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23Junio2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

En la búsqueda del conocimiento, los seres humanos hemos intentado explicar nuestro origen, de dónde venimos y hacia dónde vamos. Aspiramos a saber cómo se formó el universo y desde antes de Copernico identificamos planetas, estrellas y galaxias ubicadas años luz de distancia. Mientras tanto, Lavoisier y Bohr descubrían que los átomos, neutrones, protones y electrones forman la materia y Miescher, Watson, Crick y Wilkins describían la estructura molecular del ADN.

Pero en esta búsqueda, poco nos hemos detenido a investigar al kilo y medio de materia gris y blanca que tenemos entre nuestros oídos y que permite obtener todo ese conocimiento. Me refiero al más complejo y misterioso objeto de todo el Universo: el cerebro humano.

El cerebro controla todo aquello que hoy damos por sentado como hablar con un amigo, escuchar música y levantar una taza de café, acciones tan simples pero que requieren la cooperación y funcionamiento de varias de sus regiones.

Con tantas neuronas como estrellas hay en la Vía Láctea, del cerebro sabemos que controla nuestro comportamiento, funciones y emociones. Que tenemos 150 mil kilómetros de nervios y otros tantos de vasos sanguíneos y que posee una capacidad de almacenamiento de 2.5 petabytes, unos 300 años continuos de reproducción de video. Que en términos anatómicos tiene dos hemisferios, izquierdo y derecho y que está formado por la corteza, hipocampo, hipotálamo, médula espinal, cerebelo y lóbulos que tienen funciones específicas. Pero desconocemos mucho más del cerebro de lo poco que sabemos. Incluso, los científicos no han podido dilucidar (con sus cerebros) las funciones totales que involucran todo aquello de lo que es capaz de hacer y ni siquiera estamos seguros de dónde o porqué la conciencia humana existe.

Pero todo puede cambiar en una década. La semana pasada el Presidente de Estados Unidos de America, Barack Obama anunció el proyecto de investigación de neurociencias más ambicioso de la historia: “Brain”, un mapeo detallado del cerebro que dará a los científicos las herramientas para obtener una imagen dinámica para entender mejor nuestra forma de pensar, aprender y recordar.

Como Julio Verne, este “Viaje al Centro del Cerebro”, nos permitirá conocer porqué somos criaturas conscientes, nuestra capacidad de lenguaje, pensamiento y sentimientos. El proyecto de 100 millones hasta llegar a 3 mil millones de dólares en los siguientes 10 años, investigará cómo los miles de millones de células individuales del cerebro humano interactúan. Para ello, se crearán tecnologías que abrirán nuevas vías para explorar el modo en el que memorizamos, procesamos y recuperamos enormes cantidades de información y podremos saber los vínculos entre las funciones cerebrales y el comportamiento humano.

Algunos científicos han criticado la iniciativa diciendo: “No entendemos el cerebro de la mosca todavía”, mientras que otros opinan que podría estar relacionado con el control militar y social a nivel cerebral. Y aunque es difícil estimar el impacto de la iniciativa, la historia nos dice que tiene un enorme potencial y que pronto los científicos podrán hablar de los mapas cerebrales como hoy se hace con el Genoma Humano, algo que se consideraba imposible.

Con “Brain”, los neurocientíficos comprenderán los orígenes de la cognición, percepción y otras actividades cerebrales enigmáticas, que pueden conducir a tratamientos efectivos contra el autismo, epilepsia, alzheimer, el mal de Parkinson o los trastornos del estado de ánimo como la depresión y la bipolaridad.

Es posible que en el futuro, gracias al proyecto “Brain” podamos entender qué produce la felicidad o el porqué de los instintos asesinos en algunas personas. Quizás se encuentre la cura contra el odio, la ambición desmedida, la traición a los amigos, el engaño, el cinismo, la mentira, la falsedad y la hipocresía. Y quién sabe, tal vez con mucha, pero mucha suerte también se pueda curar la estupidez, esa que hoy arrasa con el mundo a su paso y de la cual Einstein dijo: “Solo hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y no estoy tan seguro de la primera”.



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