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29Mayo2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

Marcos Durán Flores

Dogma de Fe

¿Qué tenían en común David de 47 años y residente de Piedras Negras, Gilberto de 63 años que vivía en Múzquiz y de Ciudad Acuña Elías de 52 años?. Que ellos, fueron las primeras víctimas de suicidio en los primeros 20 días del año nuevo. Estos coahuilenses fueron víctimas de la depresión y creyeron haber perdido todo y entonces sin esperanza alguna sintieron que la vida para ellos se había convertido en una calamidad e imaginaron a la muerte como un deber. Una compleja interacción de factores tales como enfermedades mentales y físicas, abuso de sustancias, conflictos familiares e interpersonales como una pérdida amorosa y acontecimientos estresantes como la falta de empleo y dificultades económicas llevaron a estas personas de quienes hemos preferido omitir sus apellidos por respeto a sus familias a la última y más difícil de las decisiones que un ser humano puede tomar: acabar con su propia vida. Sobre esto, el escritor francés de raíces argelinas Albert Camus asegura en su libro “El mito de Sísifo” que el único problema filosófico verdaderamente serio es el suicidio y que juzgar si la vida es o no digna de vivir es la respuesta fundamental a la suma de preguntas filosóficas.

Pero este problema filosófico se ha convertido ya en uno de salud pública. Información de la Organización Mundial de la Salud (OMS) permite conocer que a diario se registran 3 mil intentos de suicidios en el mundo que al final terminan con la vida de 900 mil personas por año, esto es una muerte por esta causa cada 40 segundos. Pero a pesar de que en muchas ocasiones el número de suicidios es a menudo subestimado ya que depende principalmente de las formas en que se determine, México es ya el noveno país en el mundo con más suicidios. Y es que en las tres últimas décadas, la tasa de suicidios en México ha crecido en 300 por ciento al pasar de dos por cada 100 mil habitantes a 7.6, hasta el 2011, esto según las últimas cifras disponibles y que fueron publicadas la semana pasada por la Secretaría de Salud. De acuerdo con estas estadísticas, en 2011 se registraron 5 mil 718 suicidios. En el 42% de los casos, fueron los jóvenes entre 15 y 24 años de edad, seguido por el rango de edad de 25 a 34 años en los que se concentró el mayor número de suicidios. Esto significa que cada 24 horas fallecen cerca de 16 personas jóvenes por esta causa. Pero en las cifras disponibles hay algo que permite entender la gravedad del problema: Solo durante la primera mitad del 2012, los suicidios en México habían superado ya los del año anterior alcanzando los 5 mil 190: 4 mil 201 hombres y 989 mujeres.

Pero detrás de estas cifras, está el dolor y la oscuridad para quienes decidieron acabar con su vida y el impacto brutal sobre las familias en términos del estigma y sufrimiento sicológico aún más grave que el propio suicidio. Pero muchas de las que se suicidaron también tenían una cosa en común: Lanzaron gritos de auxilio y no recibieron atención oportuna de sus familias, amigos y de todos los involucrados en la ayuda a estas. Y es que para la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la prevención es el instrumento más eficaz para erradicar esta conducta suicida que en los últimos 45 años ha tenido un aumento de 60 por ciento.

Cuando uno discute el tema, escuchamos que el suicidio como decía el poeta alemán Johann Goethe, es un signo de debilidad porque indudablemente es más fácil morir que soportar sin tregua una vida llena de amarguras. En lo personal creo que el combatir muchas de las causas del suicidio es también una forma de disminuir sensiblemente su incidencia. Todos deberíamos poder hacer algo porque en estos momentos ¿Qué es un suicida? Su propio verdugo o la víctima los abusos de un sistema y una sociedad que los ha llenado de dificultades económicas, soledad y sufrimiento. Dejemos de perpetuar esto y entonces no se podrá culpar a nadie de la muerte de los miles de mexicanos que todos los años evitan como decía Balzac ese suicidio cotidiano que es la resignación y acaban son sus vidas en un acto quizás no tan personal pero si aterrador que el pensador alemán Immanuel Kant decía acerca de ello: "El suicidio no es abominable porque Dios lo prohíba: Dios lo prohíbe porque es abominable”.

@marcosduranf



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