 pm debido en parte a la aproximación de las tropas de Velasco y al continuado esfuerzo de las nuestras el enemigo empezó a abandonar sus posiciones siendo perseguido por nuestra artillería y ametralladoras, pues nuestra caballada, dado lo escaso de la guarnición se batía en las trincheras como infantería. A las siete de la noche comenzó a entrar a la Plaza la columna del Gral. Velasco habiéndose logrado la reunión proyectada. El día 13 las fuerzas reunidas del Gral. Velasco y de Maure a las nuestras fueron atacadas por catorce a dieciséis mil hombres a las 3-30 AM asaltando simultáneamente todo el perímetro de la Plaza, algunas tropas de la División del Bravo y la mía atacadas por sorpresa abandonaron sus posiciones retrocediendo el empuje de los bandidos, llegando a 50 ó 60 metros del Cuartel General de Bravo, Nazas y Norte, siendo necesario que el que habla personalmente acompañado de sus Oficiales de su Estado Mayor obligaran a pistoletazos a que las tropas se rehicieran y ocuparan la segunda línea de defensa que habían abandonado. El Jefe del Regimiento de Caballería auxiliar (Di visión del Norte) no pudiendo contener la desbanda da se suicidó. Las fuerzas desorganizadas y reforzadas inmediatamente se ordenó reconquistar sus primeras posiciones lo que se logró a las 10-am mediante el sacrificio de mucha sangre. El empuje principal lo recibió y sostuvo la División de mi mando que al final de combate quedó reducida a un poco menos de la tercera parte siendo muy grandes las bajas en la Oficialidad. De la mayor parte de las casas de la población se nos hacia fuego, por lo que se ordenó fueran incendiadas o destruidas todas las casas que se comprobara eran abrigo de enemigos (paisanos, vecinos de la población) a las tres de la tarde nuestras tropas habían reconquistado todas sus posiciones y se ordenó que la caballería de Argumedo y la de Almanza salieran de la Plaza y trataran de envolver al enemigo, orden que no se cumplió exactamente por negligencia y falta de resolución sobretodo de los de Argumedo que desorganizados y muchos de ellos ebrios no verificaban el movimiento. Desde las tres de la tarde el Gral. de Cuerpo de Ejercito (Velasco) que había sido herido en el brazo izquierdo a las 11-am ordenó se organizara la evacuación de la Plaza en vista de que no quedarían cartuchos sino para otro combate y que después de él las fuerzas del Gobierno encontrarían se a merced del hordas Villistas, que según declaración de los prisioneros que hicimos y que fueron pasados por las armas eran mandados por el traidor Angeles, Raúl Madero, Maclovio Herrera, Aguirre Benavides, Villa y otros bandidos. Los convoyes del ferrocarril con impedimenta llegaron a TÍZOC donde quedaron con fuerte escolta para después de reparada la vía fueran retirados lentamente por vía rota al Oriente de Tízoc, hay convoyes en Hipólito, sé concentraron Divisiones en esta Generales Velasco, Maass, Romero acaban llegar esta por tierra incorporaremos impedimenta. Acabo saber hostilidades rotas con americanos. Felicito a Ud. por todos conceptos. Como siempre estoy listo. Lo abraza con todo respeto.
El Gral. en J. de la D. del Norte.-Carlos García Hidalgo.No cabe duda, la historia es una gran fuente de conocimiento.
José Vega Bautista
@Pepevegasicilia
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