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25Julio2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

 

Hace una semana despertamos con la trágica noticia del fallecimiento en Ramos Arizpe de varios miembros de una familia en un choque. La indignación de la comunidad no se hizo esperar al saber que el conductor del vehículo responsable era un menor de edad de 15 años. Peor aún cuando se dijo que conducía en estado de ebriedad.

Estoy seguro de que nadie sale de su domicilio con ánimo de matar a otra persona en un accidente. Pero aún sin intención, el Código Penal señala que privar de la vida a otro configura el delito de homicidio. Cuando es sin intención se trata de un homicidio culposo, lo que implica que fue sin dolo. Por lo tanto este menor de edad será procesado en los términos de la legislación de adolescentes. La pena se la impondrá un juez de conformidad a lo que dispone la ley. Aún tratándose de adolescentes el régimen especial no debe ser entendido como impunidad.

Pero este terrible accidente abre muchos espacios de reflexión en torno a los adultos que promovieron con sus actos u omisiones esta tragedia. Creo que deben rendir cuentas ante la ley quienes le facilitaron a este menor un vehículo y también quienes consintieron o le facilitaron las bebidas alcohólicas. Un menor de 15 años no puede ni debe conducir, la ley dispone claramente la edad mínima, pero tampoco debe consumir alcohol. Su falta de responsabilidad y criterio son la justificación de estas restricciones. Si el menor de edad no puede ser plenamente responsable de sus acciones, los adultos que facilitaron el vehículo y el alcohol deben ser investigados en torno a su coparticipación o incluso por corrupción de menores.

Lo que también queda de manifiesto con este tipo de trágicos accidentes es la importancia de las reglas en nuestra comunidad. Si cada quien hace lo que quiere la convivencia sería imposible. Si nadie pone límites a su actuación entonces la anarquía trae saldos que pueden ser mortales.

Recientemente se han establecido reglas más estrictas para los horarios de venta y consumo de bebidas alcohólicas. Se han restringido conductas fuera de la ley. También se han establecido controles estrictos para las licencias y permisos de conducir, así como en placas y control vehicular. Todo esto orientado, junto con la prohibición de casinos y el control en hoteles, a tener una sociedad con reglas más claras que se cumplan por todos. Este accidente evidencia el rompimiento de todas las reglas y las funestas consecuencias.

Las reglas en una sociedad no son caprichos o necedades. Son la base de la convivencia. Cuando pensemos en horarios, restricciones y límites hay que analizarlos bien y a fondo. Puede ser que lejos de ser una molestia sean un elemento de salvación. Seguir las reglas es el único camino que permite el desarrollo de una comunidad, pero voy más allá, son la única vía para mantenerse y para sobrevivir. Manifiesto mi más sentido pésame a la familia afectada y al pueblo de Ramos Arizpe.

 



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