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17Octubre2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

Armando Luna Canales

Durante semanas en varios anuncios espectaculares en nuestro Estado se pudieron ver las imágenes de dos personas perseguidas por las autoridades por haber asesinado a sus esposas. Ambos crímenes ocurrieron hace algunos años, y aun estaba pendiente el cumplimiento de las órdenes de aprehensión. El común denominador en dichos expedientes es que el origen estaba en la violencia familiar. Pero ambos se consumaron como feminicidios una vez que las mujeres asesinadas habían buscado la disolución de sus matrimonios mediante el trámite de un divorcio.

Los dos homicidas están tras las rejas. La difusión de las imágenes probó su efectividad y la colaboración de la ciudadanía fue de gran importancia para las detenciones.

Debemos recordar el consejo que hace Nietzche en boca de Zaratustra para cuidar que el enlace matrimonial no se convierta en una mala conclusión. Y en este sentido es indispensable considerar que una de las causas de los conflictos en los matrimonios era la dificultad para romper este contrato. Volviendo a Nietzche coincidimos en que es cosa grande estar siempre juntos, por lo que siguiere prudencia antes de iniciar lo que llama como gran matrimonio.

La realidad es que son muchas las personas que no están preparados o dispuestos a permanecer todo una vida junto a otra persona. Pero por lo mismo no debe ser una tarea casi imposible la disolución. Al hacer más sencilla la disolución civil del matrimonio se permite que muchas familias salgan de ciclos de violencia. Pero también permite que la permanencia sea voluntaria, que no genere ataduras innecesarias y que no llegue a casos extremos como los de estas dos mujeres asesinadas por sus maridos.

En novelas y películas es frecuente que las bodas terminen con la trillada frase de que puede besar a la novia, previa aquella sentencia de que estarán juntos hasta que la muerte los separe. Sin duda es romántica la idea, pero en algunas ocasiones nos topamos con casos en que la muerte llega en forma violenta y no después de una vida de convivencia feliz.

Existen muchas relaciones coronadas por la violencia familiar, y hacer más sencillos los divorcios es sin duda una posibilidad de no exponer a mujeres violentadas a situaciones de violencia extrema o incluso de asesinatos.

Con instituciones como ésta se responde a los requerimientos de la realidad. Permite que quienes quieran vivir una vida juntos lo hagan bajo un régimen legal de certeza, pero también facilita la disolución de aquellas relaciones matrimoniales en donde el amor dio paso a la violencia. Por eso debemos ser claros en que la sociedad requiere una institución que sustituya la frase hasta que la muerte los separe por una mas sencilla, hasta que ambos quieran.



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