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25Septiembre2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

Gary Slutkin es un médico especializado en tratar enfermedades contagiosas. Como parte de su formación decidió trasladarse a África donde fue responsable de epidemias de tuberculosis y cólera en campos de refugiados. Con poco personal debieron reclutar, de entre los refugiados, a una nueva categoría de trabajador encargado de apoyar la interrupción de la epidemia.

Después de 10 años decidió volver a EEUU y se encontró con una epidemia, en la cual unos jóvenes disparaban y mataban a otros. Al preguntar que se hacía al respecto recibió por respuesta que se castigaba. Pero el castigo ha revelado ser poco eficaz para conducir la conducta o para inducir el cambio de conducta. Esta situación le recordó a Slutkin la forma en que se trataban las epidemias en la antigüedad, cuando la ciencia aún no llegaba a esos espacios. La otra respuesta fue “arreglen todo”, para referirse a la necesidad de atender la pobreza, los hogares desintegrados, las adicciones, los padres ausentes y el racismo.

Esto le permitió darse cuenta que el problema de la violencia se encuentra estancado. Existe una enorme brecha entre lo que se hace y el resultado esperado. Por lo que pensó en poner en marcha un nuevo modelo, creando nuevas categorías de trabajadores, orientado al cambio de conducta y de la mano con la educación pública.

En base a mapas y estadísticas de violencia pudieron instrumentar programas para disminuir la violencia en forma exitosa, al concebirla y tratarla como una enfermedad epidémica. Su premisa principal es que el mayor predictor de un caso de violencia es un caso de violencia previo. Por lo que resulta indispensable identificar ese caso e interrumpir la futura transmisión y posibles contagios para finalmente intentar cambiar las normas de la comunidad.

Para cada una de estas tareas es necesario un empleado especializado. Los llaman interruptores de violencia y son contratados dentro del mismo grupo que convive con la violencia lo que les da credibilidad, confianza y acceso. Su entrenamiento se orienta a la persuasión, al enfriamiento de las relaciones violentas, a comprar tiempo en los conflictos y a dar un nuevo marco para las conductas de esa comunidad. Incluso se contempla la atención mediante terapia que va de 6 a 24 meses para las personas afectadas por la violencia. El objetivo es un cambio de conducta. Luego una serie de actividades comunitarias para cambiar las normas. El primer experimento resultó en una disminución del 67% de balaceras en un barrio de Chicago.

Este proyecto ha generado mucha oposición. Es imposible que no se cuestione que no haya gente mala o bien que se ponga en tela de juicio el contratar a personas con antecedentes penales. Especialmente cuando la industria de la violencia y la seguridad generan ganancias multimillonarias a algunos sectores industriales. A pesar de esto cada día más ciudades en EEUU adoptan este modelo y cada vez más departamentos de salud se han sumado al trabajo de prevención de la epidemia de violencia.

Aun con problemas este modelo de prevención de la violencia ha mostrado sus alcances. Para Slutkin esto es una buena noticia, ya que implica la atención de la violencia con parámetros nuevos, dejando atrás los que habían estado estancados desde la edad media.



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