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26Marzo2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

Llevar ropa o símbolos religiosos en público en Francia es sancionado con prisión. Esta ley francesa de 2004 y otras similares han sido cuestionadas en varias ocasiones ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Ahmet Arslan demandó a Turquía en representación del grupo conocido como Aczimendi tarikatÿ al ser condenado por manifestar su religión en su vestimenta al llevar un turbante, túnica y un bastón. El Tribunal encontró una violación a la libertad de conciencia y religión por considerar que no existió evidencia de una amenaza al orden público.

Este caso es relevante, pues está aún pendiente de resolución el juicio de S.A.S. contra Francia. Demanda planteada por una mujer francesa practicante musulmana a quien no se le permite el uso de un velo que cubre la totalidad del rostro por la ley que prohíbe cubrir el rostro en lugares públicos. Ella demanda por tratos inhumanos y degradantes, por violaciones a la vida privada y familiar y a la libertad de asociación, y por discriminación.

Existen otros antecedentes como Phull contra Francia, quien demandó por haber sido obligado a retirarse un turbante al pasar por un filtro de seguridad en un aeropuerto. Esta demanda fue desechada por infundada. El Tribunal consideró (Morsli v Francia) la demanda inadmisible al considerar que el negar la entrada a un consulado a una mujer que se niega a retirar el velo durante una revisión de identidad a cargo de un hombre no viola sus derechos y que se trata de una medida de seguridad general que sirve a la seguridad pública y que la obligación de retirar el velo era por un tiempo corto.

Del mismo modo el Tribunal ha validado la obligación de aparecer con la cabeza descubierta en fotografías de identificaciones oficiales (Mann Singh v Francia). Existen precedentes prohibiendo el uso de símbolos religiosos por profesores y maestros en escuelas y universidades (Dahlab v Suiza y Kurtulmus v Turquía), en donde se resolvía que deben prohibirse muestras religiosas en las escuelas donde los menores son influenciables y en las universidades se trata del respeto a la libertad religiosa de lo demás, sin olvidar el carácter laico y secular de la educación pública. De modo que los servidores públicos no pueden usar este tipo de vestimenta o distintivos.

En cuanto a pupilos y estudiantes, el Tribunal ha sostenido que es válido limitar el uso de velos (Leyla Sahin v Turquía) porque con frecuencia se percibe como un deber religioso obligatorio y puede influir en aquellos que deciden no utilizarlo. En este mismo sentido se considera que la prohibición se aplica a todos por igual y se encamina a prevenir desorden y respetar la libertad religiosa de otros (Köse v Turquía). Incluso en el caso de clases de educación física (Dogru v Francia y Kervanci v Francia). La expulsión por negarse a retirarlos fue avalada toda vez que se consideró que el uso del velo es incompatible con la actividad deportiva por razones de salud y seguridad.

Igualmente ha considerado el Tribunal que la prohibición del uso de turbantes y velos se encamina a la protección de derechos y libertades de todos y a preservar el orden público. Resalta el Tribunal el papel del Estado como organizador neutral del ejercicio de diversas religiones, creencias y fe, y que la expulsión de una escuela no es desproporcionada, pues pueden continuar sus estudios por correspondencia (Aktas; Bayrak; Gamaleddyn; Ghazal; J. Singh; y  R. Singh v. Francia)

El criterio en relación a los turbantes y velos contrasta con el despliegue de crucifijos (Lautsi v Italia) para lo que se considera que no existe violación si hay crucifijos en las escuelas dado que el Tribunal considera que no constituye adoctrinamiento y la presencia de crucifijos no se asocia a la obligatoriedad de la enseñanza del cristianismo. Finalmente considera que los padres tienen la posibilidad de orientar a sus hijos hacia la libertad de creencia.

En cuanto al uso de símbolos religiosos en el trabajo (Eweida y Chaplin v Reino Unido) el Tribunal ha sostenido que no es válido prohibir los crucifijos en aras de mantener la imagen corporativa de una empresa de aviación, mientras que sí es válida la prohibición para una enfermera en aras de la salud pública y la seguridad en un hospital.

Pudiéramos pensar que cada quien puede colgarse lo que quiera donde sea, pero la cuestión no es tan sencilla. Los disturbios en Europa y EU ponen de manifiesto que lo conflictos raciales y religiosos están lejos de haberse superado. Miles de heridos, vehículos incendiados, muertos y daños millonarios, dejan en claro la pertinencia de la actuación activa del Estado para promover igualdad, desterrar fanatismos y proteger el orden público.



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