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30Abril2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

La integración del Consejo General de Investigación Científica, Desarrollo Tecnológico e Innovación, el cual debe mucho al liderazgo del secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, y en el que está representada la comunidad científica, el sector privado y el gobierno de la República, es un paso trascendente en la configuración de un sistema nacional de innovación a la altura de los retos y oportunidades a los que se enfrenta México en el contexto de una acelerada e impostergable apertura a la globalización, de cuyos resultados depende que en el porvenir inmediato, nuestro país alcance la prosperidad democrática o se hunda en el atraso y la violencia.

En la instalación del consejo, el presidente Enrique Peña Nieto ratificó el compromiso del gobierno de la República de incrementar la inversión destinada a ciencia y tecnología hasta alcanzar 1% del Producto Interno Bruto (PIB). El Presidente afirmó que se trata de una meta prioritaria e informó que en el Paquete Económico de 2014, que envió al Congreso de la Unión junto con su propuesta de reforma hacendaria, se evidencia un aumento sustancial en los recursos destinados al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt). Desde el primer presupuesto de su gobierno, en 2013, fue significativo el incremento al Conacyt para respaldar proyectos y la formación de investigadores. “Y ahora, en la propuesta que recién he enviado al Congreso, acompañada de la reforma hacendaria, nuevamente se evidencia un incremento sustancial en la inversión pública en ciencia y tecnología”, expresó. Explicó que los recursos que están proponiéndose al Congreso para el Conacyt, que hoy dirige con acierto el doctor Enrique Cabrero, son varias veces más del presupuesto que tiene la Secretaría de Relaciones Exteriores, el doble de lo destinado a la procuración de justicia y varias veces más de lo que se invierte en turismo. Ante los integrantes del consejo, dijo que se busca hacer de la inversión en ciencia y tecnología un instrumento y una palanca muy importante para el desarrollo del país en los próximos años. Con recursos públicos y privados crecientes y complementarios para la ciencia y la innovación se sientan bases firmes para alcanzar un crecimiento suficiente y sostenido.

Pero México ha de comenzar por integrarse en los flujos globales de innovación y conocimiento. Es hora de adoptar decididamente el modelo de innovación abierta, que promueve la OCDE, abandonando definitivamente las trasnochadas políticas del “nacionalismo tecnológico”. Hay que atraer y aprovechar las innovaciones desde dondequiera que se generen. Hay que adoptarlas y adaptarlas con ventaja a nuestras condiciones, en particular a nuestra estructura de precios relativos de factores productivos. Esto no hará sino amplificar nuestras ventajas comparativas y competitivas a escala global.

Para realizar con eficacia la absorción y adaptación ventajosa de las innovaciones, las empresas mexicanas necesitan disponer de una amplia infraestructura de capacidades ingenieriles y tecnológicas, laboratorios industriales, centros de certificación, metrología y estándares, laboratorios de diseño, ergonomía, materiales, etcétera. Quizá las grandes empresas podrán desarrollar internamente estas capacidades. Pero la mayoría de las empresas medianas y pequeñas, que son también con frecuencia las más innovadoras y dinámicas, han de apoyarse en los centros públicos de investigación y las universidades e institutos tecnológicos. Éstos, a su vez, necesitarán disponer de una amplia, diversa y creciente base de capacidades en ciencia básica, que les brinde sustento y capacidad prospectiva. Así, con mayor inversión pública y privada y una política consistente en materia de ciencia e innovación, México avanzará hacia la prosperidad democrática.

Twitter: @alzati_phd

 

 



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