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23Marzo2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

Marcos Durán Flores
Dogma de Fe

La periodista Sanjuana Martínez, colaboradora de varios medios de comunicación y ganadora del Premio Nacional de Periodismo y del Ortega y Gasset, se ha especializado en la investigación de los delitos de pederastia clerical en México. La reportera ha denunciado casos como el del cura pederasta Nicolás Aguilar acusado de abusar sexualmente a más de 100 niños sin consecuencias legales. Sanjuana Martínez es autora de varios Ibros entre ellos "Prueba de fe: la red de cardenales en la pederastia clerical", en el cual expone el infierno al que descendió el entonces niño Jesús Romero Colin, violado física y sicológicamente por el sacerdote pederasta Carlos López Valdés. En ambos casos existió dice Sanjuana Martínez, la protección del cardenal Norberto Rivera Carrera que estuvo enterado y jamás los denunció ante la justicia.

La autora relata que, como si la pederastia pudiera curarse, lo que hizo la alta dirigencia de la Iglesia católica fue construir en Jalisco la "Casa Alberione", a cargo del Cardenal Juan Sandoval Iñiguez. Se trata de una clínica especializada en atender a curas pederastas en donde se interna a estos sicópatas, supuestos soldados de Jesús, buscando ocultar en forma oprobiosa su actuar delictivo por el que deberían como cualquiera que comete esos delitos, estar en el lugar donde pertenecen: la cárcel.

Cuanta razón tenía el poeta Francés y Premio Nobel de Literatura Francois Mauriac al decir "No confundan a Jesús, el maestro, con los pobres hombres que le siguen de lejos. No esperen que su inconsecuencia pueda servirles eternamente de excusa". Y es que eso es lo que sucedió y está sucediendo en Saltillo con el escándalo de pederastia cometido por sacerdotes católicos, caso que reconocido su dirigencia. La semana pasada, el padre Pedro Pantoja Arreola aceptó aunque claro, sin señalar que esto sucedio hace años y sin dar nombres nombres, el caso de cuatro curas pederastas. A eso siguió la confirmación de la Diócesis admitio dos casos de sacerdotes acusados de este delito y que hoy se encuentran separados de sus funciones porque el Vaticano decidirá su expulsión. De lado dejó la Diócesis de Saltillo a la justicia de los hombres, pues hasta ahora estos casos no fueron denunciados ante las autoridades civiles y se excusan en que omitieron hacerlo pues "buscaban proteger el anonimato de las víctimas" y claro, de paso protegen a los victimarios.

Al respecto, la organización no gubernamental "Jóvenes Prevenidos" dijo que desde hace una década han denunciado cinco casos de sacerdotes pederastas. Carlos Llamas Gómez, representante de la asociación, dijo que detectaron a varios sacerdotes sosteniendo encuentros sexuales con menores de edad.


Paradójico resulta que al igual que en Jalisco, también aquí se construya un lugar destinado a la rehabilitación espiritual de los sacerdotes que han perdido el camino, se trata de la "Casa Emaús". Sin pudor alguno tomaron el nombre del sitio que la Biblia refiere en que Jesús se apareció a dos de sus discípulos el día de su resurrección.

El libro de Sanjuana Martínez, "Prueba de fe: la red de cardenales en la pederastia clerical", expone pruebas del encubrimiento de Norberto Rivera Carrera y Juan Sandoval Íñiguez. El texto fue prologado por un sacerdote que decía y trascribo textualmente que "la pederastia es un crimen cometido en el ministerio de un sacerdote y que se debe denunciar a los culpables". Y fue más allá pues en el prólogo asegura que "La omisión en el orden de la justicia es una situación que nos lleva a cometer otros errores, pues en ocasiones lo que denominamos normalmente pecados son delitos sancionados dentro del orden jurídico civil. La justicia tiene que ser integral, es la persona del sacerdote a la que se le debe de ayudar seriamente, no solapándolo; y a las víctimas directas debe atendérseles, lo mismo que proteger a quienes son víctimas potenciales". Afirmaba que "el daño que se le hace a las personas injuriadas y a la integridad de la iglesia por medio de la pederastia y delitos similares, cometidos por ministros y otras personas responsables de la misión evangelizadora, es muy profundo". El prólogo del libro lo escribió el Obispo de Saltillo, Raúl Vera López.



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