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21Agosto2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

Hola, soy Francisco Tobías, en esta ocasión te platico sobre la leyenda sucedida en el Callejón del Tejocote, narrada de manera fabulosa por don Froylán Mier Narro, sobre don Juan y de cómo los celos nublaron su mente, tanto que su historia terminó en tragedia.

Don Juan de Solís contaba 60 años, pero su porte hacían verlo menor. Él y su mujer, más joven, procrearon a un gallardo e inteligente hijo. Don Juan sospechaba que su esposa lo engañaba. El simple hecho de pensarlo lo torturaba, sin razón o motivo aparente.

Una noche de invierno caminaba don Juan por el Callejón del Tejocote, siempre con la traición en su mente, desconfiando. En eso escuchó que alguien se acercaba, y don Juan exclamó:

-¿Quién eres?

-Blas Cázares, servidor de usted, contestó aquel hombre.

Después de charlar un rato, Blas le comentó a don Juan:

-Su merced cavila y sufre porque piensa que su esposa lo engaña.

-¿Cómo te atreves? Exclamó don Juan.

-Le prometo pronto darle pruebas para que conozca la verdad, sea cual sea. En 4 días, en esta misma calle y a esta misma hora, aclararé sus dudas, y así pasó, puntual estuvo don Juan una noche que el aire frío arreciaba, tanto que el viento aullaba. La paciencia no estaba en ese momento de su lado, los nervios, la duda lo invadían.

Llegó Blas y, sin saludo, don Juan preguntó:

-¿Y bien?

Blas contestó:

-Sus sospechas son ciertas mi señor, su esposa lo engaña con un hombre que no sé su nombre, pero de buen ver y más joven que su merced.

Quiero pruebas, dijo don Juan, en tono enojado.

-Mañana finja un viaje… vuelva en la noche, espere escondido entre las 12 y la una, y verá llegar al hombre con quien lo engaña su mujer.

Don Juan hizo lo que el hombre le indicó, y esa noche vio tocar la puerta de su casa a un hombre alto, gallardo quien usaba una capa larga. Don Juan se acercó, y con la fuerza que le dio la ira, clavó su espada en ese hombre, que al momento perdió la vida, en eso su esposa abre la puerta gritando:

-¡Es mi hijo!... ¡Mataste a nuestro hijo!

El señor Solís, al ver el rostro de su víctima, lanzó un grito y corrió enloquecido.

A los meses recobró la razón, y ante el juez declaró lo sucedido en aquel Callejón del Tejocote, se supo que nunca ha vivido en la Villa de Santiago del Saltillo ni en la Villa de San Esteban de la Nueva Tlaxcala, nadie llamado Blas Cázares. Pudo haber sido invención, pudo haber sido cierto, lo que se dijo fue que don Juan había sido aconsejado por el mismísimo Satanás.

Desde esos días hasta la fecha, dicho callejón, a unas cuantas cuadras de donde hoy se ubica la Benemérita Escuela Normal, se le conoce como el Callejón del Diablo.



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