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21Octubre2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

Dogma de Fe

La noticia nadie, o casi nadie la leyó; porque en México nadie o casi nadie lee. Hace pocas semanas, la UNESCO, oficina de la ONU para la Educación, la Ciencia y la Cultura, publicó los resultados de una encuesta efectuada entre 108 países sobre el índice de lectura. De todos ellos, México ocupó el sitio número 107. La investigación reveló que en promedio, los mexicanos leemos solo 2.8 libros al año, mientras que en España se leen 7.5 libros y en Alemania 12.De acuerdo a estos datos, Japón tiene el primer lugar con 91% de la población lectora, le sigue Alemania con un 67%, y en penúltimo lugar México con únicamente el 2% de mexicanos con hábito de lectura.

Por su parte el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, elaboró la Encuesta Nacional de Lectura 2012 que tiene como sugerente nombre, "De la penumbra a la oscuridad". El título se apega tanto a la realidad mexicana, pues a pesar de los esfuerzos de gobiernos y organizaciones civiles por superar el rezago, las cifras que arrojó indican que en los últimos seis meses el 40% de los mexicanos, alrededor de 50 millones de personas no leyó ningún libro. Además, el 48% jamás ha ido a una biblioteca, y existe solo una por cada 15 mil habitantes y una librería por cada 200 mil. Otro dato decepcionante es que la tasa de lectores disminuyó de 54.6% en 2006 a solo un 46% en 2012.

Leyes de fomento a la lectura, ferias del libro, festivales, magnas bibliotecas públicas, centros culturales, millones de libros impresos y otros tantos más en forma digital disponibles en la red; pero todo ha resultado inútil porque los resultados son contundentes: Somos un caso extraño de analfabetas avanzados porque aprendimos a leer y no leemos.

Un tema aparte es lo que elegimos leer. Schopenhauer convocaba el hábito de la no lectura antes del triunfo de escritores como Paulo Coelho o Carlos Cuauhtémoc Sánchez y de revistas tan connotadas como TV Notas. Y aunque no será aquí donde juzguemos sus obras, el que tengamos un Nobel de Literatura en Octavio Paz y 4 Premios Cervantes con el mismo Paz, Carlos Fuentes, Sergio Pitol y José Emilio Pacheco, y otros escritores laureados como Juan Rulfo, Alfonso Reyes, Elena Poniatowska, Rosario Castellanos, Jorge Ibargüengoitia, Fernando del Paso y Juan Villoro; aspiraríamos a que nuestras preferencias fueran otras.

Es cierto que la lectura no nos hace mejores personas porque eso es inherente al espíritu de cada uno de nosotros. Son ampliamente conocidos los casos de tiranos como Hitler, Stalin, Mao y Franco, apasionados lectores pero represores de la lectura y las libertades humanas. Además, existen otros que dicen leer y otros más que lo aprendido a través de la lectura no lo aplican en la vida real o quizás leyeron malos libros, que también los hay.

¿Entonces porqué y para qué leer? Porque cuando uno lee se amplia el horizonte de la vida y de nuestro interior. Crece la imaginación, se despiertan los sentidos, se adquieren conocimientos, habilidades y se desarrolla la comprensión. Pero si todo esto le parece insuficiente, existen otros incentivos para hacerlo. Un estudio realizado en Inglaterra a más de 20 mil personas, permitió conocer que la práctica de la lectura, cuando se hace por placer y hábito, es uno de las claves del éxito profesional y a veces hasta personal y le cito algunos ejemplos: las mujeres que a los 16 años leían libros, tenían 39% de probabilidades de alcanzar un puesto gerencial y las que decidieron no leer durante ese mismo tiempo, sus posibilidades bajaron a 25%. En los hombres, la cifra pasó de un 48% entre quienes no leían a los 16 años, a un 58% entre los que sí tenían este hábito. Esté mismo estudio arrojó que la gente infeliz ve un 20% más de televisión que la gente feliz. El estudio dice que la lectura es la única actividad que asegura mayor éxito laboral en la vida, además de ayudar a fortalecer las relaciones sociales. Así que al menos por interés económico y social leamos. En síntesis se podría decir que la lectura es la fórmula perfecta para vivir menos…menos engañados, menos reprimidos, menos inseguros, menos ignorantes y sobre todo menos infelices. Aunque al final de todo, importa muy poco porque esto jamás lo va a leer nadie o casi nadie.

@marcosduranf



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