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17Octubre2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

En esta ocasión te platico de Manuel Acuña, quien nació el 27 de agosto de 1849, fecha en la cual esta bella ciudad de Saltillo vio nacer al poeta que hoy recordamos por su “Nocturno a Rosario”. Manuel ingresó a la Escuela Nacional Preparatoria ubicada en el Colegio San Idelfonso en 1865, y para 1868 ingresó a la Escuela Nacional de Medicina, en la Ciudad de México, él quería tener la profesión de médico, pero fue poeta por dedicación y amor.

Manuel Acuña fue un severo crítico de la marginación femenina y de la hipocresía de la sociedad, su obra teatral “El Pasado”, así lo refleja.

Acuña fue partícipe en la fundación de la Sociedad Literaria Nezahualcóyotl, en recuerdo al rey poeta de Texcoco. Participó además en periódicos y revistas renombrados de la época, como “El Renacimiento”, “El Libre Pensador” y “El Federalista”.

¡Por supuesto! Sus hermosos versos cautivan a cualquiera, leerlo es un placer, la melancolía lo acompañó en cada letra, en cada verso.

Hasta a la Patria le escribió, su amor a ella en rima y prosa plasmó:

“Al acercarme ante este altar a la victoria donde la Patria y la Historia contemplan nuestro placer, yo vengo a unirme al tributo que en darte el pueblo se afana”.

Qué hermoso hubiera sido

Vivir bajo aquel techo… le dijo a Rosario.

Iba llorando La Ausencia

Con el semblante abatido… le escribió a Lola

No vaya usté a rendirse

Ante el ruego o las lágrimas… le aconsejó a Asunción

Y dijo Adiós, después de que el destino me ha hundido en las congojas.

Su obra no fue extensa, pero en ella Acuña plasmó un romanticismo que pocos pueden mostrar, una pasión que invade a cualquiera que lo lee.

Manuel Acuña murió con su propia mano, la melancolía lo invadió y la tragedia se presentó.

El 6 de diciembre de 1873 murió Manuel Acuña, una sola bala bastó para terminar con tan ilustre vida, un sólo disparo cegó la vida del poeta saltillense, quien a la edad de 24 años se suicidó por su amor a Rosario, siendo así como su pluma dejó de escribir y con ello nació un inmortal de la literatura mexicana.

Grandes hombres y mujeres lloraron su partida, su sepelio llenó la plaza Santo Domingo, reunió a literatos, científicos, pensadores, obreros, músicos, actores y gente que deseaba darle su último adiós. Hoy sus restos descansan en la Rotonda de los Coahuilenses Ilustres aquí en Saltillo.

 

Leamos a Manuel Acuña, un poeta que esta tierra hermosa de Saltillo al mundo dio, otro saltillense, como muchos otros que hay y que vale la pena presumir.



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