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29Mayo2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

Amanda Castillo

Utilizar el transporte urbano o caminar por las calles de una ciudad puede decir de un ser humano casi todo: su poca o mucha educación, su grado de cultura, si es o no una persona empática. El hacer uso de espacios comunes como plazas o transportes urbanos, puede sacar lo mejor o peor de nosotros.

Aquellos que utilizan el transporte público diariamente, comparten todos los días su espacio vital con otras cientos de personas en un lugar ya de por si reducido y por lo regular con sobre cupo. El ceder el asiento a quien carga un bebé, a una mujer embarazada o a una persona de la tercera edad, son reglas básicas de educación que no debiéramos pasar por alto.

El automovilista se queja del peatón pero no respeta las líneas peatonales; el peatón se queja de que el automovilista no lo respeta, pero se falta el respeto a sí mismo cruzando por debajo de los puentes y arriesgando su vida, como si fueran súper humanos inmortales o los coches fueran de hule espuma.

Queremos que el chofer del camión maneje adecuadamente pero no somos ni para darle los buenos días. No generamos la menor empatía con la persona que nos lleva a casa o al trabajo ni pensamos en lo extenuante de su labor. Y todavía cuestionamos el por qué de la jeta del chofer y de su pinche mal humor.

Pedimos un transporte urbano digno pero no nos preocupamos por mantenerlo limpio, por bajar en los lugares destinados. Qué decir de las personas que los pintan, pensando que son muy punks por dibujar mal un enorme órgano sexual en el costado del camión. Alguien debería decirles que no solo no es gracioso, además es trillado y falto de creatividad.

Queremos una ciudad limpia pero sin tener la obligación de buscar un contenedor para tirar nuestra basura, tampoco nos interesa si nuestra mascota fue a cagarle el jardín al vecino, total que su caquita es fertilizante.

Nos quejamos del calentamiento global pero no le damos a nuestros coches el mantenimiento necesario o los usamos hasta para ir al Oxxo de la esquina.

Estoy segura que todos, en algún momento, hemos transgredido alguna de estas normas básicas, por prisa, por inconsciencia, porque al cabo no me tardo, porque al cabo nadie se da cuenta, o simplemente porque nos vale madre.

Si eres de las personas que exige un país mejor, un país más justo, pero te estacionas en doble fila cuando vas a dejar a tus hijos a la escuela, o armonizas un sonoro “chinga tu madre” con el claxon a cada persona que no arranca en el momento justo que el semáforo ha cambiado a verde, que no te sorprenda que tus hijos vivan en un país peor al que a ti te tocó.



Amanda García

Lic. en Derecho

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