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23Julio2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

En plenitud de sus 99 años de edad murió Ernesto Sábato, extraordinario Físico-Matemático pero aún mejor escritor. Hace un tiempo, mi entrañable amigo Federico Garza Ramos, tenaz defensor de la Laguna y de los derechos humanos me obsequió el libro “Diálogos Borges-Sábato” con las conversaciones entre dos argentinos universales que separados por un tiempo a causa de la política se reencontaron años después para hablar de la literatura, las matemáticas, los sueños, la realidad, Dios y por supuesto del tango.

Fue Ernesto Sábato, quien hace 30 años presidió la Comisión Nacional de Desaparecidos, creada tras la dictadura criminal de Jorge Rafael Videla. El resultado fue el “Informe Sábato” de donde surgió el libro “Nunca Más” que documentó la desaparición de 8 mil 960 argentinos que de un día a otro pasaron a formar parte de una categoría aterradora: los “desaparecidos”, condición tétrica y fantasmal dice Sábato pues no estaban muertos o encarcelados: Estaban simplemente desaparecidos.

El prólogo del “Informe Sábato”, es conmovedor: “Durante la década del 70 la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda. Este fenómeno que ha ocurrido en muchos otros países. Así aconteció en Italia, que debió sufrir la despiadada acción de las formaciones fascistas y de las Brigadas Rojas. Pero esa nación no abandonó los principios del derecho para combatirlo, y lo hizo con absoluta eficacia, mediante los tribunales ordinarios, ofreciendo a los acusados todas las garantías de la defensa en juicio”.

Al respecto, Sábato relata que en ocasión del secuestro y asesinato del primer ministro italiano Aldo Moro, un miembro de los servicios de seguridad sugirió al general Carlo Dalla Chiesa, Jefe de la fuerza antiterrorista, torturar a un detenido que disponía de  información del caso, a lo que éste respondió con palabras memorables: “Italia puede permitirse perder a Aldo Moro. No, en cambio, implantar la tortura”.

No fue así en la Argentina, a los delitos de los terroristas, las Fuerzas Armadas respondieron con un terrorismo infinitamente peor que el combatido, porque contaron con el poderío y la impunidad del Estado absoluto, secuestrando, torturando y asesinando a miles de seres humanos.

En México, hasta hace poco tiempo desconocíamos las proporciones de esta catástrofe humana atribuida en su mayor parte a las guerras intestinas entre grupos del crimen organizado que en su locura arrasan con todo a su paso. Y es que tras analizar muchos de los perfiles de los desaparecidos, se vuelve irresponsable decir que todos estaban coludidos con criminales y a pesar de que lo estuvieran, el estado mexicano y la sociedad nos hemos dado instrumentos legales para castigar a la delincuencia.

En este reconocimiento del problema, como primer paso para enfrentarlo y establecer mecanismos de búsqueda, la autoridad nacional dio a conocer en febrero pasado que entre 2006 y 2012 los desaparecidos llegaron a la escalofriante cifra de 26 mil 121 personas. A estos agregue los 11 jóvenes del bar Heavens After de la ciudad de México.

En Coahuila donde esta semana se llevará a cabo el “Foro Internacional sobre Desapariciones Forzadas e Involuntarias en México” evento donde se abordaran las experiencias internacionales sobre el tema, se ha reconocido con responsabilidad la desaparición de 1,088 personas. Conozco a muchas de sus familias y he podido observar sus rostros anochecidos por el dolor y el duelo permanente. Se de sus desvelos y de sus días eternos, se de sus suplicas por no ser condenados al olvido. Ellos buscan el sosiego para sus almas haciendo todos los días la misma pregunta: ¿Dónde están?. No les demos la espalda, mucho menos los olvidemos.

 

Mario Benedetti les dedicó a los desaparecidos de Argentina un bello poema del cual transcribo algunos de sus versos: “Están en algún sitio concertados, desconcertados, sordos, buscándose, buscándonos, bloqueados por los signos y las dudas, contemplando las verjas de las plazas, los timbres de las puertas, las viejas azoteas ordenando sus sueños, sus olvidos quizá convalecientes de su muerte privada”.



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