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29Mayo2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

FECHA por 

La reforma energética y el control político en México

A contrapelo
Xavier Díez de Urdanivia


“México es un país extraordinario, fácil de dominar porque basta con controlar un sólo hombre: el presidente. Tenemos que abandonar la idea de poner en la presidencia a un ciudadano americano ya que esto llevaría otra vez a la guerra. La solución necesita más tiempo: debemos abrir a los jóvenes mexicanos ambiciosos las puertas de nuestras universidades y hacer el esfuerzo de educarlos en el modo de vida americano, en nuestros valores y el respeto al liderazgo de Estados Unidos. Con el tiempo esos jóvenes llegarán a ocupar cargos importantes, finalmente se adueñarán de la presidencia; entonces, sin necesidad de que Estados Unidos gaste un centavo o dispare un tiro, harán lo que queramos. Y lo harán mejor y más radicalmente que nosotros.”


¿Le suena actual esa cita? ¡Pues no lo es! La tomé del volumen 2 del libro “Misivas sin respuesta”, de Rafael Decelis Contreras (Costa Amic, 2000, p. 333), y se debe a Robert Lansing, Secretario de Estado de los Estados Unidos entre 1915 y 1920.


Viene a cuento porque ha cobrado relevancia entre algunos analistas políticos críticos, que atribuyen la configuración específica de la reforma energética a centros de decisión económica y política ubicados al norte del Río Bravo, apoyados en México de esa manera vertical a la que la hegemonía que creíamos pasada nos había acostumbrado.


Lejos estoy de la pretensión de dejarme llevar por el embeleco de las fáciles teorías del complot, pero juzgando a toro pasado, esas palabras de Lansing no suenan como profecía certera, sino como presupuesto de una previsión política, que, de ser cierta como parece factible, resultó, a la postre, sumamente exitosa.
En la semana que ha concluido, ha operado la transformación del esquema rector de la actividad energética de nuestro país, sobre todo la petrolífera, cuya necesidad no niego, pero cuyas características no aplaudo.


Creo que el riesgo introducido al esquema político, supeditado ya mucho más de lo deseable a los grandes intereses económicos mundiales, no es deleznable.
Nada tiene que ver esta opinión con la falacia de la soberanía –no es ella sinónimo de propiedad- sino con la “manga ancha” que parece ofrecerse a la decisión sobre cuestiones estratégicas para el desarrollo de nuestro país a núcleos que, en primer lugar, naturalmente anteponen sus intereses privados –cuya lógica es el lucro- a las necesidades del equilibrio social perdido hace ya mucho tiempo en aras del becerro de oro que hoy se llama “libre mercado”.


PEMEX necesita renovarse, y su libertad de acción debería propiciarse. Me atrevo a decir, inclusive, que la inyección de capital privado puede resultar benéfica, pero es necesario imbuir a la política petrolera –energética en general- de un sentido social que difícilmente se conseguirá cediendo el mando del plano estratégico, para conservar una operación que, si se antepone el interés económico al político –en su mejor acepción, como protección de los valores comunitarios- dará en una función de pelele supuestamente legitimador de decisiones ancladas en intereses privados.


“En los detalles está el diablo”, dicen por ahí, y creo que puede ser que en el caso se esconda en la legislación reglamentaria y su instrumentación administrativa, porque la plataforma constitucional ya está construida.


¿A qué las prisas, a que la negociación forzada, el “mayoriteo” construido al margen de la concordia que se pretendía alcanzar con el “Pacto por México”?
Hoy, gracias a las redes sociales, abunda la información –no muy difícilmente verificable- que vincula a políticos, empresarios y académicos de postín en verdaderas redes de poder globales, cuyos más claros ejemplos quizás sean la llamada “Comisión Trilateral” y, más evidentemente, el “Foro Económico Mundial”, que patrocina anualmente las reuniones en Davoz.


¿”Teoría del complot”? Creo que fue Papini –porque cito de memoria y no es ella mi mejor atributo- quien dijo que la fuerza mayor del diablo es hacer creer que no existe, y por alguna razón estos acontecimientos han hecho que recuerde la frase.



Xavier Díez de Urdanivia

Xavier Díez de Urdanivia es abogado (por la Escuela Libre de Derecho) Maestro en Administración Pública (por la Universidad Iberoamericana) y Doctor en Derecho (por la Universidad Complutense, Madrid). Ha ejercido diversas funciones públicas, entre las que destacan la de Magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Coahuila, del que fue Presidente entre 1996 y 1999, y Abogado General de Pemex. Ha publicado varios libros y muy diversos artículos en las materias que constituyen su línea de investigación, e impartido conferencias, seminarios y cursos sobre las mismas. Actualmente es profesor de tiempo completo en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, donde imparte cátedra e investiga en materia de Derecho Constitucional, Teoría y Filosofía del Derecho y Teoría Política. También es colaborador de la página editorial de Zócalo y de Cuatro Columnas (de la Ciudad de Puebla), y lo ha sido del Sol del Norte y El Diario de Coahuila, así como de los noticieros del Canal 7 de televisión de Saltillo, Coah.

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