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26Julio2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

En la época del partido hegemónico de estado la disputa por el poder se daba en el seno del partido desde tiempos postrevolucionarios. Al ganador del proceso interno de selección para ser candidato del Partido Nacional Revolucionario (PNR), o del Partido de la Revolución Mexicana (PRM) o bien del Partido Revolucionario Institucional (PRI) ya se le podía decir -desde que iniciaba la campaña-, Presidente Municipal, Gobernador, Presidente de la República, Senador, Diputado Federal, Diputado Local o Regidor según el caso.

El candidato tenía la seguridad que iba a asumir el puesto al cual había sido electo. Hoy, en los tiempos de la pluralidad política, no hay seguridad que el candidato electo ganará. Ahora hay que competir, convencer, trabajar, sudar y proponer. Los votos de los ciudadanos cuentan, son razonados.

Incluso, desde las elecciones federales anteriores del 2012, ni siquiera los que encabezan las encuestas tenían la seguridad de que ya ganarían. Hay que esperar hasta el término de la jornada electoral para que en cada casilla se cuenten los votos y, con las actas en la mano, determinar a quién eligieron los ciudadanos.

Solo hasta ese momento se puede saber quien ganó. Hasta hay casos en los cuales es necesario esperar los dictámenes sobre las impugnaciones presentadas ante las instancias judiciales electorales.

En las pasadas campañas de Coahuila, tenemos el caso de la elección de Saltillo, donde la última encuesta de VANGUARDIA daba por ganador a Fernando de las Fuentes: “Aventaja Diablito en Saltillo”. De las Fuentes recibió en esa encuesta el 38 por ciento de las preferencias frente al 27 por ciento de Isidro López Villarreal. Esto daba una diferencia de 11 puntos porcentuales. El resultado del domingo 7 de julio favoreció a Isidro López, vaya sorpresa.

Sin embargo, no leímos en la encuesta que El Voto Secreto ante la pregunta: “Si hoy fueran las elecciones ¿Por cuál candidato votaría?”, fue del 15 por ciento, y los que contestaron Por Ninguno fueron el 9 por ciento. En estos rubros, el 24 por ciento de los electores ocultaron su voto, además, el 2 por ciento que No Contestó. Más de la cuarta parte de los electores se reservaron su intención del voto -lo expresaron hasta el momento de estar en las urnas-, y ya estábamos al final de la campaña. Y la votación el 7 de julio quedó 46.28 para el PAN y 37.83 para el PRI; esto da una diferencia de 8.45 puntos porcentuales.

La encuesta de VANGUARDIA no se equivocó. Fernando de las Fuentes obtuvo casi el 38 por ciento. Isidro López obtuvo el 27 por ciento que manifestaron los electores de acuerdo con la encuesta, más el 15 por ciento del voto secreto, lo que da un 42 por ciento

¿Por qué los electores ocultaron su voto? ¿Por qué no supimos leer la encuesta? Así como una parte de los ciudadanos ya no le manifiestan su preferencia electoral a los encuestadores, tampoco lo hacen con los promotores del voto de los diferentes partidos. Unos no responden la intención de su voto, otros simplemente la ocultan y otros hasta probablemente mienten.

¿Por qué en los tiempos actuales los electores no manifiestan su preferencia electoral a los encuestadores? ¿Por qué ocultan su voto?, ¿para que no les quiten los beneficios de los programas? Sin duda, hoy nos enfrentamos a un elector desconfiado, más informado y convencido de que su voto cuenta.

Hoy tenemos un ciudadano con una clara visión de que los programas de los diferentes niveles de gobierno son una responsabilidad de los gobernantes, y para ellos eso no influye en su decisión de por quién votar al estar solo frente a la boleta electoral ¿Esto significará que los ciudadanos por sí solos están acotando el clientelismo? ¿Qué se están revelando contra el paternalismo gubernamental?

Así como los electores desde 1997 han decidido con su voto darse gobiernos divididos. Esto es, que el Presidente de la República en turno no cuente con mayoría en el Congreso. Tal parece que ahora han decidido combatir en las urnas el clientelismo y el paternalismo. Y con esta medida están logrando que las elecciones sean más democráticas en la medida que la incertidumbre sobre quién ganará, aumenta. Esto es lo bueno de la democracia: el ganador se conoce hasta que cae el último voto.

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