Screen

Profile

Direction

Menu Style

Cpanel

29Mayo2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

El Presidente Enrique Peña Nieto ha presentado a la consideración de la República una serie de reformas constitucionales para modernizar el país. Al proponerlas ha expresado su confianza en que los legisladores habrán de analizar con gran objetividad y responsabilidad cada una de las reformas, “pensando siempre en el bien superior de la nación, así como en el futuro de las familias mexicanas”.

El Presidente Peña Nieto ha dejado claro que las reformas transformadoras que impulsa el Gobierno de la República “han sido diseñadas para liberar el potencial económico del país, y para que la creatividad e ideas de los mexicanos se conviertan en proyectos productivos exitosos”.

Por su parte, el Presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Luis Alberto Moreno, ha destacado que las reformas estructurales que impulsa el Gobierno de la República son el camino del crecimiento para México, así como un faro para Latinoamérica, por lo que ha externado el mayor de los éxitos al Presidente Peña Nieto en su objetivo de democratizar la productividad.

En este sentido, vale la pena reflexionar en lo escrito este fin de semana por el analista René Delgado quien al respecto señalo: ¨Hoy el país se encuentra ante una disyuntiva, clave en su porvenir. Sentar las bases de su reforma antes de finalizar el año y ensayar nuevos derroteros o, bien, hacer lo de siempre y permanecer estancado, agrandando el peligro de su ruptura. Uno o lo otro, sin embustes.

Desde su diversidad y pluralidad, diferencias y contrastes, la sociedad debe responder con prontitud: si quiere y puede cambiar o si sólo quiere. Una cosa es anhelar algo, otra realizarlo.

No se puede exigir golpear al crimen organizado donde le duele -esto es, en los recursos malhabidos-, pero ampararse contra las medidas antilavado de dinero. No se puede demandar una mejora en la calidad de la educación, pero plantarse en plazas y calles para echar abajo la posibilidad. No se puede pedir abatir la obesidad, pero resistir gravámenes a los refrescos endulzados. No se puede exhortar a combatir la pobreza y la desigualdad, pero rechazar la desaparición del régimen de consolidación fiscal o repudiar cargos a las ganancias derivadas de la especulación. No se puede conminar a acabar con el delito, pero negar la profundización de la política social. No se puede exigir un país de leyes, pero no acatar las reglas. 

Vulnerar esas reformas en la sustancia, canjear unas por otras, transar con ellas, rebajarlas hasta borrarlas, apoyarlas de dientes para fuera, socavarlas porque no soy yo o mi partido quien las presenta, modificarlas nomás para sacarles raja, conducirá al país al callejón mil veces recorrido durante décadas: aquel donde la nación recarga en el gobierno la imposibilidad del cambio y éste ampara su fracaso, replicando a la sociedad haberlo maniatado. El callejón del insulto y el desencuentro. Un juego cómodo pero mezquino, útil sólo al propósito de solazarse en la mediocridad del conformismo.

Si se quiere hacer lo de siempre, demandar sin respaldar, exigir sin poner, ni sentido tiene tanto brinco. Mejor cancelar las reformas en su conjunto, bajar la cortina del desarrollo y dejar crecer la desigualdad hasta que estalle. Acelerar, en todo caso, la ruptura.¨  (SOBREAVISO / ...entonces, ¿qué?, Reforma, 051013).

José Vega Bautista
@Pepevegasicilia
Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla



DEJA TU COMENTARIO

Ingresa datos requeridos(*) Código Básico HTML Habilitado

¡Síguenos también en las Redes Sociales!

TwitterFacefooter

twitter Facebook