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21Febrero2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

A las faldas del Cerro de las Noas, al poniente de Torreón, está la Colonia Nuevo México. Actualmente está prácticamente deshabitada, sus pobladores fueron desplazados por la violencia en años recientes.

Alrededor de 200 familias vivían en este rincón entre dos cerros, todos ellos dejaron sus casas por temor a constantes enfrentamientos. Llegó el momento en que incluso hubo quien pagó con su vida el intento de ingresar a esta zona para realizar activismo político.

Una vez desalojadas las viviendas, los delincuentes las ocuparon como refugio. Su ubicación permite una fácil vigilancia e imposibilita el acceso por vías alternas. Aunque pareciera que hablamos de sitios remotos debemos ubicar este espacio a escasos metros de las vías del tren, a espaldas de un centro cultural. Un recorrido muestra los horrores de lo que ha pasado. Costaleras que preparan trincheras para resistir ataques y asaltos de grupos rivales o autoridades. Pintas en los muros de uno u otro grupo delictivo, según se dio la ocupación. La disminución de la violencia trajo consigo el abandono de esta parte de la ciudad.

Hoy las familias buscan regresar, pero se encuentran con todo devastado, salvo su amor a su tierra, a su propiedad y a su estilo de vida. Este domingo se hizo una primera brigada de limpieza. En coordinación con las autoridades estatales y municipales se realizaron tareas de limpieza y remoción de escombro. Es el primer paso de lo que seguramente será una labor ardua de reconstitución de una zona de la ciudad de Torreón y de su tejido social.

El modelo nacional de prevención social de la violencia pide trabajar en proyectos como este. Mediante el rescate de espacios públicos y un ataque directo a las causas que generan violencia en los hogares, en las colonias y en las comunidades, se busca reconstituir un tejido social desgarrado por violencia familiar, adicciones, embarazos precoces, entre otros. La violencia de los delincuentes y los delitos no son más que los síntomas de una enfermedad llamada violencia estructural. Con el rescate de esta zona de Torreón y otras tantas en todo nuestro estado estaremos rompiendo un círculo vicioso que hace que la violencia se reproduzca y se perpetúe. En esta tarea hace falta demoler más que construir. Destruir patrones de conducta y de organización de nuestra sociedad que generan violencia.

Lo que pasó en la colonia Nuevo México de Torreón es terrible, no debe volver a suceder. Por eso la autoridad tiene hoy la fortaleza para no volver a permitir que los delincuentes se apoderen de un espacio del territorio. Pero lo que pasó en la Nuevo México debe ser un llamado de alerta de lo que puede pasar si no trabajamos hoy para eliminar la violencia de las siguientes generaciones.



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