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12Diciembre2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

En 2009 en su visita a México, el entonces vicepresidente de China, Xi Jinping (Pekin, 1953), dijo en referencia a quienes en el mundo criticaban a su país que “algunos extranjeros con los estómagos llenos y nada mejor que hacer se dedican a señalarnos con el dedo. Primero, China no exporta revolución, Segundo, no exporta hambre y pobreza. Tercero, no va peleando por ahí. ¿Qué hay más que decir?”.

Xi, fue elegido secretario general del Comité Central y presidente de la Comisión Militar Central (CMC) en el XVIII Congreso del Partido Comunista Chino (PCCH) celebrado a finales de 2012. Era la condición previa y necesaria, de acuerdo con el sistema político chino, para que fuera nombrado Presidente de China, cosa que ocurrió en el pasado marzo. En esa condición y envestido con todos los poderes está por segunda vez México.

En esta visita lo acompaña su esposa Peng Liyuan (Juncheng, 1962) que es una de las más famosas cantantes de música tradicional de su país. Ella es miembro del Ejército Popular de Liberación de China con el rango de mayor general. En 1978 se casó con Xi y tienen sólo una hija, Xi Mingze, que estudia en la Universidad de Harvard. La revista “Forbes” señala a la señora Peng como una de las 100 mujeres más influyentes del mundo. Ella ha cambiado el papel que tienen las esposas de los políticos chinos.

El ahora Presidente ingresó al PCCH en 1974, cuando tenía 21 años. Es hijo de un político reformista que participó en la guerrilla en contra del Kuomintang. Xi estudió ingeniería química en la Universidad de Tsinghua y luego en la misma hizo un doctorado en teoría marxista. Después de la universidad ocupó cargos de gobierno y secretarías del PCCH en provincias costeras. Su desempeño como gobernador en la provincia de Zhejiang (2002-2007) le ganó la fama de un luchador contra la corrupción.

En 2008 se le encargó la organización de los Juegos Olímpicos de Pekín. A partir de ahí quedó claro que al terminar los mismos sería nombrado vicepresidente. Ya como tal hizo un recorrido por 40 países, para que a nivel internacional se diera a conocer. Xi habla inglés y ha dicho que le gusta el futbol y las películas de acción producidas en Hollywood.

Él representa a una nueva generación de hijos de políticos, formados como príncipes y preparados para gestionar el poder. Su estilo personal rompe con las maneras propias de sus antecesores que eran incapaces de salirse de las normas establecidas por el ceremonial político chino. En sus discursos, que son cortos, habla del “sueño” de su país y de las posibilidades que tiene cada persona de lograr lo que quiere si realmente se lo propone. En su visión la tarea del Gobierno es colaborar y facilitar ese proceso.

 

La llegada de Xi supone un cambio en las formas y de alguna manera también en el fondo, pero en el marco del capitalismo de Estado que se practica en China y de un régimen autoritario que no permite la competencia electoral y donde la libertad de expresión y de manifestación están claramente acotadas. A él le toca la conducción de la que en menos de 10 años será la primera economía del mundo, y también realizar las transformaciones que ahora exige la sociedad de su país.



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