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17Octubre2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

Por Amanda Castillo

Se supone que el rumbo biológico y normal del ser humano es crecer y después reproducirse. Es la lógica natural de la vida. Sin embargo ese rumbo lógico debería tener una edad distinta. Si fuésemos seres más evolucionados, ninguna mujer podría embarazarse a los 15, ni a los 17, incluso debo decir que ni a los 20. La maternidad debiera estar reservada para quien pasara los 25, tuviera determinadas habilidades y hubiera hecho ya algo interesante con su vida.


Varias instancias gubernamentales en Coahuila, han abordado la problemática del embarazo en adolescentes enfocándose en el uso de los métodos anticonceptivos y repartiendo condones como medida preventiva, supongo que el estudio realizado previamente llegó a la conclusión que es la falta de conocimiento respecto a los métodos anticonceptivos. Desconozco los criterios y tampoco me parece una mala idea, todos los adolescentes debieran tener acceso a un condón. Si me preguntaran a mí, creo que para poder evitar el embarazo en los adolecentes, debería existir una asignatura desde la primaria donde se les cuente a los menores todo lo que el embarazo y el tener un bebé implican. Empezaría por decirles (a las mujeres) que su cuerpo nunca volverá a ser el mismo, puede regresar a su mismo peso, pero hay marcas que deja el embarazo como las estrías, el tamaño de los pezones, la forma del ombligo o la cicatriz de la cesárea que marcarán tu cuerpo por siempre.


He escuchado decir que estar embarazada es sinónimo de estar radiante sin embargo, lo único que recuerdo de los primeros tres meses de mi embarazo es que las náuseas no me dejaron levantarme de la cama por días, que se me cayó más pelo que el que el resumidero de la regadera podía contener y que mi necesidad de dormir dejaban a la bella durmiente como una zombi. Quizá el segundo trimestre fue el más placentero, aunque admitamos que subir más de cinco kilos no es placentero para nadie y al final del embarazo es imposible conciliar el sueño. Además quedamos imposibilitadas anatómicamente para poder sobar nuestros propios pies, que para esas alturas parecen unas gigantescas garras de hobbit. Ni hablar de los cambios hormonales para los que, al parecer, no existe medicamento que pueda sosegarlos y si lo existiera, seguramente nadie lo recetaría por temor a dañar al embrión. Es increíble como la ciencia, a estas alturas, es incapaz de curar molestias tan simples como las ocasionadas por la gripe a una mujer embarazada.


Como si el martirio bíblico del embarazo no fuera suficiente, después viene la etapa de la lactancia, y que las de la liga de la leche me perdonen pero lactar debe ser considerada una de las peores actividades para las que está diseñada una mujer. Los senos se hinchan, duelen y se deforman. La grietas en los pezones causan unas molestias terribles, incluso puede llegar a dar fiebre. El encontrar la forma correcta para amamantar a un bebé debería estar escolarizado, sin olvidar que, debido a que somos biberones humanos, debemos ser nosotras quienes se levanten cada vez, durante toda la noche, a alimentar al pequeño, aquí no hay ni equidad de género que valga. En caso de que tengas a alguien que te ayude, entonces hay que “ordeñarse” para dejar la leche del crío lista; no sé cuál de las dos actividades sea peor. Aunque amamantar sea lo recomendable, lo más sano y lo que además se anda poniendo de moda en las mamás new age, también puede ser doloroso y molesto.


Quizá las adolescentes tampoco sepan lo traumático que es ver tu cuerpo inmediatamente después del parto o la cesárea, lo molesto que es el enema que se debe aplicar antes y lo desesperante que es menstruar durante 40 días. Si tan solo les mostraran el tamaño de la aguja para la anestesia epidural. ¿Quién les explica a las adolescentes que, en lo que las hormonas se nos equilibran, tendrán etapas de profunda tristeza o gran alegría sin motivo? Y lo más importante, me parece, ¿quién les dice que en esta sociedad postmoderna, nadie es capaz de cuidar y educar a un hijo a los 15? O peor, que habrá cosas que nunca podrán realizar después de un embarazo prematuro, que su vida se queda trunca como su preparatoria y que ese plan de vida en el que se volvían exitosas se pone más lejos con la llegada de un hijo antes de tiempo. Para nada intento decir que tener hijos sea algo espeluznante, solo digo que se debe tener plena consciencia antes de hacerlo y que, debido a que es una de las cosas más lindas de la vida, no tendría porque ser forzoso ni prematuro. Quizá si dejáramos de idealizar la maternidad como el mejor estado de la mujer y fuéramos un poco más honestas respecto a lo que ha significado para muchas, o si dejáramos detrás esa mentalidad respecto a los sacrificios que se hacen por los hijos y que nos mandarán directo a la derecha de dios, tendríamos mejores elementos para poder educar a los adolescentes.


Se sigue viendo a la maternidad como un momento de realización en la etapa de la mujer y no digo que no lo sea, pero tampoco es el único ni el más importante para todas, eso depende de las expectativas de cada una y lo que deseen para su vida. Queremos enseñarle a los adolecentes a tomar decisiones responsables sin proporcionarles más que elementos morales respecto a la maternidad, sin decirles que lo primero que deben respetar es su proyecto de vida. Les hablamos de enfermedades de transmisión sexual pero no de frustración respecto a interrumpir una carrera o de lo que significará para los adolescentes abandonar a un hijo y cómo se sentirán por eso con el pasar de los años y la llegada de su madurez. Pueden repartir millones de condones por todo el estado pero más que el cómo usar un método anticonceptivo, debería decírsele a los adolecentes para qué y por qué deben usarlo. Eso y claro, legalizar el aborto.



Amanda García

Lic. en Derecho

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