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25Junio2017

Edición No. 233 Del 19 al 25 de Octubre de 2015

Soledad… palabra fría, hostil, dura al escribirla, al pronunciarla, al escucharla, pero mucho más al experimentarla. También puede llegar a ser la amiga más fiel y sincera al darnos esa paz que nada ni nadie logra, esa compañera con quien llorar, reír, gritar. Siempre callada y puntual, nos acepta y aconseja para bien o para mal.

Necesaria siempre, temerosa también, divina compañera que comparte intimidades y temores, sueños y esperanzas, triunfos y fracasos, temas personales, deseos escondidos y sobre todo fiel confidente de horas inolvidables en momentos especiales en los que es buscada con la ansiedad con la que al lograr encontrarla se da rienda suelta a las inquietudes que el momento lo amerita, dependiendo siempre de la intención que el sentimiento precisa.

La autonomía requiere convertir la soledad en un estado placentero, de goce, de creatividad, con posibilidad de pensamiento, de duda, de meditación, de reflexión. Se trata de hacer de la soledad un espacio donde es posible romper el diálogo subjetivo interior con los otros y en el que realizamos fantasías de autonomía, de protagonismo pero de una gran dependencia y donde se dice todo lo que no se hace en la realidad, porque es un diálogo discursivo**.

En base a este anterior concepto de autonomía en cuanto a la soledad, viene el lado bueno que yo le he encontrado.  Me he dado cuenta de que en dosis exactas es muy necesaria la soledad para tener un encuentro con nuestro verdadero yo, y para que ese encuentro sea un autoconocimiento, hay que experimentarla y disfrutarla sabiendo manejar los espacios de manera positiva, sin caer en el melodrama y sobre todo sin confundirla con la desolación.  Los espacios de soledad que se cubren de tristezas o nostalgias pueden desencadenar hechos fatales, cuando aun no conocemos a nuestro yo interior y más grave aun cuando nuestro yo interior no sabe o no quiere estar voluntariamente en soledad, sino que alguna situación externa lo orilló a ella, entonces lejos de beneficiar, perjudica nuestras acciones y, por lo regular, desencadena una ola de sufrimientos lamentables  que no todos, en su momento sabemos controlar.

Pero viendo el lado positivo y tratando de hacer en nuestro interior ese espacio de reflexión que nos lleve a lograr una soledad autónoma, de la que podamos escapar tan rápido como cada quien lo desee, considero, en una opinión muy personal, que hay mayor porcentaje de beneficios cuando se utilizan los espacios adecuadamente y nuestra madurez nos permite lograr transformar la soledad en una amiga y usar las experiencias que nos brinda como armas de autodefensa en el recorrido individual por esta vida de sorpresas que llevamos todas y todos.

La soledad, como la compañía son sumamente necesarias, ni tanto de una que opaque a la otra, ni tanto de la otra que apañe a la una. Nacimos sabiendo estar solos, pero con la necesidad de dependencia, sabiendo dar balance a estos dos conceptos se logrará autónomamente disfrutar de la soledad al grado de hacerla parte necesaria en nuestras vidas, para tener ese encuentro con nuestro yo interior y de esa manera conocernos y al saber utilizarla adecuadamente no caer en episodios depresivos-destructivos, sino lograr estabilizar positivamente nuestras emociones.

Lic. Verónica González Serna

Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla          twitter: @veroglzserna

 

 ** (cita de Amelia Valcárcel)



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